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Junior, de espaldas a la victoria

Por: Francisco Figueroa Turcios

Hay equipos que atraviesan una mala racha.

Y hay otros que, de repente, parecen haber perdido el camino hacia la victoria. Junior atraviesa ese territorio incómodo en el que el presente comienza a contradecir la historia reciente. El Bicampeón parece caminar de espaldas a la victoria.

El Junior que hace poco levantaba la copa y se acostumbró a celebrar, hoy busca una victoria que se le escurre entre los dedos. Tres partidos de Liga BetPlay sin ganar son apenas una estadística, pero detrás de esos números comienza a aparecer una sensación mucho más profunda: la de un equipo que todavía lleva en el pecho la estrella de campeón, pero que en la cancha no consigue imponer la autoridad que esa condición exige.

De espalda a la victoria…

La secuencia comenzó el 25 de julio, cuando cayó ante Deportes Tolima en el estadio Manuel Murillo Toro. Después vino el golpe ante Millonarios, el 1 de agosto, esta vez en el Romelio Martínez. Y cuando parecía que la casa podía convertirse en el escenario de la reacción, apareció el empate ante Once Caldas, el 23 de agosto. Tres partidos. Ninguna victoria.

Tres oportunidades para demostrar que el campeón seguía vivo. Tres noches en las que la victoria terminó mirando hacia otro lado. Y el problema no nació solamente en la Liga. Antes de esta pequeña tormenta, Junior ya había dejado señales preocupantes en la Copa BetPlay. Los dos empates frente a Barranquilla Fútbol Club terminaron desembocando en una eliminación temprana. Para un equipo acostumbrado a jugar con la obligación de avanzar, quedar fuera ante un rival de una categoría inferior encendió las primeras alarmas

Pregunta inevitable…

Foto: Guillermo Paiva, reza por el milagro de la victoria…

Entonces aparece la pregunta inevitable: ¿qué le está pasando al Junior campeón?

Porque una cosa es no ganar. Otra, muy diferente, es que el equipo deje de transmitir la sensación de que puede ganar. El fútbol también se juega con memoria. El hincha recuerda al Junior campeón, recuerda sus noches de gloria, recuerda los jugadores que levantaron la copa y la celebración que convirtió a Barranquilla en una fiesta. Por eso cada empate y cada derrota tienen un peso mayor.

El título reciente no desaparece porque el equipo atraviese un mal momento. La estrella sigue allí. Pero las estrellas también tienen que defenderse en la cancha. Y eso es precisamente lo que parece faltarle al Junior en este comienzo: la autoridad del Bicampeón.

Un Bicampeón no solamente debe tener buenos jugadores. Debe tener carácter. Debe saber reaccionar cuando recibe un golpe, acelerar cuando el partido lo exige, cerrar los encuentros cuando tiene la ventaja y, sobre todo, transmitirle al adversario que delante tiene un equipo acostumbrado a ganar.

Hoy esa sensación parece haberse debilitado. El Romelio Martínez, que debería ser refugio, se ha convertido en un escenario de ansiedad. Cada minuto sin gol aumenta la impaciencia. Cada ocasión desperdiciada pesa más. Cada empate comienza a sentirse como una derrota.

Foto: Alfredo Arias tuvo un fuerte cruce con un hincha que le reclamaba desde la tribuna por el rendimiento de Junior.

Y en Barranquilla el fútbol tiene memoria, pero también tiene exigencias. La camiseta rojiblanca no permite vivir demasiado tiempo del recuerdo. El hincha puede agradecer el título de ayer, pero quiere respuestas hoy. Quiere volver a ver al equipo que juega con autoridad, que impone condiciones y que convierte la presión en combustible.

Junior todavía tiene tiempo para reaccionar. La temporada apenas comienza a escribir sus capítulos más importantes. Pero las señales ya están sobre la mesa. El campeón está obligado a despertar antes de que la mala racha se convierta en costumbre.

Porque una cosa es tener la corona. Y otra muy distinta es comportarse como Bicampeón. Hoy Junior tiene la estrella, tiene la historia y tiene la camiseta. Lo que necesita recuperar es la victoria. Porque cuando un campeón comienza a caminar de espaldas al triunfo, la primera batalla no se libra contra el rival de turno. Se libra contra sus propios fantasmas, el próximo partido es contra América en el estadio Pascual Guerrero..

La pelota que no entra…

Alfredo Arias encontró en una frase la explicación de una noche que volvió a dejar al Junior con las manos vacías de victoria: “Son de esos días en los que la pelota no entra”.

El entrenador uruguayo, después del empate 1-1 ante Once Caldas, reconoció que su equipo había dado un paso adelante en el juego, que generó oportunidades y que incluso estrelló una pelota en el palo. Pero el fútbol, a veces, tiene una sentencia tan sencilla como cruel: si la pelota no entra, los partidos no se ganan.

Y ahí está precisamente el drama del campeón.

Junior juega, intenta, llega, pero no concreta. La pelota circula, las ocasiones aparecen y, cuando parece que el gol está cerca, algo termina interponiéndose entre el equipo y la celebración. Contra Once Caldas, las estadísticas reflejaron esa sensación: el conjunto rojiblanco tuvo más remates y más opciones claras, pero solo pudo convertir una de ellas.

La explicación de Arias, entonces, no es solamente una frase de rueda de prensa. Puede convertirse en el diagnóstico de este Junior que todavía no encuentra el camino hacia la victoria…Porque para volver a ganar no basta con jugar mejor.

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