Marcela Rueda recorre su relación con la poesía de Piedad Bonnett, desde la lectura de Todos los amantes son guerreros hasta sus encuentros personales con la escritora colombiana, reconocida en 2026 con el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca.
Por Marcela Rueda Ruiz
Piedad es una voz íntima, confesional. En su escritura está la poética de lo cotidiano, la observación de las profundas contradicciones y la fragilidad humanas. Aborda temas como el dolor, la pérdida, la marginalidad, el amor, el erotismo, y reflexiona acerca de la realidad del país. Convirtiendo todos esos sentires en expresión artística, con un lenguaje sencillo que le da un orden, de alguna manera, al caos interior, llevando a que se valide una especie de redención en ella como autora y en el lector, este, que es finalmente, a quien todo escritor se debe. Es la herida que se transmuta en arte y que salva
Con el estiércol que arrojan a mi patio
abono yo mis rosas
En su poética respira sobrio pero adolorido el acontecer humano, la memoria, el olvido, el miedo. Lo femenino reluce y revela. La mujer no es un objeto idílico, es sangre y vida, latido. Es un ser sexual activo y sensitivo. Es sujeto de resistencia que en el ámbito doméstico y trascendiéndolo, debe coger el toro por los cuernos en un contexto social de lucha incesante y amenaza latente.
En el libro de poesía Todos los amantes son guerreros, de 1998, el cual adquirí en una librería en Bogotá, recién salido del horno, y que le da título al presente ensayo, Piedad Bonnett aborda el gastado y manoseado tópico del amor, al que han recurrido innumerables escritores desde que existen la lírica y la escritura en la historia de la humanidad. Creo, sin temor a equivocarme, que es uno de los temas más tocados por los poetas, cayendo muchos de ellos en el vicio de estilo del lugar común. Así que a ese riesgo ella le hace, de manera magistral, el quite. Le hace guiños y lo toma por su cuenta sin rimbombancias ni artificios. Sobria y ardiente a la vez:
Pienso en tu sexo
nombro tu sexo lo convoco (…)
(…) sentir tu sexo amor su dura lluvia (…)
(…) cuando pienso tu sexo y el tiempo abre un paréntesis
y estás en otra parte
y cruzas otro río
Y de nuevo, la dolorosa belleza de lo real, lo cotidiano. En Tretas del débil, de 2004, alude a las peripecias de quienes son atormentados por la vida y deben sobreponerse a la desigualdad, el señalamiento y la violencia:
Los jinetes eran rojos o azules, qué más da,
la sangre siempre es roja y ahogó sus gargantas
cortadas por el rápido cuchillo. Y la muerte es azul
como una flor enferma. Los traerán
en costales de fique,
extenderán sus cuerpos bajo la tierna luz de la mañana
mientras los niños suman en la escuela
La conocí hace un poco más de veinte años en la Casa de Poesía Silva, en Bogotá, en un evento literario al que fue invitada. La noche fría se acompañaba muy bien con el acostumbrado canelazo caliente que ofrecían en el lugar. Su voz pausada y serena y su semblante me cautivaron. Su parecido con mi madre me sorprendió: cabello corto, anteojos y la cara redonda.
La segunda vez fue el 22 de septiembre de 2018, en el Gran Malecón del Río Magdalena, en la primera versión de la Feria Internacional del Libro de Barranquilla, FILBAQ. Yo sabía que estaría allí y por eso llevaba en mi mochila su libro Poesía reunida, que ahora era mío. Antes del conversatorio y recital al que fue invitada, ella estaba en las graderías. Me acerqué, la saludé, me presenté. Me senté a su lado. Temblaba. Me temblaba la voz. No lo podía creer. Allí, con semejante mujer. Mi admiración por ella recibió su premio. El regalo de su presencia. Le dije que la admiraba muchísimo, que era un referente para mí, y le conté que yo también escribía poesía desde hacía muchos años y le pedí el favor de que me firmara el libro. Ella colocó una dedicatoria y lo firmó:
Para Marcela, contra el Río Magdalena, celebrando este bonito encuentro
y deseando que nunca la abandone la poesía.
No es gratuito que el 13 de octubre de 2026 le hayan otorgado a ella, precisamente a ella, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca. Y que el 15 de octubre, dos días después, yo haya asistido al evento La Cháchara en La Aduana y, dentro de la programación, se realizara un homenaje a Federico García Lorca con las presentaciones del declamador Francisco Benedetto y los artistas Lizeth Cantillo y Einar Escaf.
Einar Escaf toca la percusión y canta junto con Lizeth Cantillo, que baila, actúa y canta en el performance de artes vivas Federico, en clave Caribe
Federico arañaba su garganta diciendo:
Quiero llorar porque me da la gana
como lloran los niños del último banco,
porque yo no soy un hombre, ni un poeta
ni una hoja, pero sí un pulso herido…
Lo que nos conecta a los tres, a través del tiempo, es un hilo invisible, una voz, además de confesional e íntima, un grito desgarrado que inaugura un pacto inquebrantable entre quien escribe y quien lo lee, y la redención de sus almas.
¡Enhorabuena, Piedad Bonnett!
