En medio de la confrontación entre el Esmad y esos ‘saboteadores’ se escucharon verdades que mucha gente escuchó pero que pocos quieren oír.
Por: Victor Herrera
La protesta colectiva de varios centenares de alumnos de la Universidad del Atlántico, con los rostros descubiertos cantando: “..Allí están, esos son los que venden la nación…” o gritando: “..Fuera Corruptos…” y tirando bolsas de agua hasta conseguir sacar a los políticos del campus universitario.
“Desadaptados”, “Vándalos” y “Saboteadores” fueron algunos de los epítetos utilizados contra los estudiantes que participaron en la movilización al interior de la Universidad del Atlántico que terminó con el desalojo de los políticos citados para la ceremonia de inicio formal de la denominada RAP, a la que, por cierto, ellos – los alumnos – no fueron invitados.
Sin embargo, reflexionando sobre el contexto de lo acontecido encontramos que realmente fue una imprudencia, por decir lo menos, de quienes organizaron el evento allí. Pues los estudiantes – no solo en esa universidad si no en otras en la ciudad y el país – habían estado protestando desde hacía varios días porque consideraban que el Presupuesto General de la Nación, que se discutía precisamente en el Congreso de la República, atentaba mortalmente contra la subsistencia de la educación pública superior. Y, justamente, apenas unas horas después de aprobado definitivamente ese presupuesto que les afecta, trataron de imponerles la presencia en su recinto académico de gran parte de los parlamentarios que lo ratificaron – representados en la denominada “Bancada Costeña” y en los miembros de la Comisión de Ordenamiento Territorial del Senado – lo cual era algo más que una afrenta, casi una provocación. Un viejo refrán enseña que “En casa del ahorcado no se menciona la soga”, pero es que en esto fueron más allá: ¡les llevaron a su casa a los verdugos, justo el día del sepelio!
Y, segundo: Que los estudiantes consideren su recinto académico como algo tan sagrado hasta el punto de sentirse indignados por el ingreso de aquellos representantes de una clase política que hoy se encuentra en su nivel más alto de corrupción y desprestigio (cosa que creemos la mayoría de los colombianos, de acuerdo a las encuestas) denota un sentido de pertenencia hacia su universidad no solo inusual sino hasta cierto punto plausible.
Finalmente, dos temas más ha desnudado este episodio: Los estudiantes no han olvidado del todo el suceso político de la imposición de un rector diferente al que ellos habían elegido en sus consultas internas (y que fue posesionado cuando ellos estaban de vacaciones) que revive ahora al aproximarse la elección de representantes académicos. Y, lo otro, la falta de socialización del asunto de Región entre los estudiantes de la Costa que conciben – como muchos ciudadanos de a pie – que esto de la autonomía y de la RAP no es sino más de lo mismo pero con una nueva fórmula. O como decían nuestros mayores: La misma lavativa pero con diferente cánula.