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Joselito, Joselito, te acabaste por este año

Como la cosecha de melones, el próximo año, en fecha que no tiene certeza en el calendario, vuelve a nacer esta figura legendaria del Carnaval, que ayer lloraron a moco tendido. 

Por Chachareros/Fotos Jairo Buitrago

Como si de verdad hubiera muerto un ser entrañable, miles de ‘viudas’ se dieron a la tarea de recorrer este martes las calles de Barranquilla cargando un ataúd con un ‘muerto’ adentro, al que lloraban a moco tendido como si, en verdad, se les hubiera muerto un ser querido.

[caption id="attachment_26927" align="alignleft" width="300"] Hasta carteles mortuorios originales le imprimieron a Joselito en el barrio El Recreo.[/caption] En el sentido literal de la palabra no fue propiamente un ser, sino un símbolo muy querido al que le estaban dando, valga la redundancia, simbólica sepultura. Porque es el acto que da fin a los cuatro días de juerga continua y colectiva en Barranquilla.

Son días en los cuales la ciudad se ‘despeluca’ de verdad y todo el mundo anda disfrazado, o bañado en polvos blancos, o, simplemente, con algo diferente a lo habitual. Esa es la gracia del Carnaval. Que saca a la gente de lo común y durante cuatro días la frase común es “disfrázate como quieras”.

En esta ocasión la gente del sur y el centro se anticipó al entierro de Joselito. En el barrio El Recrero, la Funeraria del Carmen les colaboró a las ‘viudas’ de Joselito prestándoles un ataúd de verdad. De madera fina. Caoba. Con una ventana de cristal, con bisagras para que el ‘muerto’ pudiera ir a sus anchas, en brazos de sus viudas. Partieron de la carrera 37 con calle 50 para seguir hasta San Felipe y bajar a San Isidro.

[caption id="attachment_26929" align="alignright" width="300"] En San Isidro, lo que no podía faltar, la guerra de bolsas de agua entre pandillas.[/caption] A las nueve de la mañana de este martes las viudas de Joselito se presentaron en la Funeraria Los Andes llorando a chorros. Y eran lágrimas de verdad, pues se habían untado un tarro de Vickvaporuk en cada ojo. El dueño de la funeraria, un barranquillero socarrón, les preguntó, y dónde está el muerto, y saltó de inmediato un gordiflón: “Yo, señor, yo soy Joselito Carnaval”. El dueño de la funeraria le respondió: “Pero tú no estás muerto, por el contrario, estás muy vivo y llenito de carnes. Para ti no hay un cajón en el cual quema tu cuerpo”. Luego de buscar en toda la bodega, encontraron un ataúd grandote en el cual cupo el Joselito gordo.

Y salieron por todas las calles de San Felipe. Llegaban de casa en casa, pedían plata para el entierro de Joselito. En una casa llegaron con su gritería y su llanto y dolor fingidos. La dueña de la casa les dijo que ella no tenía plata. Entonces una de las ‘viudas’, con la mayor frescura, le dijo, pues regálenos aunque sea este foco de la terraza. Y se llevaron la luz de la terraza.

[caption id="attachment_26930" align="alignleft" width="300"] Las viudas de Jselito de los Andes se llevaron hasta los bombillos de las terrazas.[/caption]

Así fue la tónica por toda la ciudad. Por el norte, por el sur, por el centro y por el suroccidente. Las viudas de Joselito salieron por millares e invadieron la ciudad. Finalmente ‘Joselito? Fue sepultado simbólicamente, hasta el próximo sábado de Carnaval, cuando renacerá y beberá ron hasta morirse de nuevo.

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