Espionaje, uso indebido de software, violación ilícita de comunicación, y “chuzada” de datos informativos.
Por Chachareros, con apoyo de Terra
La Fiscalía General de la Nación le imputará cuatro delitos al ingeniero Andrés Fernando Sepúlveda, sindicado de ser el director de la sala de interceptaciones que, en palabras del fiscal Eduardo Montealegre, buscaba “sabotear y afectar” el proceso de paz.
Violación ilícita de comunicaciones, uso de software maliciosa, interceptación de datos informativos y espionaje son los cargos que se le imputarán en las próximas horas y por los cuales se solicitará medida de aseguramiento.
No obstante ha trascendido que en el momento de su captura, Sepúlveda expresó su voluntad de colaborar con la justicia para esclarecer los hechos, por lo cual no se descarta un posible preacuerdo con la Fiscalía.
Según el fiscal Montealegre, Sepúlveda vendía la información obtenida de las interceptaciones que realizaba a varios miembros del equipo negociador en La Habana, incluido el Presidente de la República.
Por su parte, la campaña del candidato a la Presidencia, Óscar Iván Zuluaga, reconoció que la empresa vinculada en el caso le ha prestado servicios publicitarios.
En un comunicado, la campaña de Zuluaga dijo que le causan «mucha preocupación» las informaciones sobre las operaciones de dicha empresa, a la vez que se desmarcó de cualquier relación con las mencionadas actividades.
«Cualquier actividad ilegal que se haya desarrollado en tal inmueble, en caso de existir, la reprobamos, esperamos resultados rápidos de las investigaciones y la máxima condena a los responsables», indica el comunicado de la campaña del Centro Democrático.
Hackers: ¿Criminales o ingeniosos?
A propósito del reciente escándalo del que es testigo el país, sobre las interceptaciones ilegales a las comunicaciones de los diálogos de paz y cuyo protagonista es un experimentado hacker, en este especial hablamos del significado de ese término y de los tipos de piratas informáticos.
Neal Patrick, un adolescente norteamericano contagiado por la fiebre informática de los años 80, hizo parte de un grupo llamado el 414s, conformado por jóvenes entre los 16 y 22 años que al igual que él, tenían mentes brillantes que usaron para “experimentar” en la insipiente red.
Su objetivo principal era ingresar a sistemas informáticos sin ser detectados y lo lograron. Irrumpieron en bancos, en laboratorios y centros médicos. Aunque lo hicieron por diversión, sus travesuras en la red empezaron a costarles varios miles de dólares a las víctimas de estos ataques.
Fue cuando el grupo de Patrick empezó a ser reconocido y tuvo un amplio despliegue mediático pues eso de ingresar sin permiso a los sistemas informáticos de importantes corporaciones, era una práctica de la que poco se conocía.
El FBI fue tras ellos, los descubrió, los procesó y los hizo pagar por los daños que causaron. Fue cuando el 5 de septiembre de 1983, la revista Newsweek puso en su portada a Patrick y lo describió ‘Hacker’, un criminal informático. En adelante, el término se popularizó.
La palabra hacker genera mucha controversia pues ese significado extendido que se les ha dado como criminales se ha institucionalizado. El significado real para un hacker es que se trata de una persona apasionada por el conocimiento, por aprender cosas nuevas y que utiliza su ingenio para lograr algo difícil.
Anteriormente, un hacker era una persona que trabajaba de manera clandestina y bajo sus propias ideologías y motivaciones. Ahora, muchos están organizados en grupos bien definidos, muchos de ellos con ánimo de lucro trabajando para otros.
¡Ahí está la maldad!
Hoy, 500 años después, el hackers al comienzo era visto como un muchacho pilosísimo, estudioso, inteligente, apasionado, y en sus familias, casi siempre adineras, se les tenía como la joya de mostrar en las reuniones sociales (¡tremenda joyita!). Usan su inteligencia para la maldad. Y venden la información hurtada a altos precios y al mejor postor, como cualquier JJ Rendón, porque todos están cortados por la misma tijera.
En Estados Unidos, donde se ha llevado a cabo el más alto desarrollo tecnológico en materia de telecomunicaciones e informática, se dieron cuenta del potencial que tendrían contando con un genial hackers a sus servicios. Y empezaron a contratarlos. Y les pagan un jurgo de dólares, simplemente para que le sigan los pasos a sus antiguos socios o colegas para ver en qué andan y hacia dónde van.
Los hackers han sido clasificados en tres tipos: los de sombrero negro, que son aquellos “villanos” de la red, que ingresan de manera ilegal a los sistemas informáticos, con el fin de causar un gran daño, espiar y lo hacen con pura malicia.
Los de sombrero blanco, son aquellos que son capaces de penetrar en los sistemas computacionales para encontrar puntos vulnerables. Los de sombrero gris, que son una mezcla entre los blancos y los negros y que tienen una ética ambigua, son quienes intentan lucrarse encontrando puntos vulnerables en la red y ofreciendo sus servicios para cubrirlos.
Finalmente, los Script Kiddies que son los más amateur en el hackeo y lo realizan utilizando programas escritos, sin entender muy bien qué es lo que están haciendo y que generalmente no causan mayor daño.
El otro lío en el bando contrario
Lo del hackeo de Sepúlveda y compañía es fresco. De Ahora. Lo de J.J. Rendón, el supermán de las asesorías propagandísticas en las campañas presidenciales viene de 2010, cuando el Presidente Santos se lanzó por primera vez.
El suceso lo denuncia el bando uribista –como tenía que ser, para corresponder a un libreto montado por los genios del nuevo teatro político, José Obdulio, Fabio Echeverrí y Fernando Londoño. Dicen estos tres genios de la maldad, no por su propia boca sino a través de la de su jefe Álvaro Uribe y uno que otro testaferro, que el señor Javier Antonio Calle Serna, alias Comba, preso en una cárcel de Estados Unidos por narcotráfico, entregó 12 millones de dólares a Rendón. Rendón dice que a él no le dieron esa plata. Quien la recibió fue Germán Chica, también alto ejecutivo de la campaña santista. Uribe asegura que de la campaña del 2010 Santos y sus muchachos se volaron todos los topes y quedaron debiendo 2 millones de dólares. De ahí la presunta urgencia del acercamiento con los Combas. Éstos se comprometían a que, si recibían un trato favorable de parte de las autoridades norteamericanas, ellos entregaban nombres de otros capos, capitos, traquetos, traqueticos, rutas, cocinas, sitios de cultivos, logística de transporte.
De eso nada se ha comprobado. De los 12 millones de dólares nadie le ha visto siquiera un ojo a George Washington. Todo es un misterio. Todos son rumores. Algo similar a lo que ocurrió en la víspera de la elección de un Fiscal General. Según el cuento que corría por los pasillos del Palacio de Justicia, Casa de Nariño y Capitolio, era que un popular abogado costeño andaba afanado de celda en celda reuniendo dizque 5 millones de dólares “para garantizar la elección del Fiscal que nos conviene a todos”. ¿Para quién era esa plata? Nunca nadie supo explicar. En todo caso por culpa de esa situación se asegura que el capo Macaco entró en cólera y amenazó con prender el ventilador tan pronto llegara a una Corte de Estados Unidos. Juró que al primero que se llevaría en los cachos sería a quien los traicionó pintándoles pajaritos de oro en la entrega, al travieso abogado que presuntamente se quedó con buena parte de los dólares del mandado, y a un congresista costeño a quien Macaco le prestó, por intermedio de un hermano del Congresista que en esos tiempos revoloteaba por los llanos orientales, 3 millones de dólares que se perdieron en el listado de cuentas no pagadas.