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Fila para no enfilarse

La libreta militar, un documento de poco uso hoy en día pero que sigue siendo muy solicitado.

Por Chacharero

Hace más de una año quería solucionar mi situación militar. Tenía 22 años y estaba a punto de graduarme como Ingeniero Industrial. No es que necesitara la libreta militar para graduarme, porque, aprovecho para informar a los despistados o desinformados, esta ya no se necesita. Y para trabajar solo para cargos públicos, aunque empresas que tengan aún esa política la ley les da un plazo de 17 meses para que lo solucionen.

La cuestión fue que al tratar de solucionar mi situación salí con una multa de 10 salarios mínimos. Ahí entendí porqué este país está tan atrasado, no voy a comentar lo ilógico del asunto, porque es evidente nada más con calcular la millonada de plata que según eso quedé debiendo. Acto seguido, descartando opciones, puse derecho de petición y la respuesta fue la misma. Me quedaban dos opciones: pagar más de 8 millones de pesos con libreta incluida o prestar servicio por más de un año, entiendo que para alguien que no ha estudiado o quiere ser parte de este mundo no es la gran cosa, pero para alguien que tiene otras metas es un retroceso importante.

Pasó un año y la noticia de una brigada de amnistía llegó, de pronto apareció la posibilidad milagrosa que había estado esperando. Las condiciones son las siguientes y téngalas muy en cuenta si quiere hacer la fila más larga de su vida:

A los que sean mayores de 24 años y sean remisos o tengan la multa como yo, les sugiero presentarse porque la libreta les saldrá por 111 mil pesos. Los que sean menores de 24 pero tengan la excepción por ley también se pueden presentar, los demás mi consejo es que no lo hagan porque la respuesta más probable que van a recibir es un no.

El proceso comenzó

Día 1

Llegué a la fila en la Plaza de la Paz a eso de las 6:20 a.m. Esperaba encontrarme un máximo de 50 personas, pero la sorpresa es que ese número se multiplicó considerablemente y eran más de 700 personas la que estaban ya formadas. De todas maneras, ya estando allí, tenía la esperanza de salir de eso el mismo día.

Se los digo por experiencia, si no estás dentro de los primeros 600 lo más probable es que no te alcancen a atender. Si hubieran unas 50 personas atendiendo el proceso de documentación, tal vez la historia sería distinta, en mi caso eran unos 25 como máximo.

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A las 8 am estábamos esperanzados porque la fila la verdad iba bastante rápida, pero lo cierto es que ese supuesto avance era mentira, puesto se estaba formando una especie de serpiente para la entrada al auditorio de la Plaza de la Paz. Lo increíble de esto es cómo la atmósfera cambió en esos momentos, los comerciantes no se hicieron esperar, empezando por la venta de carpetas, bebidas y al medio día hasta almuerzos se vendían, y según los propios comerciantes fue la oportunidad perfecta para cuadrarse, puesto los días anteriores había llovido imposibilitando así el trabajo informal.

A las 3 de la tarde la serpiente en que se había transformado la fila se diluyó  y se convirtió en una pequeña masa de personas. Y todo esto ocurrió porque realmente no había una logística preparada por parte del Ejército colombiano, puesto ya a esa hora no sabíamos si íbamos a entrar o no, ni sabíamos qué iba a pasar al día siguiente. Recuerdo que me acerqué a un Cabo y lo que me respondió fue que cada uno era responsable de su puesto. Típica respuesta autómata de alguien formado en la mencionada institución.

A esa hora todavía habían unas 300 personas por delante de mí, así que sabía que no tenía nada que hacer allí. Por cuestiones de la vida con los compañeros que hice fila creamos un grupo por WhatsApp y cuando estaba descansando en la casa después de un día duro de calor y mucha paciencia, a eso de las 6:45 pm escribieron que iban a dar manillas para el próximo día. No lo dudé y regresé de inmediato a la Plaza de la Paz, cuando llegué para mi sorpresa estaban dándolas por una lista en la que improvisadamente los propios de la fila hicieron al medio día, pero que yo no pude anotarme porque estaba almorzando, así que lo que me tocó hacer fue anotarme en otra lista que resultó siendo una de las últimas por recibir manilla. Me terminó tocando la manilla número 1456.

Día 2

Llegué a la Plaza de la Paz a las 7:30 am y vi que habían dos filas ya formadas, una de las personas que habían llegado apenas ese día y otra con lo que ya tenían manilla, quienes se acomodaban según sus números, ya los del primer día traían sillas y sombrillas para soportar de manera más amena la larga espera.

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Lo bueno de ese día es que aproximadamente una hora y media después un sargento se nos acercó y dijo que ese día iban a atender hasta el 1200 y haciendo mis cuentas coincidían con el número de personas que habían atendido el día anterior, por lo que regresé a casa.

Día 3 y 4

Otra vez a las 7:00 am volvía a estar en la fila, lo primero que pregunté es que por cuál número iban, y me respondieron que atendieron hasta el 1100, por lo que faltaban 356 por delante de mí. Cualquier avance de la fila era esperanzador, con los compañeros de fila aprovechábamos para contar nuestra situación, leer e incluso llenar un sudoku. Realmente el drama del asunto no es hacer las largas filas, si no saber si es posible aplicar a esa amnistía. En mi caso al entrar todo fluía bastante rápido, pero tuve un inconveniente con un documento, por lo que tuve que volver el día siguiente, menos mal que ya sin hacer esa angustiosa fila.

Después de ese largo proceso en mi caso logré sacar mi libreta, una libreta que hoy en día ya no debería ser ni pedida, pero bueno ellos saben que aún sigue siendo un buen negocio, pero en mi opinión es un negocio que deben mejorar, sobre todo en este tipo de convocatorias que era un llamado a casi toda la región Caribe colombiana en la que debieron tener en primer lugar una organización logística que permitiese un filtro de los aptos y no aptos, el tema de las manillas implementarlo desde un comienzo para que cada uno tuviese apartado su lugar.

En convocatorias de esta envergadura por lo menos asignar al menos 50 personas para atención. Otra de las medidas es que hagan una especie de pico y placa con los últimos dígitos de la cédula y lógicamente que hagan lo que hicieron el último día y poner un filtro previo, para agilizar la gestión administrativa y a su vez la fila.

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