Copa América, Juegos Olímpicos, Copa Libertadores, Liga Águila, no hay tiempo para disputar tantos torneos, pero hay que hacerlo por los negocios y los compromisos burocráticos que hay detrás.
Por Ever Mejía
Nos encontramos en una época en la que la industrialización del fútbol reduce sus valores más nobles y nos priva de disfrutar del juego del fútbol en todo su esplendor. El fútbol, sostenido por la industria del espectáculo y la publicidad, no tiene espacio para desarrollarse por la saturación de compromisos burocráticos, y nos traslada del placer de jugar al deber de jugar.
Podemos observar el rebosamiento de campeonatos en la actualidad, y muchos de estos torneos quedan inconclusos o se disputan con planteles diezmados por la vorágine del fútbol industrial: la Copa Libertadores se detuvo en la etapa más decisiva porque se interponía la Copa América; la Liga Águila se sigue jugando pero muchos equipos perdieron a grandes de sus figuras; hay jugadores que se pierden los Juegos Olímpicos por estar en la Copa América, y viceversa.
En su libro Fútbol a Sol y Sombra, el escritor uruguayo Eduardo Galeano explica esta situación: “el juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue”.
Por su parte, el escritor Dante Panzeri en su libro Fútbol, Dinámica de lo impensado, hace una semejanza entre la revolución industrial y lo que le pasa al fútbol cada día más burocratizado: “coincidente con la Revolución Industrial que estimula la producción por encima de la creación, exalta la metodización por encima de la espontaneidad y, con el argumento de que toda obra del hombre es humanidad, ha consumado en el individuo llamado ‘actual’ una ‘productiva’ deshumanización”.
En la actualidad podemos analizar las inversiones que hay en el mundo del fútbol industrializado. En cada enfrentamiento hay millones de ojos siguiendo el partido, pero no con el fin de disfrutar de las gambetas, caños y asistencias; sino porque tienen en juego muchos intereses personales, solo les importa el resultado y el negocio.
Dante Panzeri: “El dirigente se juega en un partido su sustentación en el juego de la ambición política».
Dante Panzeri desmenuza este tipo de intereses personales. “El dirigente se juega en un partido su sustentación en el juego de la ambición política, la vanidad personal, a veces también de su participación en negocios mal habidos a través del fútbol”. Observamos este tipo de situaciones muy seguidas en este fútbol industrializado, el caso Fifagate refleja la cantidad de negocios que se derivan del fútbol, que involucran a Luis Bedoya, ex presidente de la Federación Colombiana de Fútbol; a Joseph Blatter máximo dirigente de la FIFA; a Platini y a otra gran cantidad de delincuentes vestidos con saco y corbata que enriquecen sus arcas mediante el espectáculo del fútbol.
Lastimosamente los ejemplos son innumerables. Sandro Rosell renunció a la Presidencia del Barcelona luego de que se conociera que se apropió de una suma significativa del fichaje de Neymar. Para no ir más lejos, en Barranquilla, en épocas de elecciones locales, Fuad Char presentó la alianza de Cambio Radical con Eduardo Verano y su discurso empezó: “Hoy es un gran día para Barranquilla porque Junior goleó y porque Char y Verano vuelven a estar juntos”. La noche anterior Junior le anotó cinco goles a Melgar en el marco de la Copa Sudamericana y lo usó de gancho para su discurso político.
El jugador, rico pero angustiado
Panzeri también asegura que el jugador tiene angustia derivada del fútbol industrializado: “considera que se juega una parte del futuro de su vida la de su familia, la de sus negocios, al margen del fútbol”. Sobran los casos de futbolistas que juegan con la enorme presión de que los están viendo los inversionistas, de que si anota un gol puede pasar a las ligas europeas o si no lo anota puede quedarse estancado en pequeños torneos.
Lo más grave es que estas situaciones de angustia no se dan solo en futbolistas profesionales, muchos niños van a los entrenamientos en sus equipos deportivos con la mentalidad de que ese es el medio para salir de la pobreza, para lograr la fama, para ayudar a sus familias y amigos económicamente. El argentino Dante Panzeri considera que esta situación reduce cada vez más la etapa de niños porque su mentalidad y sus preocupaciones pasan a ser muy grandes.
En este fútbol industrializado, hay muchos espectadores impacientes por el resultado, y no por el placer de disfrutar del juego del fútbol. Las apuestas son un negocio terrible, al apostar se dejan de lado las gambetas, los caños, las asistencias, las paredes, las conexiones, y solo se está pendiente del resultado final para saber si tuviste réditos económicos o no.
Hay una gran cantidad de torneos en disputa, los clubes quieren llenar sus vitrinas de trofeos, pero no hay un real interés por el buen juego. Basta con observar la final de la Champions donde un equipo con grandes figuras como el Real Madrid desempeñó un juego mediocre porque tras anotar un gol tuvo una actitud defensiva y se desentendió del arma fundamental, la pelota.
Como decía Johan Cruyff, el fútbol es más sencillo de lo que todos creen. Tanta burocracia y tanta tecnocracia alejan al fútbol de su esencia de juego y lo convierten en una industria del espectáculo.
A veces fútbol no es Messi ni Cristiano Ronaldo, sino el partido de los domingos entre amigos, jugando con el único fin de jugar. Como solía decir Eduardo Galeano en un refrán: “ganamos, perdimos, igual nos divertimos”.