
Hay personas talentosas que, a su paso por la vida, dejan una huella que no se borra ni con el pasar del tiempo. Heriberto de Jesús Fiorillo Tapias fue uno de esos.
Por Rafael Sarmiento Coley
Nacido en Barranquilla el 17 de marzo de 1952, murió en su ciudad natal el 29 de mayo de 2023.
Fue periodista, historiador, escritor, cineasta y gestor cultural.
En uno de los tantos momentos difíciles que ha tenido el icónico centro cultural La Cueva fundado por ese otro enorme genio barranquillero Álvaro Cepeda Samudio, llegó como Supermán Heriberto Fiorillo y lo sacó de la crisis con el afamado Carnaval Internacional de las Artes, que alcanzó gran prestigio internacional.
También siguiendo los pasos de Cepeda Samudio estuvo en el Diario del Caribe reviviendo el pasado glorioso de ese gran diario que fue nuestra escuela a partir de abril de 1968. Por esas cosas extrañas de la vida fue el año en que nos convertimos en pupilos de Cepeda Samudio.
También estuvo al frente del diario El Heraldo, donde nuevamente coincidimos.
Fiorillo dejó un legado perenne en el diarismo colombiano, especialmente en la región caribeña, que por esas cosas de la vida es la única que le ha dado a Colombia un Premio Nobel de Literatura y un pintor universal como Alejandro Obregón.
¡Cuánta falta hace Heriberto Fiorillo para mantener vibrante la actividad cultural en la ciudad!
Es cierto que sí hay actividad cultural en Barranquilla, pero no al nivel febril y permanente como lo soñó Fiorillo, uno de esos apellidos que anclaron en la llamada Puerta de Oro de Colombia en una de las tantas diásporas universales. Su apellido era de origen italiano. Varios de los Fiorillo dejaron una huella en Soledad y Barranquilla. Felipe fue un boxeador soledeño que infundía miedo y respeto en el ring.
Y Fernando Fiorillo fue un consagrado goleador del Atlético Junior que luego se graduó de médico cuando se retiró de las canchas.
Quienes tuvimos la suerte de trabajar al lado de Heriberto de Jesús Fiorillo Tapias lo recordamos con afecto, cariño y gratitud por todo lo que nos enseñó. Especialmente porque nos inculcó aquella célebre frase que Cepeda Samudio y Gabo: “Para ser un buen periodista hay que ser una buena persona”.
