Por: Francisco Figueroa Turcios
La noche del 12 de mayo de 2026, Hugo Rodallega, volvió a demostrar que algunos futbolistas envejecen, pero los goleadores auténticos jamás pierden el instinto.
Mientras el fútbol colombiano sigue obsesionado con la juventud y las promesas del futuro, Hugo Rodallega decidió responder como los hombres hechos para las grandes batallas: dentro del área y con goles.
Tres anotaciones suyas guiaron la contundente goleada 4-0 de Independiente Santa Fe sobre América de Cali, en una actuación que volvió a encender el clamor popular: Hugo Rodallega merece una oportunidad con la Selección Colombia rumbo al Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026.
Porque mientras muchos miran la edad en el documento, Hugo sigue hablando el idioma más importante del fútbol: el gol. Y lo hace con una mezcla que pocas veces coincide en un mismo jugador: experiencia, hambre competitiva y liderazgo emocional. Cada partido suyo parece una lección silenciosa contra esa idea moderna de que el fútbol tiene fecha de vencimiento.
Hugo Rodallega pertenece a esa generación de delanteros curtidos en el sacrificio, en el recorrido internacional y en la resistencia. No necesita campañas publicitarias ni discursos grandilocuentes para llamar la atención; le basta con aparecer en el área y recordar que todavía tiene la jerarquía intacta. Su triplete ante América no fue solamente una exhibición futbolística: fue también un mensaje para quienes creen que la veteranía es un defecto y no una virtud.
Pide pista en la selección Colombia…
En el momento más decisivo de la temporada, cuando el peso de los partidos suele apagar delanteros, Hugo Rodallega eligió hacer exactamente lo contrario: encenderse. El capitán de Independiente Santa Fe se ha hecho presente con goles en los últimos siete partidos del conjunto cardenal, confirmando que la tripleta que le marcó al América de Cali no fue una casualidad ni una noche aislada, sino la evidencia de un delantero atravesando uno de los momentos más contundentes de su carrera reciente.
Cada jornada parece reforzar el mismo argumento en las tribunas de El Campín y en las conversaciones futboleras del país: Rodallega vive un presente que merece ser mirado por Selección Colombia rumbo al Mundial de 2026. A sus goles se suma la experiencia, el liderazgo y la jerarquía de un atacante que entiende cómo jugar partidos grandes y cómo asumir la responsabilidad cuando la presión aprieta.
A sus 40 años, cuando muchos futbolistas empiezan a despedirse lentamente de los grandes escenarios, Hugo Rodallega mantiene intacta una ilusión que todavía le late con fuerza: regresar a la Selección Colombia. El delantero de Independiente Santa Fe confesó que volver a vestir la camiseta tricolor sigue siendo uno de sus sueños, especialmente en un momento donde sus goles lo han convertido en uno de los atacantes más determinantes del fútbol colombiano.
Sin embargo, lejos de la polémica o la presión mediática, Rodallega ha preferido hablar desde la serenidad y el respeto. El atacante dejó claro que entiende que las decisiones finales le corresponden al cuerpo técnico nacional y que seguirá trabajando sin perder la humildad ni el compromiso que lo han sostenido durante su extensa carrera profesional.
Y quizás por eso el nombre de Hugo Rodallega comienza a instalarse otra vez en la conversación nacional. En un país futbolero acostumbrado a dejar atrás rápidamente a sus veteranos, el delantero cardenal se niega a ser tratado como recuerdo. Sigue corriendo, sigue luchando y, sobre todo, sigue marcando goles. Como si cada celebración quisiera decirle al fútbol colombiano que todavía hay guerreros capaces de cambiar partidos grandes cuando más pesa la presión.
En un fútbol cada vez más acelerado, donde muchos jugadores son descartados apenas aparecen las primeras canas, Hugo Rodallega se convirtió en la prueba viviente de que el carácter también juega. Mientras Colombia busca figuras para afrontar el Mundial, él sigue haciendo lo más difícil: marcar goles y sostener el hambre competitiva intacta.
Porque los años pueden desgastar las piernas, pero jamás la ambición de los futbolistas hechos para resistir. Y quizás por eso miles de aficionados vuelven a mirar hacia Rodallega: no como un recuerdo nostálgico del pasado, sino como uno de esos delanteros curtidos que aparecen en los momentos grandes para recordarle al país que la experiencia también puede convertirse en esperanza.
