En el fútbol eso te hace demostrar tu capacidad para reorganizarte y para ver de qué está hecha tu valentía.
Por: Javier Castell
Cuando un equipo de fútbol queda en inferioridad numérica por la expulsión de uno de sus jugadores, se ponen a prueba, básicamente, dos rasgos de la personalidad de este: la capacidad para reordenarse tácticamente y el carácter para enfrentar la adversidad.
El primero, es claro, tiene que ver con el cómo el equipo logra disimular la ausencia del expulsado agrupándose lo mejor posible, ya sea con los mismos jugadores que quedan en el campo o, si es necesario, con alguna sustitución. La tarea se vuelve más ardua cuando el equipo está abajo en el marcador.
Le sucedió a Junior ante Palmeiras el jueves anterior. Algunos minutos después de la indiscutible expulsión de Gutiérrez, llegó el primer gol del club brasileño. Antes, el técnico Mendoza había ordenado lo lógico, buscando, hasta donde se podía, reducir los daños colaterales de la expulsión: transcurridos apenas nueve minutos, no quiso quemar un cambio tan temprano por lo cual retrasó a Mier a la posición de Gutiérrez, y a Chará más cerca de Pico y Cantillo.
Para el análisis del partido es tan tendencioso soslayar la expulsión tempranera de Gutiérrez, como facilismo transformarla en la única razón para explicar la desordenada y apática actuación de Junior. Con diez, Junior tenía que aferrarse a una organización muy disciplinada, pero además tener mucho carácter. O dicho de otra forma, tenía que ponerle más corazón (de ese que a veces se escribe con H…) a la compleja realidad. Corazón no solo como el órgano central de la circulación de la sangre para oxigenar los músculos para correr más, sino como fuente de valor y energía para enfrentarse, hasta las últimas consecuencias, a situaciones difíciles. Y así, no dejar esa reprochable imagen de indolencia.