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¡Hay que confiar!

Los últimos hechos acaecidos en la ciudad han ido sumiendo a familias, personas y comunidades en la desesperanza.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

Padre Rafael Castillo Torres

Es evidente el deterioro de la confianza en nosotros mismos, con nuestro entorno y con la vida en general.  Cuando la vida querida es una interminable noche de espera, es claro que lo único que puede crecer es la desconfianza.

Cuando no son pocos los que se aíslan en la impotencia, cuando los tomadores de decisiones solo piensan en la competitividad como criterio rector que ordena la ciudad; cuando no se asume la complejidad de administrar y gobernar la ciudad, entonces todo queda determinado por el recelo y la suspicacia.

Resultado: gente encerrada en sí misma, a la defensiva y mirando con cautela a quien llegue o pretenda tomar la palabra.

Pero, muy a pesar de estas percepciones, quiero hacer un llamado a tomar conciencia de que la desconfianza no nos va a ayudar a vivir de manera plena y creativa. La gran tarea es recuperar la confianza como un valor social capaz de orientarnos hacia una calidad nueva en nuestras relaciones. Si queremos crecer y enfrentar los desafíos, poniendo luz en cada problema, necesariamente tenemos que confiar. Y esto por una sencilla razón: porque la confianza es una estructura básica del ser humano y de sus relaciones. Suprimirla es destruir la fuente más importante que nos puede ayudar en nuestro diario vivir.

El papa Francisco, ora por una sociedad equitativa e incluyente

Decir que esta es una sociedad corrupta que abusa de los más débiles, no es nuevo. Pero convencernos de que es la confianza la que sostiene a las personas en las situaciones más difíciles y la que les da un potencial increíble de energía para enfrentarse a la existencia, es lo que nos puede salvar. Quien se encierra en la desconfianza se destruye a sí mismo, se deja morir o, si se quiere, “se deja vivir” que es la peor manera, triste y frecuente, de abandonarnos estérilmente al curso de la vida.

El proyecto esperanzador de ciudad jamás crecerá en los corazones que desconfían los unos de los otros. Pueden venir todas las recomendaciones y se pueden poner en la mesa todos los argumentos que se tengan. La gente se defenderá desde sus recelos y se aferrarán a sus pruebas. Quienes creemos solemos decir:  “Quien busca a Dios con confianza ya lo está encontrando”.

Yo sé que estamos, tal vez, roídos por la duda, y que nuestra razón lo único que comprende es que no puede comprender. Hay desazón y malestar. Son demasiados errores juntos. ¿Qué debemos hacer? Acoger el mensaje del papa Francisco, profeta de la cultura del encuentro y la concertación: “Les hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío que vivimos y sus raíces humanas nos interesan y nos impactan a todos”.

(Padre Rafael Castillo Torres, Vicario de Pastoral de la Arquidiócesis de Cartagena).

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