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Golfo de Morrosquillo, en alto riesgo por contaminación

No es de ahora por un nuevo derramamiento de crudo. Es desde cuando funciona el muelle de crudo. Y de mucho tiempo atrás, por los tiburones. 

Por Rafael Sarmiento Coley, Director

Difícil enderezar el destino del Golfo de Morrosquillo como destino turístico a nivel doméstico, mucho menos internacional, mientras funcione el muelle de manejo de combustible en Coveñas.

Los pescadores dicen que 960 familias están sin fuentes de ingresos.

Desde cuando se puso en servicio el oleoducto Caño-Limón Coveñas, además de las continuas voladuras con explosivos que realiza la guerrilla a lo largo de su recorrido, en los kilómetros finales, en jurisdicción del municipio de Tolú, Sucre, a cada instante se rompe el tubo de acero galvanizado como consecuencia de la mayor presión del crudo y de la intensa corrosión por el salitre que origina la cercanía al mar. Se rompe el tubo como palo viejo.

A eso se agrega la falta de prevención y mantenimiento, con recorridos permanentes en las zonas de mayor riesgo, para reforzar a tiempo los tramos ya debilitados.

Ahora fueron dos derramamientos

Según la Corporación Autónoma Regional de Sucre (Corsucre), en esta ocasión la contaminación es mayor. Porque es doble. Por un lado se produjo un derrame en el buque-tanque ‘Energy Challenger’, que cargaba 500 mil barriles de crudo con destino a Panamá. Tuvo una emergencia en una de sus bodegas y derramó en la bahía del muelle de Coveñas una considerable carga de agua de lastre.

La tubería del oleoducto se rompe en cualquier parte.

“Vea compa, cómo se ve ese líquido verdoso y aceitoso desde acá desde lejos, ahora, si usted se acerca, siente un olor a diablo. No se sabe por qué. No se sabe si es agua con la cual lavaron algunos depósitos, más aguas servidas de sus servicios sanitarios”, dijo Oswaldo Mendoza, de la Asociación de Pescadores del Morro de Morrosquillo.

960 familias con los brazos cruzados

Mendoza asegura que en las dos últimas semanas se han registrado seis derrames, que Ecopetrol, la que trae el crudo hasta el muelle, y la empresa Acensa, que maneja el muelle de exportación e importación, han querido minimizar. Como si no pasara nada. Todo ha sido manejado en bajo perfil. Han evitado que los medios pongan el foco en Coveñas.

“Lo grave es que eso afecta a 960 familias que vivimos de la pesca, y cuente a los empresarios, trabajadores y la gente del rebusque que vive del turismo. Nosotros los pescadores estamos con los brazos cruzados porque los bancos de peces se han ido mar adentro. A lo más lejos de por aquí, a donde nosotros no podemos llegar. Los manglares están contaminados, y en sus raíces es en donde la mayoría de las especies marinas encuentran su comida y los crustáceos se reproducen. Todas las plantas marinas han muerto. Por lo tanto esto ha acabado con la flora y fauna de esta región. Están matando el Golpe de Morrosquillo”.

Cada vez que llega un buque-tanque a cargar, hay preocupación.

Abdel Amín Rumié Díaz, coordinador del Terminal Marítimo de Coveñas, está preocupado porque “en realidad no se sabe qué sustancia fue la que se derramó del buque-tanque”.

15 Kilómetros sin bañistas

Ariel Alvarado Montes, alcalde de Tolú, declaró “la calamidad pública y cerró las playas de: Guacamaya, el Francés, Guerrero, La Ensenada y Boca de Ciénaga. En total son 15 kilómetros de playa en donde se ha prohibido el ingreso de bañistas”.

La Asociación de Redes Sociales de Sucre (SucreSpress y Mujermaravilla), han señalado que se debe declarar la emergencia, no solo por parte del Municipio, sino que el Gobierno Nacional “debe hacerse presente, porque el daño puede llegar hasta la ciénaga La Caimanera, en donde las consecuencias ecológicas serían peores”, según la destacada periodista María José Campo, coordinadora de una de estas redes.

Esta serie de derrames, en consecuencia, no son nuevos ni serán los últimos. Tampoco será la primera vez en la historia que el Golfo de Morrosquillo estará condenado como destino turístico. Según historiadores y escritores como el consagrado intelectual tolueño Héctor Rojas Herazo, en su genial novelística contó que, en la vida real, cuando en Coveñas funcionó el primer frigorífico que hubo en Colombia (con las limitaciones de tiempo, espacio y lugar), todos los desperdicios del ganado degollado (cabeza, sanguaza, vísceras sobrantes porque los nativos ya estaban ahítos de tanto comer bofe y pajarilla asados, lengua en salsa, hígado frito y morcilla de sangre de res), los tiraban ahí mismo en el muelle.

Eso ocasionó que todas esas playas, desde Tolú a San Onofre, estuvieran invadidas de tiburones, que ya se volvieron tan descarados, que llegaban hasta las propias playas ya no solo en busca del sobrante del ganado, sino de los propios bañistas.

La historia se repite. Y de la peor manera.

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