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En el fútbol, como en la vida, son mejores los héroes sencillos

Las historias alrededor del fútbol y en especial de los Mundiales son abundantes. Las mejores historias, tienen el denominador común de ser protagonizadas por hombres sencillos, humildes, que alcanzan la gloria.

Por César Giraldo*

Zinedine Zidane, dibujado por Turcios

El común de los intelectuales advierte que el fútbol es como la vida misma. Sin rumbo concreto, inexplicable y lleno de caminos extraños. También algunos como el novelista checo Milán Kundera,  quien decía que “el fútbol es un pensamiento que se juega, y más con la cabeza que con los pies», y quien, además, soltó la perla que adorna este escrito; «tal vez ellos (los jugadores) tengan la hermosura y la tragedia de las mariposas, que vuelan tan, tan alto y tan bello pero que jamás pueden apreciar y admirarse en la belleza de su vuelo».

Francoise Sagan, quien al acompañar a Miterrand en un viaje por nuestro país enfermó de muerte, declaró que «el fútbol me recuerda viejos e intensos amores, porque en ningún otro lugar como en el estadio se puede querer u odiar tanto a alguien».- Lo dice nadie más y nadie menos que la autora de ‘Buenos días, tristeza’.

Pero quien realzó el fútbol con sus letras y su juego fue Albert Camus. Fuera arquero de la Universidad de su Argel natal y de quien sus compatriotas tildaban de francés y los franceces lo discriminan por argelino. El caso es similar al de Zidane, aunque los argelinos se peleen por su nacionalidad y los franceses aún no le reconocen su grandeza.

Aún hoy el personaje del fútbol francés es Platiní, y nadie por supuesto duda de su grandeza, pero Zidane tiene ese aire de Camus , el aire de un desarraigado arrancado de Francia para nacer en Argelia. En este caso es un argelino nacido en la tierra gala.

Ver jugar a Platiní es ver el fútbol champagne, el fútbol del Parque de los príncipes. Ostenta el título de Caballero de la Legión de Honor, título que otorga el gobierno francés, ahora es presidente de la Uefa.

Ver a Zidane es ver a los inmigrantes del Distrito 13, a los argelinos de Marsella, al fútbol de Camus y de Kundera. Era ver una poesía en movimiento, el que solo da el barrio pobre, el barrio de inmigrantes La Castellane, un complejo de viviendas patrocinado por el gobierno, en los suburbios del norte de la ciudad (los Quartiers Nord). Creció viendo a Francescoli, su ídolo. Su humildad es tanta que su hijo se llama Enzo.

Ronaldo. Dibujado por Turcios.

Enrique Ortego escribó su biografía, ‘La elegancia del héroe sencillo’. No pudo encontrar mejor título para hablar de quien es embajador de la ONU contra el hambre. Y aunque comparar a Platini con ‘Zizou’ como humano no es posible porque de él solo se conoce su faceta de hombre fuerte del fútbol europeo, me quedo con la sencillez de Zidane. La misma con la que desparramaba jugadores de un lado a otro y la misma con la que en silencio demolió al Brasil de Ronaldo en dos copas, en una le ganó la final y en otra lo eliminó en cuartos. Aún así creía que Ronaldo el fenómeno era un monstruo inalcanzable.

Su jugada maestra la hacíamos todos, todos en algún momento frenábamos el balón con una pierna girábamos y salíamos con la otra, el no la inventó pero nadie la hacía como él, con ella caían los mejores y la magia de Youtube, nos permite ver a Ronaldo o a Cristiano Ronaldo verlos atónitos mientras giraba en medio de dos rivales.

Pero Zidane también es explosivo, como en el 98 cuando pisó a un rival y salió expulsado en el Mundial, o como en el 2006 cuando el rudo Materazzi lo provocó insultando a su madre y su hermana y la cabeza brillante de Zizou estalló en el pecho del italiano, a quien nadie le perdonó nunca esa gracia y quien se despidió del fútbol olvidado y solo recordado por su maldad en el campo. Era honesto como jugador, así como era brillante, también caía en la ira. Nunca fue un dios, y no quiso serlo. Por eso como jugador no era el más adornado pero su sencillez y su frialdad eran como las postales de Paris bajo la lluvia.

Yo aprendí de Zidane que no es necesario ser el más vistoso, o el que anota más goles. Me aburre ver a Messi marcando por docenas, prefiero al que los hace en las finales de la Copa Mundo, de cabeza o picándola como Panenka ante Italia. Prefiero ver la volea en la final de la Champions, a siete marcados de Cristiano ante el Alavés; por eso Zidane es un héroe, un héroe sencillo.

Despido este escrito con Camus cuando decía: “Después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol…”.

*Periodista deportivo

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