El cartagenero de 24 años es ya uno de los concertistas más importantes del país. Hace dos décadas tenía fama mundial en los timbales. Crónica de cómo soltó las baquetas y se fue a volar con las blancas y negras del piano.
Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general
Está en el camerino del Amira de la Rosa. Viste un impecable traje negro de gala. Reposa junto a su familia y admiradores que vienen a saludarlo, a felicitarlo. Acaba de dar un concierto de lujo por invitación de la Corporación Luis Carlos Nieto Arteta, Clena, por sus siglas, para celebrar los 20 años de la institución.
De derecha a izquierda: Christian Del Real, el periodista Rafael Sarmiento Coley (director de Lachachara.co), Miguel Iriarte (director de la Biblioteca Piloto del Caribe), Kelly Pozo y la periodista Allison Guerrero.
«Hemos acertado», dice con emoción Miguel Iriarte, director de la Bibliobeta Piloto del Caribe, que hace parte de la Clena. Iriarte fue el responsable de gestionar el concierto del pianista. «¿Christian Del Real toca el piano?», preguntó cuando se lo recomendaron para esta celebración. «Y es uno de los mejores de Colombia», le respondió un experto en la música, Jorge Marín Vieco, que ostenta la franquicia exclusiva de los pianos Steinway para el país.
Iriarte empezó desde aquel momento a seguir la pista de sus estudios, de sus conciertos, de sus premios. Y descubrió, como nos pasa a casi todos los que lo habíamos visto hace 20 años con las baquetas en mano, que aquel niño timbalero es hoy un pianista excelso, de los más promisorios de su generación. Se graduó Summa Cum Laude en la Universidad Corpas de Bogotá; en la capital ganó el Festival internacional de piano en 2013, y un año antes había obtenido el primer premio en el concurso nacional de piano UIS de Bucaramanga, «máximo galardón otorgado a pianistas jóvenes colombianos». Se ha presentado en Francia, España, Italia. Los entendidos lo consideran como uno de los más aventajados intérpretes del profundo Frederich Chopin.
«¡Mira cómo agita su mano abierta!, es para pedirle al piano que le responda, que alargue su nota», invita Iriarte a ver otro de sus gestos. Agita su mano como un eterno enamorado. En su nuevo instrumento Del Real reconoce que los gestos son una búsqueda llena de contrastes, de sumisión y de altivez, una persecución amorosa y un encuentro del sentimiento que ahora la música le brinda. «El público lo siente, porqué él lo permite, deja que veamos cómo va detrás de cada nota, cómo describe sus emociones, su diálogo íntimo y natural».
Su carrera musical está en ascenso. Podría haber conquistado la salsa o cualquier otro género popular que quisiera. Ya había empezado a hacerlo desde niño. Pero tomó un destino distinto: el de los briosos caballos que un día se fueron a volar como los alcatraces. Y cuando Christian Del Real ejecuta el piano nosotros volamos con él.