Esteban Javier Eijo es un argentino de Tucumán que llegó hace seis años a Jerez de la Frontera, en España, buscando la expresión y el desarrollo de la luthería desde sus raíces.
Escrito por: Paula Romero González pauromgon@gmail.com
Jefe de Redacción
Los trozos de madera, las herramientas desordenando las mesas, el olor a barniz y el serrín esparcido por los suelos denotan enseguida la particularidad de un lugar muy vivido.
Desde su pequeño habitáculo da forma y música a los pedidos que luego recorrerán diferentes lugares del mundo. Sus guitarras están distribuidas por países como Alemania, Italia, Suiza, Inglaterra, Argentina o Israel.
De concertista a Luthier
Sin embargo, acabó radicándose en Córdoba a donde llegó para estudiar en el conservatorio, hasta que un profesor vio su guitarra y le dijo: “¡Che! ¿y esa guitarra?”. A partir de entonces, se dio a conocer en el ámbito de la luthería y los pedidos fueron creciendo. Decidió montar su propio taller y dejar los estudios por falta de tiempo.
“Estaba rebien en Córdoba hasta que un día pensé ¿y por qué no España? Algunos amigos me dijeron que me iba a vender helado al polo porque allá estaban los más grandes”. Su profesor de guitarra clásica ya vivía en España y desde entonces le rondaba la idea. Primero estuvo en Barcelona hasta que llegó a Jerez de la Frontera, cuna del flamenco. Fue entonces cuando conoce al Maestro Balao, quien le alquiló un apartamento donde dispuso su nuevo taller.
Ahora se encarga de construir y restaurar guitarras. Antes solía hacer de dos a tres piezas por mes, pero con las reparaciones afirma que el trabajo se ha incrementado y que es más difícil cuantificar.
Afirma que la expansión de su trabajo hacia otros lugares no se debe tanto a una exhibición propia, sino a que mucha gente llega a Jerez en busca de guitarras. “Cuando llegué pensé que esto iba a estar plagado de constructores, por la fama del flamenco, pero al contrario, he dado clases y he acabado enseñando el oficio”.
Una guitarra con historia
También relata cómo se sintió el día que el guitarrista y compositor Eduardo Falú tocó por primera vez una guitarra suya. “Al principio tenía inseguridad, pero luego es lo más gratificante”.
Entre lo clásico y el flamenco
Cuando llegó a España tuvo que ampliar sus conocimientos y variar el formato debido a la fuerte demanda de guitarras de flamenco que en Andalucía se contempla. “En Argentina hacía guitarras clásicas, pero cuando llegué a España comencé a elaborar guitarras flamencas. La realización es prácticamente la misma; cambian las medidas, que es una guitarra más ligera, que posee otra altura en las cuerdas e incluso hasta los colores; la clásica es quizás un poco más sobria”.
Afirma que aprendió mediante la observación. “Les hacía una tomografía hasta que busqué mi propio sonido, mi propia obra. Hoy, cuando me traen la guitarra de otro constructor la acabo haciendo mía, y eso es lo más grande”.
Por otro lado reconoce que la reparación es más difícil que la construcción ya que permite menos margen de error. “Tienes que meterte en la mente y en los sentidos de la persona que la hizo; volver a ese momento ¡Es lindo!»
Se imagina como un gran músico y guitarrista reconocido y con la capacidad de promocionar sus propias guitarras. “Aunque la luthería le haya ganado la carrera a la música, nunca he dejado de tocar”. Por ahora sigue volcado en sus guitarras dándoles el corazón propio para que cada una lata al ritmo de sus propias cuerdas.
Fotos Paula Romero González Galería fotográfica Pedro Clavijo
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