En una semana donde todos tuvieron derecho a opinar, los colombianos pusieron en la picota pública a una locutora.
Por: María Angélica Borja Pérez ,Comunicadora social, @mayiborja91
La semana pasada estuvo cargada de noticias que removieron las pasiones del pueblo colombiano, y resurgió la evidente polarización en el país.
Semana con los titulares cambiaron de ser covid-19 a política, y el foco de la atención se desvió a un precedente judicial: la Corte Suprema ordenó la detención domiciliaria del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez. Pero a esto agreguémosle que Gustavo Petro fue indemnizado por las chuzadas del DAS y que la Nación tendrá que pagarle 579 349 980 millones de pesos. No podemos olvidar la cereza del pastel: Uribe dio positivo para covid-19.
Creo que ante tantas noticias, pocos se quedaron callados; la mayoría de personas querían expresarse por grupos de WhatsApp, comentarios en publicaciones, estados en redes sociales, tweets, memes o noticias compartidas. Algunos, a favor; otros, en contra; uno que otro, neutral, pero, en general, hubo una reacción, y eso es normal en un país polarizado.
Hasta el presidente, que se supone que “debería” tener una posición “imparcial”, mostró su clara inclinación públicamente al indicar que es y será siempre un defensor de la honestidad, de la honorabilidad de Álvaro Uribe Vélez.
La Constitución Política de Colombia, en el artículo 20, garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura.
Sin embargo, muchos fueron inquisidores con la locutora Lina Arango; arremetieron contra ella de muchas maneras posibles en redes sociales, y sí hay que admitir que su video fue visceral y con groserías, pero todos asumimos las noticias según nuestras posiciones; algunos festejamos y dijimos lo que nos nacía. Hubo peleas en redes sociales, se desmoronaron grupos de WhatsApp y más de una tía o primos se ofendieron porque no compartían las mismas opiniones. Entonces sí, todos tuvimos derecho a opinar, cuestionar, comentar o afirmar por qué a ella la señalaron tan fuerte.
Lina se arrepintió de su video en el que celebraba a madrazos la detención de Uribe, y lo manifestó por la Blue Radio; además, afirmó que es una defensora de la paz, aunque no lo parezca en ese video. Admitió que no fue la manera de construir. Fue una reacción completamente emocional y racional; sin embargo, consideró importante que ella recalcó en la entrevista su derecho a la libertad de expresión, así como lo tiene usted y lo tengo yo.
A mí me parece el colmo que un país ponga en la picota pública a una persona por ejercer su derecho. No lo hizo bien, pero nadie debería ser señalado de esa manera y menos juzgado en un tema en el que ni siquiera el presidente se reservó la imparcialidad.
