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Francia anuncia vacuna contra el Covid-19

Dice que es «una luz al final del túnel». Otras potencias han lanzado anuncios sobre lo mismo. Estados Unidos dice tener una, más su salida al mercado demoraría varios meses.

Por Chachareros/AFP/BBC

 

La agencia de medicamentos de Francia autorizó el tratamiento sobre la base de cloroquina que promueve el infectólogo Didier Raoult en busca de contener el avance de la pandemia de coronavirus, aunque aclaró que eso solo se utilizará en pacientes hospitalizados.

El médico francés que asegura tener la cura contra el COVID-19. Alrededor de la pandemia provocada por el Coronavirus –o Covid-19—se ha creado otra ‘pandemia’ con respecto a quién o quiénes tienen ya enmuñecado el antídoto efectivo contra el virus mortal que tiene al mundo en suspenso.

Cuba asegura contar con un fármaco que es el ‘dulce veneno’ que acaba con este virus infernal. Lo mismo dice Japón. Y lo ha dicho desde un comienzo Israel. Entre tanto, en la ciudad de Wuhan, China, en donde se originó el fatídico virus en un mercado fétido y sin las menores medidas de higiene, no dice mayor cosa con respecto a la fórmula médica que ayuda a reducir a cero los contagiados y muertos.

Otra cura de burro

Por su parte el médico Tony García, nacido en Cuba y radicado en Perú, asegura haber logrado, mediante la unión dde viarios fármacos, una vacuna que combate de manera eficaz el virus que tiene al mundo aterrorizado. No está demás escucharlo.

Y el francés se mantiene firme con su tesis

Bill Gates el brujo

Bill Gates, uno de los hombres más rico del mundo, solo superado por Jeff Bezos, se anticipó cinco años a la pandemia que pondría a temblar a los más poderosos del mundo, obvio, menos a él, porque quien tiene la información tiene no solo el poder, sino el conocimiento exotérico superior al de los sabios indígenas y a las brujas antiguas. Desde cuando con su socio Paul Allen fundaron la empfresa de software Microsoft, dejaron tirados por el piso como bulgares pecuecos a los entonces más ricos del mundo. Y la revista Forbes tuvo que comenzar a mirar en ellos con mayor puntualidad. Y, desde luego, ser más amigos de los nuevos ricos de Estados Unidos. En 1994 se casó con Melinda Ann French, con quien tiene tres hijos y se ha convertido en la consejera, socia y principal confidente. Con todo el poder infinitivo en sus manos, es apenas natural que sepa muchas cosas que los demás mortales no tienen la menor idea que sucederán en un inmediano, mediano y lejano futuro.

 

El Monje bendito de la Plaza de San Pedro

Las principales agencias noticiosas del mundo no dejan de mencionar al monje que de manera sorpresiva apareció en la Plaza de San Pedro, en Roma, que estaba solitaria y bajo una pertinaz lluvia. De repente muchas personas, sobre todo damas, se le fueron acercando con paraguas y abrigos para protegerlo. Más lo que él quería era que lo escucharan. Y lo complacieron. Y lo siguen escuchando.

 

Donald Trump vs. Anthony Fauci

Cuando el presidente Donald Trump dice que «muy pronto» habrá una vacuna para el nuevo coronavirus, que un medicamento para la malaria cura el covid-19, que en Semana Santa todos van a haber vuelto al trabajo… los estadounidenses acuden a Anthony Fauci.

Anthonny Fauci, el único que se atreve a contradecir en público a Donald Trump. Y a veces lo deja como la suela de un zapato.

Experimentado médico con décadas lidiando con epidemias, Fauci se ha hecho famoso por aparecer en las ruedas de prensa de la Casa Blanca «matizando» lo que él mismo ha llamado el «optimismo» del presidente.

Sin confrontarlo, al menos en público, Fauci no ha dudado en decir lo que un científico tiene que decir: que la vacuna es difícil que llegue en menos de año y medio, que cualquier medicamento todavía no ha sido probado con los rigores que requiere la situación, que la agenda de reapertura de toda la marca el virus y no los políticos.

Y todo eso, delante del presidente y a veces justo cuando este había dicho lo contrario. Tan popular se ha vuelto que los días que no ha aparecido en la conferencia diaria de Trump cunde el pánico en redes entre los críticos del presidente: «dónde está Fauci», tuitean y retuitean.

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Médico de 79 años, Fauci fue jefe de inmunología en la red de Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. durante la epidemia de VIH/sida de la década de 1980 y, por ello, conoce de conflictos anteriores al provocado por el coronavirus.

Durante sus cinco décadas como investigador de asuntos médicos, Fauci tuvo que ser testigo de cómo se mancillaba su reputación profesional, escuchó los gritos de manifestantes que lo llamaron «asesino» y recibió bombas de humo lanzadas por la ventana de su oficina.

 

La agencia de medicamentos de Francia autorizó el tratamiento sobre la base de cloroquina que promueve el infectólogo Didier Raoult en busca de contener el avance de la pandemia de coronavirus, aunque aclaró que eso solo se utilizará en pacientes hospitalizados.

El médico francés que asegura tener la cura contra el COVID-19. Alrededor de la pandemia provocada por el Coronavirus –o Covid-19—se ha creado otra ‘pandemia’ con respecto a quién o quiénes tienen ya enmuñecado el antídoto efectivo contra el virus mortal que tiene al mundo en suspenso.

Cuba asegura contar con un fármaco que es el ‘dulce veneno’ que acaba con este virus infernal. Lo mismo dice Japón. Y lo ha dicho desde un comienzo Israel. Entre tanto, en la ciudad de Wuhan, China, en donde se originó el fatídico virus en un mercado fétido y sin las menores medidas de higiene, no dice mayor cosa con respecto a la fórmula médica que ayuda a reducir a cero los contagiados y muertos.

Cuando habla Trump, los periodistas vigilan los gestos de Fauci: algún momento en que no logra ocultar cierta incredulidad ya se ha hecho viral.

Sin embargo, también ha sido catalogado como el médico más reconocido de Estados Unidos y señalado de ser el hombre cuya compasión y serenidad ayudó al país a hacer enormes avances en el enfrentamiento de crisis de salud pública.

Y ahora, cuando el presidente estadounidense ya habla de que su país se encuentra en «pie de guerra» para combatir al covid-19, ha regresado a la primera línea incorporándose al grupo de trabajo de la Casa Blanca contra el coronavirus dirigido por el vicepresidente Mike Pence.

Le viene de familia

Nacido en la víspera de Navidad de 1940, de una familia de farmacéuticos italianos inmigrantes en Brooklyn, Anthony Fauci ya entregaba recetas cuando apenas «tenía la edad suficiente para andar en bicicleta», recordó el médico en 2002 a la revista de exalumnos de la Universidad Holy Cross (su alma mater).

En 1966, se graduó primero de su clase en el doctorado de medicina de la Universidad Cornell, cuya biblioteca ayudó a construir como parte de su trabajo de pregrado y para ganar dinero durante los recesos de verano.

A veces, cuando Trump sale con alguna de sus torpezas, Fauci parece decir «¡Ay Dios mío, trágame tierra!».

Después de una residencia médica, comenzó a trabajar en los Institutos Nacionales de Salud en 1968 en lugar de ser reclutado para luchar en Vietnam. Les llamaban «boinas amarillas» a los investigadores que se quedaron como Fauci.

Un punto de inflexión en su carrera llegó décadas después, relató él mismo, cuando un informe aterrizó en su escritorio el 5 de junio de 1981.

El documento describía la muerte de un paciente sano por una extraña neumonía que normalmente aparece en personas con cáncer. Pronto siguió otro informe que describía otras 26 muertes. Todos eran hombres homosexuales.

«Recuerdo haberlo leído muy claramente. Fue la primera vez en mi carrera médica que se me puso la piel de gallina. Ya no lo descarté como una curiosidad. Había algo muy mal aquí. Esto era realmente un nuevo microbio de algún tipo, actuando como una enfermedad de transmisión sexual», contó Fauci.

El sida

Como investigador médico, el trabajo de Fauci sobre la regulación del sistema inmunitario humano fue reconocido por ayudar a revelar cómo el virus del VIH destruye las defensas del cuerpo.

Dirigió los ensayos clínicos para el desarrollo de la zidovudina, el primer medicamento antirretroviral para tratar el sida.

Sin embargo, a medida que la epidemia se extendió por Estados Unidos en la década de 1980, se convirtió en el blanco de activistas enojados por la respuesta silenciosa del gobierno de Ronald Reagan ante la crisis y la falta de acceso a nuevos medicamentos.

Fauci se ha convertido en uno de los personajes más populares del país ya que no siempre dice exactamente lo que Trump quiere oír.

Los manifestantes tenían carteles afuera de las oficinas del gobierno que decían: «Doctor Fauci, nos está matando» y también fue increpado en televisión donde llegó a ser llamado “asesino”.

«Recuerdo mirar por la ventana de la oficina a la gente arrojar bombas de humo desde los jardines», dijo el médico en una entrevista de 2011.

En aquella oportunidad señaló que impidió que la policía arrestara a los activistas y pidió conversar con ellos.

Qué es la ley de Producción de Defensa que Trump invocó para obligar a las empresas a fabricar material médico en Estados Unidos.

Pasados los momentos difíciles, se elogió su compasión por aquellos que padecían sida.

El diario The New York Times lo llamó entonces «la principal celebridad del gobierno en la lucha contra el sida».

En 1984, fue nombrado director de la división de alergias y enfermedades infecciosas de los Institutos Nacionales de Salud, puesto que mantiene.

Fue galardonado con el más alto honor civil de los Estados Unidos, la Medalla Presidencial de la Libertad, en 2008.

Otra pandemia

La división de investigación que Fauci dirige ha supervisado estudios referidos sobre todo al sida, el asma y el virus del Ébola.

Ha asesorado a seis presidentes y ayudó a fundar una iniciativa de ayuda del gobierno de Estados Unidos de George W. Bush a favor de África.

Ahora se ha convertido en el «explicador en jefe» del gobierno de Trump ante el brote del covid-19.

Para los estadounidenses se ha convertido en una presencia confiable detrás del podio político en las reuniones sobre el coronavirus en la Casa Blanca.

Desde allí ha divulgado datos sobre la respuesta de Estados Unidos, explicando casi siempre desde la ciencia y, a veces, corrigiendo o ajustando las declaraciones del presidente Trump.

Por ejemplo, explicó que una vacuna para el covid-19 tomará al menos un año y medio para amortiguar la afirmación optimista de Trump de que una estaría lista «muy pronto».

El actual líder estadounidense, de quien se sabe que no le gusta que lo contradigan, a regañadientes le hizo un cumplido a su estilo a Fauci: «Es una gran estrella de televisión».

En una entrevista reciente ampliamente divulgada, Fauci le dijo a la revista Science que cuando se trata de dar al público información correcta sobre la pandemia hace lo mejor posible, pero admitió que no puede «hacer lo imposible».

«No puedo saltar frente al micrófono y empujarlo (al presidente Trump) hacia abajo. De acuerdo, dijo eso, pues intentemos corregirlo para la próxima vez».

 

 

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