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Hombres que han mandado en la Barranquilla de 203 años

Desde cuando fue erigida en Villa el 7 de abril de 1813, sin evitar sus altibajos, la ciudad ha tenido liderazgos positivos, regulares y malos. 

Por Rafael Sarmiento Coley

La fortaleza de Barranquilla siempre ha sido su río y su mar. Estar en la esquina en donde desemboca la principal arteria fluvial del país (el Magdalena), es un privilegio que le ha dado pujanza a Barranquilla.

Liderazgos buenos, los de la familia Obregón casi desde el mismo nacimiento de la ciudad como Villa.

El tronco de esta familia lo fue el español Gregorio Obregón Bustamante, quien se radicó en Santa Marta y se casó con la cartagenera Petrona Ujueta Bisaís. Un sobrino de Gregorio Obregón, Evaristo Obregón Diazgranados, quien en 1875 se casa con la cienaguera Isabel Arjona Sardá, se establecen en Barranquilla, al igual que otros amigos y socios empresariales. Se produce así un desplazamiento voluntario y entusiasta de apellidos samarios de abolengo como los Fergusson, Noguera, De Mier Vengoechea, Abello, Alzamora, Salcedo, Arjona, Ujueta.

Barranquilla se convierte en una de las principales ciudades industriales del país, lo que demanda la instalación de modernas fábricas que requieren la importación de maquinaria de última tecnología y con ello la llegada de ingenieros y técnicos alemanes, ingleses, norteamericanos e italianos.

Son apellidos que todavía suenan a los oídos de los barranquilleros, como los Held, Gieseken, Knox Martin, Herbert Boy, Hellmut von  Krohn, Gianni Bautista Roncallo, Generoso Mancini y tantos otros.

Respetables historiadores sobre la pasión y gloria del desarrollo de la Costa Caribe como Adolfo Meisel Roca, Eduardo Posada Carbó, Gustavo Bell Lemus, Sergio Paolo Solano De las Aguas e Ismael Meza Mejía, se han metido piernas arriba en la historia de la ciudad y han encontrado cosas bellas, realizadas por prohombres que han encabezado familias respetables, y también, claro que sí, asuntos oscuros que la memoria barranquillera ha tratado de olvidar sin poder lograrlo.

Lo oscuro de la memoria

La ciudad crece por todos sus puntos cardinales. Hermosos rascacielos forrados de vidrios termoacústicos adornan el paisaje urbano.

Así como hubo los Obregón que montaron la primera fábrica textil en Colombia, y los Roncallo de los colosales molinos de trigo, y los Mancini con sus fábricas de pastas, y Celio Villalba con su Cafetería Almendra Tropical (según el historiador Ismael Meza Mejía, realmente el fundador de esta empresa fue el santandereano Ascanio García, quien para contar con un hombre de confianza como segundo de a bordo, se trajo a su paisano Celio Villalba, pero, en medio de una tragedia pasional Ascanio mató a su esposa y se suicidó, quedando toda su fortuna en manos de su hombre de confianza), y Mario Santo Domingo con su Cervecería Águila y su correo aéreo con la Scadta, hasta llegar a la familia que ahora impone su sello en la ciudad, los Char, bajo el liderazgo de Fuad Char Abdala, exitoso tanto como líder cívico, como político, y más como empresario visionario y de una inteligencia fuera de lo común.

Desde luego que hubo casos como los Obregón Arjona (Rafael, Mauricio, Gregorio, Evaristo, Andrés y Carlos), que marcaron más huellas en la historia de la ciudad por la diversidad de sus actividades, dado que fueron enviados a estudiar a las mejores universidades de Inglaterra, Alemania, Francia y Estados Unidos.

La recuperación de la navegabilidad del Río Magdalena le dará más oportunidades de desarrollo a la capital atlanticense.

Pero, caray, al lado de esas mentes prodigiosas, hubo también mentes podridas con apellidos indeseables, que le hicieron mucho daño, casi de manera irreparable, a Barranquilla.

Nombres que no merecen ser mencionados porque fueron los que montaron las primeras fábricas clandestinas (una de ellas en una finca en la vía entre Baranoa y Polonuevo) de pastillas alucinógenas, cuando el mundo enloqueció por las tales ‘pepas de la libertad y el amor’.

Nombres despreciables porque establecieron en Barranquilla las sedes de sus operaciones como exportadores de la llamada ‘marimba’ y después de la ‘coca’.

Nombres de politiqueros ladrones que generalizaron la corrupción, se inventaron miles de trampas para esquilmar el erario, se enriquecieron, corrompieron a media Barranquilla, envejecieron, unos murieron y otros sufren en vida el pecado de lo que hicieron en una ciudad que los acogió con tanto cariño.

Lo que cuenta Meisel

En uno de sus bien documentados libros el historiador y economista costeño Adolfo Meisel Roca nos cuenta: “A comienzos del siglo XX, Barranquilla era la ciudad colombiana con el mayor crecimiento demográfico y tenía una economía muy dinámica. Era el principal puerto colombiano, la tercera ciudad del país en población y su ingreso per cápita era uno de los más altos de Colombia. Ello permitió que se empezara a desarrollar un dinámico sector industrial local, que vendía sus productos por toda la Costa Caribe y por el interior del país. La empresa más representativa del éxito industrial barranquillero fue la Fábrica de Tejidos Obregón que inició operaciones en 1910. Los hermanos Obregón Arjona eran hijos de un próspero comerciante samario que se había trasladado a Barranquilla, poco después de que la comunicación por ferrocarril con Sabanilla la consolidó como el primer puerto del país. Desde mediados de la década de 1930, la Fábrica de Tejidos Obregón entró en un proceso de estancamiento relativo que también la hace paradigmática de la pérdida de dinamismo de la industria barranquillera, desde fines de la década de 1930.1 Es decir, que el estudio detallado de la evolución de esta empresa es de gran importancia para la historia empresarial regional y para el análisis del desarrollo económico costeño en la primera mitad del siglo pasado”.

La ciudad ha vuelto a crecer en su tejido urbano buscando la mirada al Mar y al Río.

Y Sergio Paolo Solano De las Aguas en uno de sus cotizados libros escribe: “El lugar escogido para la ubicación de la Fábrica de Tejidos Obregón era privilegiado para efectos de recibir la materia prima y sacar el producto final. Estaba en el corazón mismo de la actividad industrial de la Barranquilla de comienzos del siglo XX. El lote estaba en el sector de La Loma, sobre el ángulo formado por el Caño Arriba, que desemboca en el río Magdalena, y el Caño de la Ahuyama. Hasta la puerta misma de la fábrica podían llegar las canoas que traían la leña de mangle que se usó inicialmente como combustible para las calderas (más adelante se usó fuel oil).23 También se podía desembarcar el algodón que venía del Departamento del Magdalena o de las riberas del Departamento del Atlántico. Así mismo, se embarcaban las telas que se distribuían vía el río Magdalena por todo el territorio nacional. Hacia 1920, en la desembocadura del caño Arriba estaban los tanques de la Tropical Oil Company. Luego venía la Fábrica de Tejidos Obregón, la Empresa de Energía Eléctrica de los Obregón y la Cervecerías Barranquilla y Bolívar S.A. de 21 Escritura Pública 1465, “Reforma de los estatutos de la Fábrica de Tejidos Obregón”, 30 de diciembre de 1935, Notarías, Archivo Histórico Departamental, Barranquilla. 22 La Nación, No. 956, Barranquilla, 23 de julio de 1917. 23 Jacinto Sarasua, Recuerdos de Barranquilla, Editorial El CID, Barranquilla, 1988, p.15. 10 Alberto Osorio. Más adelante Mario Santo Domingo adquirió esta empresa y la convirtió en la base de su fortuna”.

Los nuevos líderes

Ahí está toda la dimensión del presente y el futuro de Barranquilla. Su desarrollo industrial y portuario.

En los últimos 30 años del siglo pasado Barranquilla tuvo una franca decadencia por el desorden político originado en la corrupción. Los liderazgos que se ejercían en el momento aparentaban hacer magníficas tareas para el desarrollo de Barranquilla. Era puro oropel.

En ese momento se decide Fuad Char Abdala meterse de lleno a la política y entusiasma a varios amigos empresarios que lo apoyan en esa tarea. Hasta hoy, cuando su hijo Alex Char, en dos periodos en la Alcaldía y un tercer periodo en manos de una aliada muy cercana como lo es Elsa Noguera De la Espriella, convierten a Barranquilla de nuevo en la ciudad pujante.

La urbe crece por todos los costados. Enormes rascacielos. Modernos edificios forrados de vitrales termoacústicos que le dan un hermoso colorido al paisaje. La ciudad se llena de zonas francas, de fábricas, de puertos.

Pero también asoma las orejas un lobo: la contaminación con la exportación de productos como el carbón, que si no se controla a tiempo, le hará mucho daño al progreso histórico de la ciudad, que este jueves 7 de abril cumplió 203 años de haber sido erigida en Villa.

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