Este hombre, que por las mañanas se acicala la corbata, también se acicala la máscara de cada día. El simulacro lo convierte en triunfador.
Por Jorge Guebely
A este hombre poco le importa el deterioro de su rostro, si su antifaz tiene brillo. Puede ser lobo, pero se presenta como oveja. Puede ser ególatra, pero se presenta como generoso. Verdadera personalidad del capitalismo salvaje tercermundista.
Se sirve de todas las argucias, especialmente, las jurídicas. Sabe que ninguna corrupción es cierta, si no la dictamina un juez. “Todo ciudadano es inocente hasta cuando no se le demuestre lo contrario”. Su realidad es jurídica, no humana; para él, Leonidas Bustos es un paradigma ciudadano hasta cuando la Comisión de Acusaciones decida lo contrario. Como Musa Besaile y tantos otros, paga por el prestigio de su máscara.
Su dinámica es la voracidad. Para morder mejor, ondea la máscara amable y oculta el rostro monstruoso. A veces, es Gustavo Moreno, el corrupto fiscal anti-corrupción. Otras, Carlos Gustavo Palacino quien utilizaba indebidamente los recursos de la salud. O Piedad Zuccardi, la baronesa electoral entroncada con paramilitares de Córdoba. Proteico, este hombre, como el virus del SIDA, se camufla en distintas máscaras de la economía y la política, su “modus vivendi” preferido, para promover la decadencia humana nacional.
Sus máscaras suelen caerse en plena plaza pública. En el ejercicio de su apariencia, estalla la deshonestidad como una vesícula de pus. Hombres arrumados en torno al carisma de un líder mayor. La deshonrosa lista es larga y los líderes mayores son pocos. Uribe cobija a Andrés Felipe Arias, a Mario Uribe, a Sabas Pretelt… Y Vargas Lleras, quien abjura hábilmente de su partido, ha cobijado peligrosos delincuentes como “Kiko” Gómez, Oneida Pinto, Álvaro Cruz… Y los nombres de Musa Besaile y el “Ñoño” Elías honran el liderazgo de Santos. Y hasta una izquierda ha contado con los hermanos Moreno Roja y Luis Garzón. Difícil futuro de los colombianos por estar en manos de una mafia oficial, tan peligrosa por su estatus de corruptos legales.
El peor peligro está por venir con la mascarada del voto. Este hombre, el que no ha recibido aún ningún dictamen de juez alguno descalificando su honestidad, irá a las plazas públicas a promover su máscara. Perfidia que sólo es neutralizable con la conciencia ciudadana y la sensatez humana. “Los impostores no necesitan estudiar… -afirmaba Thomas Hobbes-, les basta servirse de la ignorancia, la estupidez y la superstición, de la multitud”. El momento de reducir la estupidez llegará en las próximas elecciones.