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Isaac Villanueva, un compositor brillante y mago para descubrir nuevos talentos 

Por Rafael Sarmiento Coley 

Juancho Polo Valencia era un personaje extraño noctámbulo que tocaba su acordeón con su voz ronca y sus palabras enrevesadas por la falta de dientes, muela y la lengua maltratada.

Una noche, cuando viajaba en su mula de Fundación a Las Flores, su tierra natal, asaltantes de camino lo golpearon hasta dejarlo inconsciente para quitarle el único tesoro que tenía: su acordeón.

Se mudó a Barranquilla en busca de mejor vida. Dormía en una pensión de mala muerte en cercanías del Paseo Bolívar con la calle San Blas, cerca de la panadería, cafetería y restaurante «El Trébol», cuyos administradores lo acogieron con cariño para darle comida y por las noches, después de rebuscarse con los serenateros que le prestaban un acordeón viejo, dormía en unas butacas en El Trébol.

En ésas andaba Juancho Polo Valencia hasta cuando una noche, en medio de una parranda privada dentro de El Trébol, Isaac Villanueva lo oyó tocar y se sorprendió por la cadencia. En las manos de Polo Mendoza el quejumbroso sonido del acordeón, salía más melancólico.

Isaac Villanueva desde ésa noche se convirtió en el noble «mánager» de Juancho Polo.

En ese entonces Isaac Villanueva se desempeñaba como promotor de Discos Fuentes.

Pero, además, don Toño Fuentes, un cartagenero a quien se le debe el despegar de la música colombiana, le tenía mucha confianza a su promotor musical en la Costa Caribe desde Barranquilla.

Para ésa época ya Antonio Fuentes había trasladado la sede principal de su empresa de Cartagena a Medellín. Como todo empresario visionario buscaba un sitio ideal para conquistar el mercado musical de todo el país.

Y para ello le dió mayor relevancia a Villanueva dándole vía libre para conseguir nuevos talentos musicales.

En Barranquilla, como siempre, había mucho movimiento musical.

Músicos que vivían en municipios cercanos a Barranquilla venían a ganarse la vida animando fiestas privadas, serenatas de amor y eventos públicos como las Verbenas de Carnaval y bailes privados y casetas como «La Matecaña» de Gregorio Cruz y luego «La Saporrita» de Rafael «El Capi» Visbal Rosales quien después de haber fundado la empresa aérea «Aerocondor», se dedicó a «casetero».

Isaac se hizo muy amigo de «El Capi» Visbal y se convirtió en su asesor ad-honorem.

En ésas andaba Isaac buscando nuevos talentos, cuando se enteró que en Baranoa, municipio cercano a Barranquilla, los hermanos Boiga tenían un taller que por las noches convertían un rebusque musical con una pequeña orquesta.

Hasta allí fué Isaac Villanueva atraído por la información de que allí cantaba un muchachito con tremenda voz y capacidad de recreación escénica.

Isaac Villanueva de inmediato lo abordó y entrevistó.

Años después Villanueva Mendoza recordaría, durante un homenaje que un grupo de periodistas le organizaron en Barranquilla, que «Álvaro José Arroyo estaba muy flaco y me contó que era porque la alimentación diaria en la casa-taller de los Boiga el menú diario era galletas saltinas con una cajita de sardinas enlatadas, por lo que Joe le comentó con sorna que estaba a punto de que le salieran escamas.

Sin duda alguna Isaac Villanueva tenía un olfato mágico para descubrir un talento musical y para conformar agrupaciones como Fruko y sus Tesos, Los Pico-Pico, Juancho Polo y su conjunto y más tarde la agrupación del Joe Arroyo cuando se separó del grupo comandado por Ernesto Estrada, apodado «Fruco» porque los mamagallistas de Discos Fuentes decían que era «igualito al muñequito de la Salsa de Tomate Fruko».

Isaac Villanueva tenía tanto oído musical, que un día, mientras viajaba en un taxi rumbo al aeropuerto de Barranquilla para llegar a Medellín, el taxista tarareaba una melodía con la estrofa única que relataba: «se murió mí mula, la mula baya, tum tum/ mí mula baya».

«Compadre, ¿Qué canción es ésa?».

«Son vainas que se me ocurren Compadre».

Desde ése día aquel taxista se convirtió en compadre de Isaac y en consagrado compositor».

Ése es el legado de Isaac Villanueva, nacido en Piojó (Atlántico) el 25 de octubre de 1938 y fallecido en Barranquilla éste 26 de enero de 2024.

Su hijo mayor llegó a ser director musical, gerente y presidente de Discos Fuentes, y sus nietos dejaron una huella en la música infantil.

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