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Gratitud a las madres

Por: José Consuegra Bolívar

Lo considero uno de los sentimientos más nobles del ser humano y un ingrediente excelso de la amistad y la hermandad. Es producto de la valía que otorgamos al acompañamiento, la asistencia o la gracia de los demás para con nosotros, sean o no de nuestro círculo de conocidos o seres queridos. La gratitud es el valor que más humildad concita y más amor promueve.

En una sociedad cada vez más individualista y materialista, con más frecuencia se hacen expresivas la arrogancia, el egoísmo y la ingratitud. En cuanto a este último antivalor, todos debemos luchar para no seguir avanzando hacia el frío abismo de la ingratitud, espacio oscuro del espíritu en donde se necesita ser muy noble a fin de agradecer la mano amiga y los favores y servicios recibidos. La gratitud es la llave maestra para superarlo.

La gratitud es definida como el sentimiento de estimación de un beneficio recibido. También recibe la connotación de valor humano, de emoción e, igualmente, del reconocimiento y la correspondencia ante una ayuda o servicio que nos prestan. Una frase atribuida a Cicerón la califica de virtud y advierte que “es la madre de todas las demás”. Es fundamental en las relaciones familiares y sociales y ha sido asociada científicamente a la generación de otras sensaciones como la alegría, el optimismo y la motivación.

En mensajes transmitidos a la niñez, a través de programas de Naciones Unidas, la gratitud es identificada como “la cualidad de ser agradecido, de apreciar los aspectos (no materialistas) de la vida y la voluntad de reconocer que los demás desempeñan un papel en nuestro bienestar emocional”.

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