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Invito al sector privado a que asuma su papel para la paz: Name

El nuevo Presidente del Congreso el senador barranquillero dijo que la tarea de construir esa Colombia “con la cual todos soñamos no es de un solo sector, sino de todos los músculos y las mentes del país”. 

Por Chachareros

Name Cardozo

El nuevo Presidente del Congreso de la República, Senador José David Name Cardozo, en una rápida radiografía de lo que implica el momento actual que vive la nación, extendió una cordial invitación al sector privado colombiano para que asuma el papel que le corresponde en la tarea de pacificar al país. El 7 de agosto Name Cardozo será el encargado de poner la banda presidencial a Juan Manuel Santos para su segundo período en la Casa de Nariño.

“No me anticipo a exponer ideas de cómo abordar cada asunto para la reconciliación, pero sí quiero desde esta tribuna llamar la atención al sector privado, como parte fundamental de la sociedad colombiana, acerca del papel que debe asumir para hacer totalmente exitosa esa enorme y esperanzadora tarea de hacer de Colombia una nación de trabajo pacífico y fraterno hasta acabar con lo que deben ser los únicos problemas que deberíamos enfrentar: la pobreza y la desigualdad, y enfrentarlos, todos, unidos”, indicó el Senador barranquillero ante sus colegas de corporación.

También dijo que “soy consciente que Colombia pasa por uno de esos momentos en que la historia le da una mayor fijación y por eso les expreso a mis compañeros del Congreso y a la nación, que aplicaré todas mis energías y mi voluntad para que esta rama del poder público, y en particular mi corporación, cumpla cabalmente su parte en la consolidación de los procesos hacia la estabilidad y la paz con justicia social a que ha sido convocado el país entero”.

El Senador José David Name Cardozo, quien inicia su tercer periodo consecutivo en la rama legislativa, expresó que “en vez de Estado incapaz de ejercer soberanía en todo el territorio, lo que se dice hoy de Colombia es que se avanza en su pacificación, se reduce la criminalidad tradicional y se adquiere experticia para atacar las nuevas formas de violencia y perturbación de la tranquilidad ciudadana.”

El Senador Name Cardozo, ex cónsul de Colombia en Nueva York y administrador de empresa de la Universidad Autónoma del Caribe con especialización en gerencia pública en los Estados Unidos, expresó que “soy consciente que Colombia pasa por uno de esos momentos en que la historia le da una mayor fijación y por eso les expreso a mis compañeros del Congreso y a la nación, que aplicaré todas mis energías y mi voluntad para que esta rama del poder público, y en particular mi corporación, cumpla cabalmente su parte en la consolidación de los procesos hacia la estabilidad y la paz con justicia social a que ha sido convocado el país entero”.

Homenaje póstumo a su padre

En su discurso de posesión el nuevo Presidente del Senado, José David Name, hizo una evocación de lo que fue el compromiso de su padre José Antonio Name Terán (q.e.p.d.) hace 30 años cuando igualmente llegó a la máxima de la dignidad en la corporación y dijo que entiende su tarea como “la de un agente de la concordia, que es legado de mi familia y valores que inculcamos a quienes vienen detrás. A nadie le serán cercenados sus derechos; sino que, por el contrario, les animaremos para que los ejerzan a plenitud. Concibo así mis aportes para el trámite responsable de los asuntos en el Senado y, en cuanto corresponde, al Congreso.”

 A continuación el texto completo de la intervención de Name Cardozo en la posesión como presidente del Congreso de la República 2014-2015: Honorables Senadoras y Senadores

Es para mí y para mi familia un momento trascendental en nuestras vidas, el tener la oportunidad de dirigir la Institución más importante de la democracia colombiana.

Nací en la segunda mitad del siglo XX en una de las regiones más bellas de Colombia, pero también una de las más alejadas del desarrollo colombiano.

Desde que nací hasta hoy no he conocido mi país en paz y le pido al todo poderoso, que me ilumine para que con la ayuda de ustedes podamos aportar para resolver este problema que padece nuestra patria.

Hace treinta años exactamente, el 20 de julio de 1984, un Senador Caribe asumía en este mismo estrado la Presidencia del Senado de la República. Venía precedido de una exitosa carrera política; había consolidado un liderazgo respetable dentro de su Partido Liberal; era ya un hombre respetado en las altas esferas de su colectividad; y su consagración como cabeza del Congreso, era el reconocimiento a los servicios ya prestados a la política, a su región y al país, y así lo entendieron sus colegas cuando lo exaltaron ese día a dicha dignidad. Me refiero al Senador José Name Terán; es decir, a mi padre inolvidable.

El Congreso es la sabiduría nacional

Ha querido la Divina Providencia que tres decenios después de aquella fecha, uno de los suyos acceda al mismo cargo preeminente, gracias a la generosidad de sus compañeros del Partido Social de la Unidad Nacional y de los señores Senadores de las demás Bancadas que aquí toman asiento, abrumándome con el homenaje que hacen a este servidor de ustedes, exhaltación que supera mis merecimientos, pero que con seguridad sabré honrar, usando las sencillas armas de la fidelidad a unas ideas y la rectitud de una vida pulcra puesta al servicio de la sociedad. Entiendo, pues, la responsabilidad que habéis puesto sobre mis hombros, como quiera que recuerdo lo que aquí expresó un ilustre antecesor mío: “Esta dignidad sobrepasa los méritos de cualquier ciudadano y acrecienta la pequeñez y accidentalidad del hombre ante la dimensión inmensa de la institución. Lo dijo el Padre de la Patria: El Congreso es la sabiduría nacional, la esperanza legítima de los pueblos y el punto de reunión de los patriotas”.

Volviendo a la escena de la posesión de mi padre en la fecha aquella mencionada, es decepcionante para la generación de hoy que lo afirmado entonces por él en un breve párrafo de su discurso, tenga tanta vigencia en la Colombia actual, y sirva también para describir la situación de ahora, como si el país no hubiera cambiado, a pesar de los esfuerzos que han hecho tantos gobiernos transcurridos. Dijo:“Nos ha tocado soportar el peso de la violencia, el olor a pólvora en nuestros campos, el hambre asediando al hombre, y toda esa serie de fenómenos sociales que se han mantenido en niveles de coexistencia, cuando la patria requiere el más fraternal espíritu de convivencia. Por ser bandera de mi partido y por ser necesidad sentida de la Nación, prefiero equivocarme con los que están luchando por cimentar la paz y no acertar con los que están contra ella”.

Hecha esta digresión personal, para mí obligante, comparto con ustedes unas reflexiones sobre diferentes problemas del país y de la tarea legislativa que debemos acometer.

Entre todos cumpliremos, seguro que sí

Soy consciente que Colombia pasa por uno de esos momentos en que la historia le da una mayor fijación y por eso les expreso a mis compañeros del Congreso y a la nación, que aplicaré todas mis energías y mi voluntad para que esta rama del poder público, y en particular mi corporación, cumpla cabalmente su parte en la consolidación de los procesos hacia la estabilidad y la paz con justicia social a que ha sido convocado el país entero.

Veamos el panorama. Emerge con nitidez de las elecciones del presente año un mandato hacia la reconciliación nacional tantas veces esquiva pero buscada con afán, y el Congreso está llamado a hacer grandes contribuciones en el área de sus competencias, que son vitales para la gobernabilidad democrática. Lo hará, como es de su esencia, del deber ser -eso espero-, deliberando sobre los asuntos del poder y el desarrollo, tomando decisiones bien pensadas e impulsando a otros entes del Estado, la sociedad y el mercado a que hagan lo propio.

Entiendo mi tarea como la de un agente de la concordia, que es legado de mi familia y valores que inculcamos a quienes vienen detrás. A nadie le serán cercenados sus derechos; sino que, por el contrario, les animaremos para que los ejerzan a plenitud. Concibo así mis aportes para el trámite responsable de los asuntos en el Senado y, en cuanto corresponde, al Congreso.

Mi preferencia es por una corporación deliberante, juiciosa, comprometida con la agenda urgente y  estratégica del Estado y la nación. No estamos en los críticos momentos previos a la Constituyente de 1991 cuando el Congreso era casi el horror nacional, pero tampoco podemos decir que somos los mejor considerados en la estima nacional. De esto debemos ser conscientes en el ejercicio de nuestra misión.

Tenemos nacional e internacionalmente una conveniente valoración por los avances democráticos de Colombia tras las elecciones sucesivas del presente año. Poco se discute la validez de los resultados, aun cuando se reclama perfeccionamiento de las instituciones democráticas y electorales, y esto es parte de la agenda que vamos a desarrollar.

El censo, las garantías, las circunscripciones, las instituciones en los partidos, los períodos, las oportunidades para reelección, el voto libre u obligatorio, la participación política de militares y funcionarios públicos, entre otros, son temas que han venido apareciendo como parte de una reforma anhelada del sistema político que debe considerar también a nuevos actores que están armados de manera ilegal y que anuncian que harán política sin armas.

Un reconocimiento a Zuluaga

Ya no se cuestiona a Colombia como posible Estado fallido. La reelección del presidente Juan Manuel Santos fue oportuna y gallardamente aceptada por su adversario, el doctor Óscar Iván Zuluaga, y con ese gesto éste contribuyó a la estabilidad nacional poniendo en el nivel de trámite las diferencias con arreglo a los principios y valores de una democracia moderna. Mi reconocimiento al doctor Zuluaga por este aporte a la consolidación democrática de Colombia. Estaré muy atento a sus criterios como jefe de un movimiento nacional con vocación de convertirse en partido en la lucha democrática por el poder político. Igualmente escucharé, con atención y respeto, a todos los voceros de los partidos y movimientos que interpretan o buscan interpretar a esta Colombia en desarrollo.

En vez de Estado incapaz de ejercer soberanía en todo el territorio, lo que se dice hoy de Colombia es que se avanza en su pacificación, se reduce la criminalidad tradicional y se adquiere experticia para atacar las nuevas formas de violencia y perturbación de la tranquilidad ciudadana.

Está Colombia entre las mejores economías porque su crecimiento es estable y favorece a un creciente número de habitantes, disminuye la pobreza y el desempleo, crece la confianza para la inversión productiva, y todas esas tendencias positivas le preparan el camino a una agenda de reformas ambiciosas en todas las áreas de las políticas públicas. Eso se está diciendo desde afuera y lo creemos nosotros.

La equidad ha sido eje de políticas públicas en todos los planes de desarrollo nacional de las últimas décadas. Sin embargo, la desigualdad no cesa, no se resuelve en los niveles que demanda nuestra sociedad y que ahora nos reclama el mundo, como se puede ver no sólo en este diagnóstico al que hago referencia, sino también en los Informes de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas (PNUD) y otra decena de documentos internacionales que publican indicadores sociales y económicos.

Invito al Congreso a persistir en la lucha contra la pobreza y la desigualdad en Colombia, ya que pareciera que hemos roto la inercia o persistencia de indicadores altos, y estaríamos para celebrar en un año el cumplimiento casi total de los Objetivos del Milenio (ODM). Cuando vine a este recinto en condición de senador novato, la preocupación oficial por los atrasos en las Metas del Milenio nos puso a estudiar problemas que los sigo viendo complejos, como las dificultades para bajar tasas de pobreza en cualquiera de sus indicadores.

A la agenda social se suma la agenda política, como antes decía. Además, ahí está en espera la reforma de la Justicia, seguir avanzando en el ordenamiento de la salud y la educación, la reconstrucción de la política agraria con los resultados de la Misión Rural y la reforma tributaria. En fin, personalmente comparto lo expresado por el presidente Santos cuando dijo que se reformará lo que haya que reformar.

Es la manera en que le decimos al país que no existe un bloqueo temático, sino una voluntad para que el Congreso cumpla sus deberes y recupere la confianza de los ciudadanos.

Recientemente ha habido debate en Colombia por las formas en que se ejercitan algunos poderes, y las críticas han llegado hasta las cúpulas. No todo se puede resolver con leyes y menos con admoniciones de buen comportamiento, pero el Congreso, en su función de control del Estado y la sociedad, de intérprete del pueblo, sí debe valorar con buen tino qué puede hacerse desde lo normativo y en el debate parlamentario para frenar o prevenir choques entre instituciones o poderes que perviertan el orden y deterioren la acción del Estado.

Otra reforma urgente es la educativa, en sus diferentes niveles, dado el impacto que ésta tiene en todos los órdenes. Sin duda en el país ha habido avances en materia de cobertura educativa, pero enfrentamos grandes retos y desafíos en otros frentes como calidad, nuevas tecnologías, profesionalización y niveles salariales.

Para lograr saltos cualitativos en materia de educación deberemos contar con el concurso de todos en el Congreso, pero de manera especial de académicos, expertos y de la misma Federación Nacional de Educadores Fecode. No dudaremos en promover consensos para mejorar en esta materia.

El gobierno tiene una alta responsabilidad en el trabajo parlamentario por ser el origen de numerosos temas de reformas o creación de leyes y por eso propiciaré unas relaciones armónicas con sus agentes, al igual que la otra rama del poder público y los organismos de control, casi todos con demandas de ajustes o reformas. En nada seremos ajenos porque, como decía al principio, estos momentos son cruciales después de haber superado desafíos que ponían en tela de juicio hasta la permanencia de Colombia como Estado independiente y democrático.

Pertenezco al mismo partido del Presidente de la República y comparto su ideario. Defendí su nombre en la campaña y miro su gestión con esperanza. Pero tengo muy clara la independencia de los poderes públicos, y mi deber es hacer respetar la del Congreso para que las instituciones republicanas funcionen como debe ser.

Entre las políticas del gobierno, sobre las cuales siento también compromiso, está la de llevar a la vida política sin armas a las Farc y al ELN, y que nunca más vuelvan a retomarlas en contra de la sociedad y el Estado. Las negociaciones en La Habana entran en una fase de acuerdos sobre los temas más humanitarios de su agenda, al tiempo que se da una apertura en materia de información sobre los aspectos concretos que son base de las negociaciones. Por otra parte, se activa el Consejo Nacional de Paz creado por este Congreso a fines de los noventa y se incluyen más las ayudas y asesorías internacionales.

En el Congreso, donde operan comisiones de paz de manera permanente, y recinto donde siempre he visto una particular preocupación por los temas de guerra y paz, estaremos dispuestos a debatir y tramitar lo que corresponda para humanizar el conflicto y apurar la paz.

No me anticipo a exponer ideas de cómo abordar cada asunto para la reconciliación, pero sí quiero desde esta tribuna llamar la atención al sector privado, como parte fundamental de la sociedad colombiana, acerca del papel que debe asumir para hacer totalmente exitosa esa enorme y esperanzadora tarea de hacer de Colombia una nación de trabajo pacífico y fraterno hasta acabar con lo que deben ser los únicos problemas que deberíamos enfrentar: la pobreza y la desigualdad, y enfrentarlos, todos, unidos.

Honorables Senadores:  Quiero agradecer a todas las Bancadas del Senado de la República que acogieron mi nombre, el honor y la responsabilidad de representarlos como su Presidente, en una legislatura que, estoy seguro, será histórica. Histórica por los protagonistas que llegan hoy a este recinto. Histórica por el momento de estabilidad económica que estamos viviendo y que necesitamos se traduzca en más y mejores oportunidades para las regiones y para los colombianos más pobres. Histórica, en fin, porque vamos a liderar la legislatura de la paz.

Los colombianos eligieron la paz

Me comprometo con ustedes a hacer una Presidencia de puertas abiertas en donde la conciliación sea la actitud predominante para que podamos superar los conflictos naturales de la discusión política. Nos separan a veces nuestras posiciones políticas, pero nos une Colombia. Y es, precisamente, por Colombia por lo que vamos a entregar lo mejor de cada uno de nosotros.

En La Habana se negocia la Paz. En las urnas, los colombianos eligieron la Paz. El gobierno trabajará por la Paz. Y nosotros, desde el Congreso de la República, a partir de hoy, empezaremos a sacar adelante la legislatura de la Paz.

Sin embargo, este mandato por la paz que al gobierno  y al legislativo en pleno le ha entregado el pueblo colombiano, exigen que la guerrilla también de muestras inequívocas de querer firmar los acuerdos que pongan final al conflicto. Hechos como los de ayer en Arauca, son una pésima señal para el país y en ese sentido esperamos que haya una rectificación por parte de los actores armados al margen de la ley.

No puedo terminar esta intervención sin poner de presente ante ustedes amigos y ante la opinión pública nacional, el inclemente horror de la guerra que la tecnología militar de hoy no permite distinguir entre combatientes y niños, entre combatientes y madres, entre combatientes y población civil no involucrada en los conflictos.

Desde este histórico recinto del corazón del Congreso de Colombia, desde el centro de este rincón de América Latina que está empeñado en buscar fórmulas conducentes a la reconciliación nacional, a la terminación de un conflicto interno casi secular, y que quiere construir una paz duradera  para todos y con todos, invitamos a los líderes del mundo a la reflexión, a la serenidad y a los encuentros en el marco de la concordia y de la vida.

Compañeros de Recinto, a nombre de mi familia, de mi Señor Padre que nos mira desde los cielos, de mi Señora Madre Yolanda Cardozo de Name, de mis hermanas, de manera especial de mis hijos José Enrique, Juan David, María José y de mi querida esposa Astrid, queremos darle las gracias por este gesto. Que Dios nos ilumine y estoy seguro que no voy a defraudar a mi país, ni a ustedes. Muchas gracias. Bogotá D. C. julio 20 de 2014

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