Un arquitecto y un periodista comparten desde sus ópticas lo que este genio hizo en Barcelona hace dos siglos.
Al cumplirse los 161 años del nacimiento del hombre que dejó una huella imborrable en Barcelona para orgullo de España y el mundo amante de lo bello, se revive un pequeño trazo de su interesante obra.
Por Harold Joel Delgado Hernández*
La arquitectura de Gaudí está marcada por un fuerte sello personal, caracterizado por la búsqueda de nuevas soluciones estructurales, que logró después de toda una vida dedicada al análisis de la estructura óptima del edificio, integrado en su entorno y siendo una síntesis de todas las artes y oficios. Mediante el estudio y la práctica de nuevas y originales soluciones, la obra de Gaudí culminará en un estilo orgánico, inspirado en la naturaleza, pero sin perder la experiencia aportada por estilos anteriores, generando una obra arquitectónica que es una simbiosis perfecta de la tradición y la innovación.
*Arquitecto Barranquilla residente en Barcelona
Por Gaudí se puede amar a Barcelona
Jorge Mario Sarmiento Figueroa*
Sobre este catalán tenía muy pocas referencias, salvo las clases de arte que había dado en la universidad. Pero no las necesité, porque su obra es relevante a los ojos de quien la admira, sea experto, aprendiz o un apacible ignorante de la arquitectura.
Entramos a «La Pedrera» o ‘Casa Milà’, construida entre 1906 y 1910, un sábado de turismo, con la ciudad a reventar. Recordemos que Barcelona es una de las urbes más visitadas de Europa. De la entrada se pasa a un patio sobre el cual se eleva una monumental estructura. A partir de allí, las columnas, las paredes, las habitaciones, los balcones y todo en la casa habla de la creación imaginativa de un hombre que fue capaz de expresar el espacio como si fuera una propiedad del ser humano en el mundo, y no al revés.
Reto a quien llegue a las chimeneas de esa casa y no sienta que está llegando al cielo mismo de la arquitectura, a que me muestre otra azotea como esta.
Gaudí construyó «La Pedrera» en honor a su gran mecenas Pere Milà i Camps. Este mismo empresario le apadrinó varias de las locuras revolucionarias de su genio. Como el parque Güell, en donde tuve honor de tomar la siesta del mediodía que solemos darnos en el Caribe colombiano. Y posar como todo turista en la iguana gigante.
Sólo pude ver por fuera la iglesia La Sagrada Familia, pero también quedó en mi retina esa estampa.
Esta es la memoria fragmentada y al mismo tiempo global, con la que mi madre y yo guardamos en nuestro corazón a la Barcelona que conocimos del maestro arquitecto Antonio Gaudí, fallecido un día de junio de 1926.
*Periodista, Editor general de Lachachara.co.