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En Barranquilla cunde la justicia por propia mano

Por diversos motivos la comunidad en los barrios subnormales aplica pena de muerte por riñas, robo, o por un mínimo incidente.

Por Diana Ruiz Campillo

Video del relato de Brillitte Villalobos, compañera sentimental de Dairio Manuel Martínez Madrid, torturado y asesinado por una turba en el barrio Simón Bolívar. Brillitte ahora deberá criar sola a sus dos niñas de 3 años y la otra de 3 meses. Video cortesía de ImpactoNews/Laura Rocco/Ojo de la Calle.

Barranquilla, en numerosos barrios del suroccidente, se ha convertido en una selva ocupada por seres primitivos que matan a sus semejantes por cualquier motivo: porque piropeó a una dama, porque le sacó del bolso el celular a una joven o porque hirió a su amante con arma blanca.

En medio de la pandemia que azota la humanidad entera, este es otro “virus” que parece extenderse en la ciudad: el virus de la intolerancia y la inseguridad.

Dairo Manuel, cuando era amarrado a un poste del alumbrado público para golpearlo y asesinarlo.

El año comenzó y con él todos los anhelos de recuperar lo que la pandemia nos ha quitado. El 2021 llegó con la esperanza de reconstruir y levantarnos como mejores seres humanos, sin embargo, los sucesos de los últimos en Barranquilla nos hacen dudar del aprendizaje y la transformación positiva que esperábamos nos impactara, no sólo como personas individuales sino como el colectivo que somos.

El espantoso crimen de Dairo Manuel Martínez Madrid, a manos de una turba encendida por la ira y la histeria colectiva, es la triste muestra de que aún persiste la barbarie, y que como seres humanos no hemos aprendido absolutamente nada. ¿Cuántas pandemias y desgracias apocalípticas más deben caernos encima para aprender a tolerar, respetar la vida y la dignidad de nuestros congéneres? ¿Qué pasa por la mente de las personas que inician un linchamiento y de las que se unen, sin saber si están ante un criminal o un inocente?

Dos niñas desamparadas

Sin importar las respuestas, lo único cierto es que un padre de familia fue brutalmente asesinado y dos niñas tendrán que crecer sin su apoyo. En una total vulneración de los derechos humanos, la agresión contra Dairo fue más allá de lo físico con la brutal golpiza, también fue humillado (lo desnudaron), robado (se llevaron desde los zapatos hasta la cédula) y la tortura mental de saberse sólo, indefenso y vulnerable, escuchar hasta el último momento que era un ladrón, un delincuente.

Dairo Manuel Martínez Madrid, víctima de la violencia urbana que aplica justicia por su propia mano.

Y, por último, violaron su derecho a ser llevado ante una autoridad para ser escuchado, y más terrible aún; quizás se sintió desesperado al ver esa misma autoridad en calidad de simples espectadores en lugar de detener la agresión; esto, señores, los convierte en cómplices.  Para que todo esto sucediera, seguro bastó que en medio de la masa furiosa de gente buscando un culpable, alguien lo señalara para que cayera sobre él todo el salvajismo que terminó con su vida.

Desconcertante que en presencia policial estos hechos sucedan, la sociedad no sólo está perdiendo sus valores a pasos agigantados, también ha perdido la confianza en las Instituciones, las mismas que en lugar de garantizar la protección y la seguridad de los ciudadanos, terminan siendo cómplices con su silencio y su inoperancia.

Es como volver a la caverna

¿Qué pasara por la mente de esas personas que, en lugar de llevar a un sospechoso ante la autoridad, simplemente lo linchan en una violación al derecho fundamental más sagrado: el derecho a la vida? En una deforme aplicación de la Ley del Talión, hemos llegado a un punto casi sin retorno, en el que se ha perdido la fe y el respeto por los que deben ejercer la justicia entonces se decide actuar por mano propia en actos irracionales como el que le quitó la vida a Dairo Manuel, sin detenerse a pensar siquiera en las consecuencias legales, pues quien comete agresión física, lesiona o agrede puede llegar a responder penalmente por las lesiones infringidas sobre la persona que presuntamente cometió un delito. De lo contrario, la comunidad, consciente o inconsciente, acepta que está regresando a la era de las cavernas.

Lo desnudaron y lo azotaron

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Sumado al caso de Dairo Manuel, se han conocido otros a través de videos que circulan por las redes sociales, uno el de un hombre al que golpean y desnudan por el intento de secuestro a una joven. En este caso, la comunidad reacciona y pide que se detenga la agresión. Otro video muestra el asesinato en una casa en el barrio Los Olivos de un hombre que presuntamente hirió a una mujer con arma blanca. Aterra ver la gente fuera de control, se alcanzan a ver menores presenciando la escena. ¡En un momento un hombre dice “llamen a la policía” y una voz femenina contesta despectivamente “nombe qué ah!”, dejando claramente en evidencia la poca confianza que la sociedad civil tiene en la autoridad, pues ésta…o no llega o llega tarde.

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La inseguridad crece y las acciones policiales disminuyen, la intolerancia ha rebasado todos los límites, mientras el Covid-19 establece su reinado, proliferando en la ausencia de tapabocas y aglomeraciones en medio de los crímenes y violaciones de derechos humanos. Hoy más que nunca se debe rescatar la confianza por las instituciones y eso sólo se logra a través de los resultados por la implementación de acciones, que permitan a la comunidad reconstruirse en medio de un entorno más seguro.

La víctima, tras agredir a cuchilladas a una mujer, se refugia en su casa, la chusma lo saca y asesina.

¿Qué más debe suceder para que las Instituciones encargadas de velar por la seguridad y la justicia salgan a combatir los flagelos que destruyen la sociedad? Pues, así como los profesionales de la salud salen a librar una batalla cada día en medio de un fuego cruzado contra un virus implacable, así también una sociedad enferma por la inseguridad, la intolerancia y la injusticia necesita a gritos que las autoridades también salgan a batallar contra estos verdaderos virus sociales.

Por otro lado, la sociedad civil debe ser consciente que con causar daño a un agresor no se repara absolutamente nada, por el contrario, se producen daños colaterales que nos destruyen como seres humanos y como sociedad…y éstos sí son irreparables.

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