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Hanzer Díaz, ‘El pulpo del vallenato’: no necesita de acompañantes para alegrar la rumba

El ingenio de los colombianos no tiene límites para crear herramientas para sobrevivir o poner a prueba su talento. Para demostrarlo, el bolivarense Hanzer Díaz Alfaro se convirtió en «El pulpo del vallenato».

Por Francisco Figueroa Turcios 

Pulpo vallenato1

Hanzel Díaz Alfaro, el pulpo del vallenato.

Desde muy pequeño su pasión fue la música vallenata y en su natal Mompox no ocultó su interés por las canciones de Diomedes Díaz, por  lo que se fijó la meta de ser un famoso cantante vallenato, así como su ídolo.

Su padre, un ingeniero ambientalista, al ver el interés de su hijo contrató al acordeonista momposino Uriel Muñoz para que le enseñara a tocar. La única condición que le puso fue que tenía que estudiar una carrera porque del vallenato no iba a vivir.

«Soy tecnólogo en joyería en la facultad de Bellas Artes, una sede que tiene la Universidad del Atlántico en Mompox, pero estudié esa carrera fue para complacer a mi padre, porque lo mío es la música. Luego convencí a mi viejo de que estudiaría música aprovechando que también había esa carrera», comenta Hanzer Díaz Alfaro.

Hace dos años decidió venirse para Barranquilla para forjarse como cantante vallenato y, con el escaso dinero que trajo, compró un acordeón de segunda, con la idea de montar su propio conjunto vallenato. «Indagué con varias personas dónde se reunían los músicos que tocaban serenata y me dieron el dato preciso: ‘En el ‘parque de los músicos’, diagonal al estadio de fútbol Romelio Martínez’. El primer día fui a hacer trabajo de inteligencia, a ver cómo era la jugada, para no presentarme de intruso con mi acordeón. Noté que habían dos jóvenes que tenían, uno una caja y el otro una guacharaca, pero no les veía el acordeonista, me  fui donde  ellos y me comentaron que el acordeonista estaba enfermo, que estaban buscando un socio provisional y sin dudarlo les dije: ‘ese soy yo'».

Pulpo vallenato3El cajero lo interrumpió y le dijo «eche, ¿tú sin acordeón?». Hanzer le dijo que en media hora venía con su acordeón. Y así fue.

Del parque al bus

La unión con ese cajero y el guacharaquero, Ismael Ortegón y Edgardo Palencia, fue efímera, porque en una noche a duras penas se ganaban cien mil pesos, es decir que las ganancias eran pocas para tremendo esfuerzo de trasnochar todos los días.

Cambió de táctica: tocar en los buses. Buscó a otros compañeros para integrar el conjunto y que se le midieran trabajar. No fue fácil y aunque logró subirse a la nueva aventura solo duró tres meses, ya que nuevamente la parte económica fue determinante para desistir. Luego de un agotador día subiéndose y bajándose de los buses salían a trece mil pesos. «Esa idea fracasó. Imagínese que nos comprábamos el almuerzo de tres mil pesos, es decir que nos llevábamos para la casa eran diez mil pesos, y mi esposa, Betsy Mercado, no ponía buena cara con mi aporte. A ella no le tocó otra que ayudarme por lo que tuvo que emplearse en casa de familia como muchacha del servicio domestico», acota.

Y nació «El pulpo del vallenato»

Pulpo vallenato2La situación para Hazner Díaz era apremiante, por lo que debía decidir cambiar de oficio o buscar otra estrategia para continuar en su objetivo de ser un cantante profesional. «Hace seis meses, ante de acostarme, le pedí a Dios que me iluminara y que me señalara el camino que debía continuar. No sé si era soñando o estaba dormido cuando se me vino a la mente la imagen de un pulpo. Al principio no entendí la señal. Al cabo rato, me desperté y tenía todo claro, el mensaje era que yo debía convertirme en ‘el pulpo del vallenato’. Y apenas amaneció comencé la tarea de adaptarle los instrumentos al acordeón. Lo primero que hice fue buscar el sitio a la guacharaca, luego el cencerro y más tarde el timbal. Decidí que la caja la llevaría colocada en la cintura, sostenida por el cinturón. Me puse a practicar en la casa, pero veía que me hacia falta para que las personas me pudieran escuchar bien y era sin duda un micrófono con su respectivo amplificador».

Pulpo vallenatoAhora sí estaba listo, todo lo que ganara era para él, no tenía que convencer ni animar a compañeros para trabajar ni compartir sus ganancias. «Me puse a pensar dónde iba a trabajar, decidí buscar un nuevo mercado entre los sitios de mayor concurrencia para que cuando tomara el bus para desplazarme de un sitio a otro pudiera aprovechar y cantar».

Y dio resultado el plan. «A mis clientes les gusta mis actuaciones imitando al ‘Cacique de la Junta’. Y no es para echarme flores, ejecuto bien la acordeón, la gente me toma fotos y me  hace videos porque se quedan sorprendidos de cómo ejecuto todos los instrumentos sin perder la nota musical», relata Hazner Díaz.

A los 28  años de edad, Hanzer no dará el brazo a torcer de continuar su carrera artística, confía y así se lo hace saber a cada momento a sus padres Álvaro Díaz y Nevis Alfaro, cuando se comunica con ellos: «Algún día seré un gran profesional», parodiando la canción que interpreta Diomedes Díaz, de la autoría de Rafael Escalona.

About author

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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