Por: Francisco Figueroa Turcios
En los 80 años de la Escuela Normal de Corozal, Sucre, Felipe Paternina Payares, acordeonero y licenciado en matemáticas es uno de los referentes de la promoción del año 1973, un grupo de estudiantes que convirtió el sueño universitario en una realidad y la vocación pedagógica en un proyecto de vida.
Hay vidas que se escriben con palabras, otras que se cuentan con números y algunas que encuentran en la música la mejor manera de narrarse. La de Felipe Paternina Payares —el nombre de un hombre que ha transitado por esos tres universos— parece escrita sobre un pentagrama en el que las matemáticas y el acordeón aprendieron a conversar sin desafinar.
Mientras los dedos de Felipe Paternina descubrían los secretos del acordeón, su inteligencia buscaba las fórmulas que explican el mundo. Y mientras el músico conquistaba un lugar en el universo vallenato, el educador encontraba en las aulas la oportunidad de demostrar que los números también pueden cantarse, jugarse y convertirse en una aventura para el conocimiento.
Esa singular combinación de talentos tiene una historia que conduce hasta la Escuela Normal de Corozal, institución que celebra 80 años de existencia formando generaciones de docentes y dejando huellas profundas en la educación de Sucre y el país.
En ese recorrido, la promoción de 1973 ocupa un lugar especial. Felipe Paternina es uno de sus referentes, no solamente por su trayectoria musical, sino también por haber representado una generación que entendió la educación como una puerta para transformar sus vidas.
El camino hacia la Normal…
Antes de vestir el orgullo de ser estudiante de la Escuela Normal de Corozal, Felipe Paternina tuvo que recorrer varios caminos académicos. Comenzó sus estudios en el Preseminario Cristo Rey y posteriormente pasó al Liceo Carmelo Percy, donde cursó hasta tercero de bachillerato. Después tuvo que completar cuarto en otra institución educativa, antes de conseguir el ingreso a la Normal.
Su llegada no fue la de un muchacho que apenas comenzaba a descubrir sus inclinaciones. Para entonces, el acordeón ya formaba parte de su vida y había logrado abrirse camino en el ambiente musical. Tenía una agrupación y empezaba a construir un nombre entre quienes encontraban en el vallenato una manera de expresar los sentimientos y contar las historias de su tierra.
La música, por tanto, no apareció después de la escuela ni fue un pasatiempo nacido en los años de la universidad. Era una compañera que lo acompañaba desde antes de ingresar a la institución donde terminaría de consolidar su formación académica.
En la Escuela Normal Superior de Corozal, Sucre, Felipe Paternina encontró, además, una generación de compañeros con quienes compartió sueños, expectativas y la ambición legítima de conquistar un título universitario. Entre los nombres que recuerda con especial orgullo están Santi Martínez, Silvio Guarín, Jaime Garcìa Garcìa y Luis Eduardo Rojas.
Al mirar hacia atrás, Felipe Paternina no habla de aquella promoción únicamente desde la nostalgia. La recuerda como una generación de estudiantes que se propuso avanzar y que encontró en la educación una herramienta para alcanzar sus metas. – Para mí es un orgullo ser exalumno de la Escuela Normal de Corozal, de la promoción de 1973, porque estudié con unos compañeros llenos de entusiasmo y ambición. Tan es así que todos los de la promoción cumplimos el sueño universitario: fuimos profesionales en Pedagogía y otros en distintas áreas- , destaca Paternina.
En sus palabras hay algo más que el recuerdo de los años juveniles. Está la satisfacción de pertenecer a un grupo que entendió que el bachillerato no tenía por qué ser la última estación del viaje, sino el punto de partida hacia nuevos horizontes profesionales.
Cuando las matemáticas se encuentran con el acordeón
Felipe Paternina escogió la Licenciatura en Matemáticas, una decisión que podría parecer distante de su condición de músico si se mira desde afuera. Para él, sin embargo, ambas disciplinas comparten un territorio común: el de las estructuras, las proporciones, los patrones y la armonía.
Los números no le resultaban ajenos al universo musical. Por el contrario, encontraba entre ellos una relación que alimentaba su curiosidad y le permitía comprender mejor dos de las grandes pasiones de su vida. -Las matemáticas tienen una relación íntima con la música y eso me llamó mucho la atención-, explica Felipe Paternina sobre la relación entre la música y las matemáticas.
Felipe Paternina, estudió la Licenciatura en Matemáticas mediante el plan extramural de la Universidad de Córdoba. Más adelante amplió su formación con una especialización en Lúdicas de la Educación, una preparación que le permitió explorar otras maneras de acercar el conocimiento a los estudiantes.
La elección de esa especialidad no fue un asunto menor. Felipe Paternina había comprendido que enseñar no consistía solamente en escribir fórmulas en un tablero y esperar que los alumnos las reprodujeran en sus cuadernos. También significaba encontrar caminos para despertar la curiosidad, vencer los temores y convertir las dificultades en oportunidades de aprendizaje. Y allí volvió a aparecer la música.
Un maestro que también enseñaba a través de las canciones
Video: Felipe Paternina explica la relación entre las matemáticas y la música
Durante 44 años, entre 1974 y 2018, Felipe Paternina ejerció la docencia en la institución educativa Gabriel García Márquez. Fueron más de cuatro décadas frente a generaciones de estudiantes, compartiendo conocimientos, experiencias y una manera particular de entender la enseñanza.
En sus clases, la música podía convertirse en una aliada de las matemáticas. Las canciones, los juegos y los poemas ofrecían recursos para hacer más comprensibles algunos conceptos y facilitar el aprendizaje.
Su especialización en Lúdicas de la Educación le dio herramientas para desarrollar esa vocación pedagógica desde una perspectiva creativa. – Casualmente, en mi especialización en Lúdicas de la Educación se incluye todo lo relacionado con facilitar el aprendizaje de las matemáticas a través de juegos, canciones y poemas-, señala Felipe Paternina.
Así, el acordeón y el tablero dejaron de parecer instrumentos de mundos separados. En uno, Felipe Paternina organizaba melodías; en el otro, ayudaba a sus estudiantes a descubrir relaciones numéricas. En ambos escenarios necesitaba paciencia, disciplina, sensibilidad y la capacidad de encontrar el orden que muchas veces permanece escondido detrás de lo que parece difícil.
La música le ofrecía una forma de despertar emociones. Las matemáticas, una oportunidad para desarrollar el razonamiento. La docencia le permitió reunir ambas posibilidades en un mismo propósito: enseñar.
Una promoción que sigue sonando
Foto: Felipe Paternina y Juan Castillo, rector escuela Normal
Al cumplirse ocho décadas de historia de la Escuela Normal de Corozal, evocar a sus antiguos estudiantes significa reconocer que la importancia de una institución educativa no se mide únicamente por los años que aparecen en su calendario. También se mide por las vidas que contribuyó a formar, los profesionales que ayudó a preparar y las huellas que sus egresados dejaron en la sociedad.
La promoción de 1973 tiene en Felipe Paternina una historia que reúne varios de esos valores. El músico que ya tenía una agrupación cuando llegó a la Normal, el estudiante que conquistó un título universitario, el licenciado que convirtió su pasión por los números en una profesión y el docente que permaneció 44 años en las aulas representa una manera de entender la formación como un proceso que no termina al recibir un diploma.
Su recorrido también recuerda que los sueños pueden convivir sin excluirse. No tuvo que renunciar al acordeón para estudiar matemáticas ni abandonar la docencia para conservar su identidad musical. Encontró la manera de hacer que cada vocación alimentara a las otras.
En la vida de Felipe Paternina, las matemáticas tienen sus fórmulas, la música sus melodías y la educación sus lecciones. Pero las tres comparten una misma aspiración: dejar algo que permanezca después de que termine la última clase o se apague la última nota.
Por eso, cuando la Escuela Normal de Corozal celebra sus 80 años, la historia de Felipe y de sus compañeros de promoción merece volver a escucharse. Porque hay generaciones cuyo paso por las aulas no se queda guardado en una fotografía amarillenta ni en un diploma conservado en casa.
Permanece en los estudiantes que aprendieron, en los profesionales que se graduaron y en los caminos que se abrieron gracias a la educación. Y en el caso de Felipe Paternina, esa memoria tiene música propia: la de un acordeón que nunca dejó de sonar, incluso cuando el maestro estaba frente al tablero, buscando entre los números la armonía necesaria para enseñar.
Silvio Guarín, Santi Martínez, Jaime Garcìa y Luis Eduardo Rojas: cuatro huellas de la Escuela Normal…
A Silvio Guarin, Santi Martínez, Jaime Garcìa y Luis Eduardo Rojas, el destino los llevó por caminos diferentes. A unos los llamó el deporte; a otros, el periodismo, la política o las luchas sindicales. Cada uno escogió su propia ruta para abrirse paso en el mundo, pero hay un lugar al que todos regresan cuando evocan los años que marcaron sus vidas: la Escuela Normal de Corozal, Sucre, la institución que los reunió en las aulas y los convirtió en compañeros de una historia que todavía palpita en sus recuerdos.
En la promoción de 1973, de la que Felipe Paternina es uno de sus egresados más destacados, también germinaron las historias de Silvio Guarín, Santi Martínez, Jaime Garcìa Garcìa y Luis Eduardo Rojas. Cuatro hombres que, desde distintas trincheras, construyeron sus propios capítulos de vida sin desprenderse de aquella raíz común que los identifica: el orgullo de haber pasado por las aulas de la Normal.
Hoy, cuando la institución se dispone a celebrar sus 80 años de historia, sus testimonios adquieren un significado especial. No son únicamente recuerdos de juventud; son declaraciones de gratitud a una escuela que contribuyó a forjar sus personalidades y a sembrar valores que los acompañarían durante el resto de sus vidas.
Silvio Guarín: el béisbol como camino
El béisbol fue uno de los escenarios en los que Silvio Guarín encontró la oportunidad de demostrar sus condiciones. Su recorrido por los seleccionados de Sucre y Antioquia le permitió escribir una página propia en el deporte, llevando consigo las enseñanzas y los recuerdos de aquellos años de formación.
Sin embargo, cuando mira hacia atrás, su balance va más allá de los resultados deportivos. En su memoria permanecen las jornadas educativas, las actividades sociales, las competencias y la amistad compartida con sus compañeros. Silvio estudió en la Universidad de Medellín Administración Educativa.
«El haber hecho parte de esta gran promoción en la Escuela Normal representa para mí la gran fortuna de compartir y vivir con todos esos maravillosos amigos las diferentes actividades educativas, deportivas y sociales de la época», recuerda Guarín.
Su reflexión tiene la serenidad de quien entiende que el tiempo transforma los escenarios, pero no necesariamente los afectos.- Representa también un pasado lleno de grandes vivencias, donde el respeto y la camaradería eran una constante. En fin, representa una época donde el compañerismo y la formación académica fueron la base para ser las personas que hoy somos-, agrega Silvio Guarin.
En sus palabras, la Escuela Normal superior de Corozal, no aparece simplemente como el colegio donde estudió. Es el lugar donde la amistad se convirtió en una forma de convivencia y la educación comenzó a echar raíces que resistieron el paso de los años.
Santi Martínez: de la palabra deportiva a la arena política
Santi Martínez encontró en la palabra una herramienta para abrirse camino. Su paso por el periodismo deportivo en Medellín lo llevó a trabajar al lado de Múnera Eastman, reconocido narrador antioqueño, en un oficio donde la voz, la emoción y la capacidad de contar las hazañas deportivas son esenciales.
Santy Martínez, es licenciado en español y literatura de la universidad de Medelin. Más tarde logró estudiar abogacía en la misma universidad en la capital de Antioquia. Especialista en Derecho Administrativo de la Universidad Pontificia Bolivariana. Santi, cambió la docencia por los micrófonos y más tarde incursionó en la arena política. Fue elegido concejal de Medellín durante cinco períodos consecutivos y posteriormente llegó a la Asamblea de Antioquia como diputado.
En esa trayectoria, la comunicación y el servicio público encontraron un punto de encuentro. La palabra que antes narraba las emociones del deporte pasó también a convertirse en instrumento de representación política.
Pero cuando Martínez vuelve la mirada hacia 1973, reconoce que una parte fundamental de su historia comenzó mucho antes de los escenarios públicos, en las aulas de la Escuela Normal de Corozal.
«Pertenecer a la promoción 1973 de la Escuela Normal significa haber sido formado en la mística de las Hermanas Misioneras de la Consolata y en la disciplina que nos forjó como hombres recios y fuertes, como canta nuestro himno del maestro Pedro Salcedo y el doctor José Elías Cury Lambraño».
Su reflexión trasciende la nostalgia y se convierte en una reivindicación de los principios que, según afirma, marcaron a su generación.
«Para mi promoción, la Normal no fue solo un colegio. Fue el lugar donde aprendimos que la palabra tiene poder, que una historia bien contada puede cambiarle la vida a un niño y que la oratoria no es para presumir, sino para defender deberes y derechos con heroica abnegación».
En esas palabras se encuentran el periodista, el político y el antiguo estudiante que reconoce en su formación escolar una de las raíces de su pensamiento.
Y al mirar los 80 años de la institución, Martínez deja una reflexión que resume su manera de entender la vocación de enseñar y servir:
«Hoy, 80 años después, Corozal sigue siendo tierra de maestros porque la Normal nos enseñó que el maestro no es el que más sabe, sino el que más sirve».
Jaime García : entre la vocación de enseñar y el poder de informar..
La docencia y el periodismo fueron los dos caminos por los que Jaime García García decidió transitar, dejando su propia huella en una generación de egresados que aprendió en la Escuela Normal de Corozal que la educación no termina cuando se abandona el salón de clases: continúa en cada persona a la que se enseña, en cada historia que se cuenta y en cada aporte que se hace a la sociedad.
Como integrante de la promoción de 1973, Jaime García comparte con sus compañeros el orgullo de pertenecer a una generación que encontró en la formación recibida una base para construir su proyecto de vida. Su recorrido por la docencia y el ejercicio periodístico representa dos maneras de servir: formar ciudadanos a través de la enseñanza y mantener informada a la comunidad mediante la palabra escrita o hablada.
Al evocar sus años en la institución, su reflexión está atravesada por la gratitud y la responsabilidad que, a su juicio, implica llevar el sello de aquella promoción.
«Es un gran orgullo pertenecer a la promoción de 1973 de la Escuela Normal de Corozal, un legado que heredamos con mucha responsabilidad por parte de toda la promoción. Nos sentimos honrados porque aportamos a la docencia y al periodismo nuestro aporte a la sociedad», destaca Jaime García García.
Su testimonio se suma a las voces de Silvio Guarín, Santi Martínez y Luis Eduardo Rojas, compañeros de promoción que también construyeron sus propias historias en el deporte, el periodismo, la política y el sindicalismo.
Así, cuando la Escuela Normal de Corozal celebra sus 80 años, Jaime García García representa otra de las facetas de una generación que convirtió la formación académica en una herramienta de servicio. Porque enseñar e informar, aunque son oficios diferentes, comparten una misma responsabilidad: contribuir a que la sociedad conozca, comprenda y transforme su realidad.
Luis Eduardo Rojas: el gol y la lucha sindical
Foto: Zaida Figueroa y Luis Eduardo Rojas
La historia de Luis Eduardo Rojas también tiene sus propios escenarios. En las canchas de fútbol se destacó como un centro delantero letal, de esos que encuentran en el gol la manera de dejar su firma en un partido.
Pero su vida no quedó limitada a los límites de una cancha. Rojas alcanzó notoriedad como presidente de la Asociación de Educadores de Sucre, ADES, desde donde participó en las luchas sindicales del magisterio.
El fútbol y la actividad sindical parecen mundos distantes, pero ambos exigen carácter, convicción y capacidad para defender una causa. En su recorrido, Rojas dejó huellas en esos dos espacios sin perder el vínculo emocional con la institución donde compartió una etapa decisiva de su juventud.
Cuando se le pregunta qué significa ser normalista de la promoción de 1973, su respuesta es breve, pero contundente. «Ser normalista de la promoción 1973 es lo máximo. La Escuela Normal está en mi corazón», enfatiza.
No necesita más palabras. En esa frase caben los recuerdos de los compañeros, las lecciones recibidas, los sueños de juventud y la gratitud hacia una institución que continúa ocupando un lugar privilegiado en su memoria.
Silvio Guarín, Santi Martínez , Jaime Garcìa y Luis Eduardo Rojas tomaron caminos distintos. El béisbol, el periodismo , la política, el fútbol y el sindicalismo fueron algunos de los escenarios donde construyeron sus trayectorias. Sus historias son diferentes, pero comparten una misma referencia sentimental: la Escuela Normal de Corozal.
.
