Por: Francisco Figueroa Turcios
La crisis de resultados obliga a los directivos de Junior a tomar decisiones.
La continuidad Sebastián Viera debe evaluarse sin sentimentalismos, mientras se acerca en el mes enero 2027 el desafío de la Copa Libertadores y comienza a agotarse el tiempo para reconstruir un equipo que ha quedado en deuda.
¿Debe salir Sebastián Viera?
En Junior, el reloj parece caminar más rápido que las soluciones. El empate 1-1 ante Deportivo Pereira en el estadio Romelio Martínez no solamente dejó al equipo al borde de la eliminación de la Liga II de 2026.
También abrió un interrogante que los directivos rojiblancos ya no pueden seguir aplazando: ¿es Sebastián Viera el entrenador indicado para conducir a Junior en el proyecto deportivo de 2027, con la Copa Libertadores como uno de los grandes desafíos del calendario?
La pregunta incomoda porque Sebastián Viera no es un desconocido en la historia de Junior. Durante años fue uno de los símbolos de Junior, el guardián del arco, el capitán que levantó trofeos y el extranjero que terminó ganándose un lugar en la memoria sentimental de Barranquilla. Su nombre está asociado a noches de gloria, a atajadas decisivas y a una época en la que la camiseta rojiblanca volvió a celebrar títulos.
Pero dirigir desde el banquillo es otro oficio, se requiere experiencia y experticia. El liderazgo que se ejerce bajo los tres palos no garantiza, por sí solo, la capacidad para construir un equipo, administrar un vestuario, corregir errores tácticos, gestionar momentos de crisis y competir contra entrenadores que llevan años recorriendo el fútbol profesional.
La dirección técnica exige resultados...
Sebastián Viera asumió el desafío de conducir a Junior con el respaldo de su pasado rojiblanco, pero el presente le impone una evaluación diferente. Los resultados y el funcionamiento colectivo deben ser los argumentos centrales para determinar si está preparado para continuar. La experiencia como entrenador, la capacidad de reacción y la evolución futbolística del equipo también deben entrar en la balanza.
No se trata de desconocer su trayectoria como jugador ni de condenarlo por anticipado. Se trata de entender que Junior no puede convertir la gratitud en un criterio permanente para tomar decisiones deportivas.
La Copa Libertadores no admite improvisaciones..
El calendario internacional de 2027 exige que Junior comience a construir su futuro desde ahora. La Copa Libertadores representa una vitrina continental, una exigencia deportiva superior y una responsabilidad con una hinchada que quiere ver a su equipo competir sin complejos ante los grandes del continente.
Llegar a enero sin una idea de juego consolidada, sin una nómina evaluada y sin claridad sobre el entrenador sería prolongar una incertidumbre que la crisis actual ya ha puesto en evidencia.
Por eso, la discusión sobre Sebastián Viera no debería limitarse a una reacción emocional después de cada resultado adverso. Debe formar parte de una evaluación integral del proyecto deportivo.
Si los directivos concluyen que el técnico uruguayo todavía no tiene la experiencia ni las herramientas necesarias para afrontar semejante responsabilidad, lo razonable sería tomar una decisión anticipada y contratar a un entrenador de categoría, con recorrido en el fútbol profesional y capacidad demostrada para competir en torneos internacionales.
Ese técnico tendría una ventaja que Junior necesita aprovechar: tiempo.
Tiempo para conocer a los jugadores, estudiar sus características, identificar las deficiencias, definir el modelo de juego y establecer qué futbolistas pueden responder a las exigencias de una temporada que no admite decisiones improvisadas. Esperar a que la crisis se vuelva irreversible podría significar comenzar nuevamente desde cero cuando las urgencias sean todavía mayores.
Una nómina bajo examen…
El debate no termina en el nombre del entrenador. También alcanza a una plantilla que, por sus resultados colectivos, debe someterse a una evaluación rigurosa.
En Junior hay una pregunta que atraviesa cada jornada sin victoria: ¿cuántos jugadores han cumplido realmente con las expectativas con las que llegaron al club?
El balance no puede hacerse únicamente por los goles anotados, las asistencias o las estadísticas individuales. También debe considerar la regularidad, la disciplina táctica, la condición física, la respuesta en los partidos decisivos, la capacidad para soportar la presión y el compromiso con los objetivos colectivos.
Un nuevo entrenador tendría que recibir la libertad y el respaldo de los directivos para revisar posición por posición. Determinar quiénes deben continuar, quiénes podrían recuperar su mejor nivel bajo otra metodología y quiénes ya cumplieron su ciclo con la camiseta rojiblanca.
La lista de posibles salidas podría ser extensa, pero no debería construirse a partir de la indignación de una noche ni de la impaciencia de las tribunas. Debe sustentarse en un diagnóstico profesional, individual y colectivo. Los jugadores que terminan contrato ahora en diciembre 2026: Jefferson Martínez — 33 años, Edwin Herrera — 28 años, Juan David Ríos — 34 años, Harold Rivera — 33 años, Yimmi Chará — 35 años y Teófilo Gutiérrez — 41 años.
Tampoco bastaría con despedir futbolistas para anunciar una renovación. Junior necesita contratar mejor, definir con anticipación sus prioridades y evitar que el mercado de fichajes se convierta en una carrera desesperada por llenar vacantes.
Cambiar nombres sin corregir los errores de planificación sería repetir la misma historia con protagonistas diferentes.
Junior: la crisis salió de la cancha y la indignación llegó hasta la sede del cuadro Tiburòn
La mala campaña, los resultados decepcionantes y la frustración de los aficionados encendieron los ánimos alrededor del equipo rojiblanco. Algunos integrantes de barras atacaron vehículos de Guillermo Paiva y Jesús Rivas y pintaron la fachada de acceso al complejo deportivo.
La crisis futbolística comienza a dejar consecuencias que van más allá de la tabla. En Barranquilla, la paciencia con Junior parece haber llegado a un punto de quiebre.
El empate 1-1 ante Deportivo Pereira en el estadio Romelio Martínez fue otro golpe para una hinchada que observa cómo se desmorona la ilusión de clasificar a las finales de la Liga II de 2026. Pero la frustración acumulada durante una campaña llena de resultados adversos no se quedó en las tribunas ni terminó con el pitazo final.
La indignación salió de los estadios y llegó hasta los vehículos de los futbolistas. Ante la impotencia por la mala campaña y lo que algunos aficionados consideran displicencia de los jugadores dentro de la cancha, integrantes de barras rojiblancas optaron por las vías de hecho. Los vehículos de Guillermo Paiva y Jesús Rivas fueron objeto de ataques, mientras la fachada de acceso al complejo deportivo terminó pintada.
La protesta cruzó una frontera peligrosa: la que separa el reclamo legítimo de una afición inconforme de los actos que afectan bienes ajenos y pueden agravar todavía más el ambiente alrededor de la institución.
El hincha de Junior está acostumbrado a celebrar, sufrir y discutir sobre fútbol. Ha aprendido a convivir con derrotas dolorosas y eliminaciones inesperadas, pero espera que los jugadores defiendan la camiseta con entrega, responsabilidad y respeto por una institución que representa mucho más que un equipo profesional.
Cuando los resultados no llegan, la inconformidad se transforma en preguntas. Cuando las malas actuaciones se repiten, aparece la sospecha de que algo no funciona dentro del vestuario. Y cuando el aficionado percibe que algunos futbolistas no responden a la exigencia de la camiseta, la frustración puede convertirse en una protesta colectiva.
