Este año se cumple el aniversario 70 del supuesto fallecimiento de Antoine de Saint-Exupéry. Como nunca se encontró su cadáver, es posible que aún esté volando entre los planetas de El Principito.
Por: Gabriel Moncada – Chacharero
Su autor nos enseña en cada capítulo los valores, virtudes y sueños que se pierden al ser una persona adulta. La historia nos narra las descripciones y vivencias que El Principito tuvo al realizar su travesía por los distintos planetas o llamados también por la gente adulta como asteroides, porque no tienen el tamaño suficiente para ser considerados como tales.
En estos nos muestran las consideraciones que se tienen a la hora de vivir en ellos y cómo en cada uno de estos ocurren situaciones tan peculiares e ilógicas, que solo Antoine de Saint – Exupéry nos detalla de manera tan sencilla que un niño de siete años entendería al igual que un anciano de noventa.
En los planetas que visita se encuentra con una flor que se cree única y la más bella; con un rey que creía que reinaba todo, pero en realidad no gobernaba ni controlaba nada; con un bebedor cuya mayor vergüenza era beber; con un hombre de negocios que contaba las estrellas del cielo para poseerlas y ser rico; con un farol y su farolero (por supuesto en esa época, en dicho espacio sideral no había luz eléctrica), su consigna era apagar y prender el farol cada minuto, por el amanecer y anochecer desmesurado del pequeño planeta.
El Principito también se encontró con un geógrafo que sabía dónde estaban todos los mares, los ríos y montañas, pero que al preguntarle si le podía indicar el camino para llegar al lago más cercano respondió que no conocía el camino por no ser explorador.
En su intento de buscar una respuesta, a El Principito se le aparece un zorro el cual quiere que se le domestique; El Principito con su curiosidad le pregunta que significa “domesticar” y él le responde que es hacer un vínculo con otra persona, para que así lo común se vuelva único y extraordinario.
El alma de Antoine de Saint – Exupéry era tan hermosa que nos dejó frases tan hermosas en su obra, como la siguiente: “Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”.