Durante años para muchos cantantes interpretar un tema grabado por Frank Sinatra fue algo blasfemo. El cantante y actor estadounidense era, y es, una vaca sagrada en el mundo del entretenimiento.
Por Rafael Sarmiento Coley
Fue como el parto de la novela de un famoso escritor, quien al cabo de 30 años, cuando su esposa le aconsejaba a ruegos que abandonara ese sueño, que por fin el cantante cartagenero Juan Carlos Coronell entrega su trabajo mejor realizado, acariciado, ensayado y revisado con la misma minucia con que un orfebre le da los toques finales a una joya para un Jeque árabe.
Y no era para menos. Coronel durante tres décadas se preparó para enfrentarse a los intocables mitos de la música popular estadounidense, en especial al mito de todos los mitos, Frank Sinatra, más conocido como ‘La Voz’.
Sinatra nació en Hoboken, Estado de New Jersey, de padre siciliano (Antonino Martino Sinatra Saglimbeni), y madre genovesa (Natalia Garaventa). Hijo único debido a que madre e hijo casi mueren en el parto, fue bautizado como Francis Albert.
Sin duda el pilar fundamental de su rotundo éxito fue su disciplina que mantuvo hasta su muerte el 14 de mayo de 1998 en Los Ángeles, California, donde vivió el periodo más largo de su polémica vida.
Sin mirarse de manera exclusiva en el espejo de ‘La Voz’, Coronel escoge un repertorio de lo mejor de la música popular norteamericana de los últimos 70 años, y las coloca en el punto exacto de la vocalización, la entonación y el sentimiento profundo que imprime a aquellas canciones que llegan al alma de hombres y mujeres de todas las edades.
Como ‘En la oscuridad’ (Strangers in the night), un tema de 1966. O ‘El beso que imagino’ (A kiss to build a dream on), un tema que ha resistido el paso de 72 años y, como ‘Juanito Caminador’, sigue tan campante. No se quedan atrás tanto en edad como en su vigencia por lo profundo de sus mensajes, ‘Junto a mí’ (Cheek to cheek, 1935), y ‘Tan hermosa y sin igual’ (The way you look tonight, 1936).
Y al lado de esas joyas de la música popular estadounidense, canciones emblemáticas como ‘New York-New York’ de 1977 y ‘Nunca olvidaré’ (Unforgettable, 1952).
Es un capitán de todas las tormentas
Lenguaje Universal es un reto que se propuso Juan Carlos y lo sacó adelante gracias a la confianza que tuvieron en él personajes de la talla del argentino-norteamericano Jorge Calandrelli, productor musical con seis premios Grammy encima y dos nominaciones al Óscar. Lo mismo que los directivos y personal de grabación de los prestigiosos estudios de Firehouse, en Pasadena (California), y en Capitol Records, en Hollywood.
Un sueño de 30 años
Después de 30 años de un sueño que por poco se le convierte en pesadilla (porque por estar concentrado en este reto dejó a un lado proyectos y contratos que le generaban mucho dinero), Juan Carlos Coronel se convierte en el primer latinoamericano autorizado para interpretar en español las versiones de iconos de la música estadounidense de todos los tiempos.
Para mayor orgullo colombiano, Coronel se hizo a pulso, como todas nuestras estrellas mundiales –Edgar Rentería, quien con sendos hit de oro hizo campeón a dos equipos en las Grandes Ligas del Béisbol Norteamericano; el recientemente fallecido Marcos Coll, autor del único gol olímpico en un Mundial de Fútbol; y en el campo literario, ese preclaro Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que encontró también, por esas coincidencias de la vida, toda la confianza en el Sello Suramericana de Buenos Aires para editar por primera vez ‘Cien años de soledad’ llevado de la mano de Francisco ‘Paco’ Porrúa—.
Un breve repaso de su vida
Saltó de la nada. Grabó con agrupaciones que apenas comenzaban, como la orquesta de Adolfo Echeverría Comas y el combo del Nene y sus Traviesos, grupos que más adelante serían de los más renombrados en las fiestas populares del Caribe colombiano. En particular, Echeverría Comas por sus inmortales canciones como ‘Las cuatro fiestas’, ‘Gloria Peña’, ‘Julito Calderón’, ‘La gota gorda’, y tantas otras. Y Víctor ‘El Nene’ Del Real por su calidad indiscutible de pianista brioso y apegado a la alegría del Caribe.
Echeverría fue conductor exitoso de programas musicales de televisión, grabó boleros inmortales y le dedicó un trabajo especial al maestro banqueño José Benito Barros Palomino. Un músico completo. Fundó, dirigió y cantó con los Trobadores de Barú, grupo del cual era su primera guitarra. Fundó el Reinado de la Cumbia en el Banco. Es autor de canciones tan inmortales como ‘La piragua’, ‘Momposina’, ‘Navidad negra’, ‘El gallo tuerto’, la ranchera ‘Mala mujer’, además hizo boleros, guabinas, currulaos, chandés, y otros ritmos caribeños y del interior del país.
De todos esos talentos, Juan Carlos Coronel bebió y de todos esos ejemplos de superación aprendió este hombre caribeño que sigue siendo sencillo, afable, como si la fama no le hubiera causado la menor mella. Sin duda, Juan Carlos Coronel batió un jonrón con bases llenas, para orgullo de la música colombiana en el concierto internacional. Porque la música es eso. Un Lenguaje universal.