El ala democrática del poder, encabezada por el Presidente Barack Obama, ha pasado a la ofensiva contra los republicanos al presentar un informe por las torturas de la CIA en el gobierno de George W. Bush.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor General
Asfixias simuladas, baños en agua congelada, privación de sueño de más de una semana, alimentación e hidratación rectal, y amenazas de abusos y muerte entre otras crueles prácticas fueron expuestas este martes a la opinión pública nacional e internacional desde el Capitolio de EE.UU.
El partido republicano en pleno, y por supuesto sus más reconocidos líderes como John McCain y el propio ex presidente George W. Bush, se opusieron a la presentación en público de las informaciones consignadas en los expedientes de las «técnicas reforzadas de interrogatorio» de la CIA. Incluso no todos los miembros del partido demócrata de los Estados Unidos estuvieron de acuerdo en que se revelaran, considerando que era más el daño que provocaría a los Estados Unidos que su beneficio.
¿Qué hay detrás de la decisión de elaborar y presentar este informe?
En noviembre pasado se cumplió en el Congreso de los Estados Unidos lo que el Presidente Obama ya vaticinaba: los republicanos ganaron la mayoría del Senado en las elecciones legislativas y se hicieron con el control de las dos cámaras que habían perdido desde hacía ocho años, en tiempos del Presidente George W. Bush.
Obama sabe que ese control perdido en elecciones es una evidencia contundente de que la guerra declarada de los republicanos a todas las medidas de su gobierno está recalando en la tendencia de voto de los ciudadanos. Ya los analistas políticos, como el destacado Dick Morris, han deducido que en los Estados Unidos existen dos partidos políticos, pero no dos ideologías; no existe la derecha y la izquierda, sino dos derechas que se diferencian porque una suele dar más duro que la otra.
Sumada a esta reciente inclinación de los electores por la derecha republicana, que es la que da más duro (imperialismo, cierre de fronteras, torturas a enemigos), el desgaste natural después de cinco años en el poder hicieron que los demócratas, liderados por el Presidente Obama, estuvieran a la defensiva tratando de preservar a su favor la balanza en los dos últimos años de gobierno y estuvieran preparando una renovación para las próximas elecciones nacionales.
Pero el tiempo no dio espera. Con el control perdido en el Congreso, los demócratas acaban de utilizar esta semana la carta más antigua de todas las estrategias políticas conocidas para pasar a la ofensiva: la del retrovisor.
Un retrovisor para la tortura
El informe del Comité de Defensa (subcomité de inteligencia) del Senado no sería más que el retrovisor que Obama le ha puesto a Bush y a sus seguidores para que el pueblo estadounidense recuerde de qué esta hecha la tendencia republicana y por qué en cambio sus políticas suelen aspirar a los caminos diplomáticos antes que a la fuerza.
Todavía no se sabe qué resultados traerá esta maniobra en la balanza del poder en los Estados Unidos. Pero las consecuencias a la imagen de dicho país en el mundo sí han empezado a aflorar. Sarah Margon, directora del organismo de defensa de los Derechos Humanos “Human Rights Watch”, en Washington, afirmó que el informe del Comité de Defensa del Senado “debe ser el principio y no el final. Hay que seguir investigando el tema”. A su vez la Unión Europea expresó, a través de Catherine Ray, portavoz autorizada, que «el informe es una etapa positiva para exponer públicamente y de manera crítica el programa de detención e interrogatorios de la CIA. El informe plantea importantes cuestiones sobre la violación de los derechos humanos por las autoridades estadounidenses. La UE condena todo tipo de tortura y maltrato, bajo cualquier tipo de circunstancia, incluidas las acciones contraterroristas», sostuvo, subrayando que el presidente estadounidense Barack Obama puso fin al programa en 2009 cuando accedió a la presidencia.
Un secreto no guardado
Si las torturas y prácticas non sanctas de la CIA eran un secreto a voces y en la práctica el mundo lo daba por hecho, el revuelo que ha causado este informe anacrónico lo que refleja es la hipocresía con la que se asume el liderazgo político en la comunidad internacional, puesto que todos los gobiernos y medios de comunicación que hoy se escandalizan por lo informado callaron en su momento, de manera cómplice, sabiendo desde hace muchos años lo que los halcones George W. Bush, Dick Cheney y Donald Rumsefield autorizaban tras bambalinas a sus aparatos de guerra, de inteligencia y de poder.
Eso que llaman «comunidad internacional», que no es más que la opinión pública de los poderes de aquellos países capaces de tener una voz a nivel global, sabe que Obama no es una mansa paloma y que es capaz de muchas cosas para sostener el poder de su Gobierno y de su imperio, pero por ahora todos aplauden su estilo «diplomático» y se comen su zanahoria, hasta que los republicanos retomen el mando y con ello vuelva el garrote, que también es una zanahoria para el poder, con un sabor más amargo porque contiene el aderezo trágico de la pobreza y el maltrato para el resto del mundo.