De un solo sopetón, el oftalmólogo le dio la noticia a Amparo Solano, madre de Elmer, delante de él: «el chino va a quedar ciego».
Por: Francisco Figueroa Turcios
Elmer Almanza rumbo a una de las salas de audiecia del Centro de Servicios Judiciles,que funcionan en el antiguo edificio de Telecom.
Elmer Almanza Solano tenía solo 18 años de edad. El tiempo ha pasado. Hoy tiene 48 años. «El chino va a quedar ciego», aún retumba en su mente, porque él considera que no hubo ninguna preparación sicológica para recibir tan trascendental noticia. Padecía retinosis pigmentaria. (La retoinitis pigmentaria es un grupo de desórdenes genéticos que afectan la capacidad de la retina para responder a la luz. Esta es una enfermedad hereditaria que causa una pérdida lenta de la visión, comenzando por una visión nocturna disminuida y pérdida de la visión periférica lateral. Con el tiempo produce la ceguera).
El oftalmólogo, luego de dignosticar que Elmer quedaría ciego, le aclaró a él y a su madre, que sería progresivamente, podría ocurrir en 5 ó 15 años, que el proceso de la enfermedad era la pérdida total del campo de la visión.
«Fue una noticia muy dura a mi edad, porque no es fácil asimilarla cuando uno ha disfrutado de la visión en el desarrollo de todas las actividades. Enterarse en una forma abrupta, como la recibí yo, genera un impacto sicológico fuerte». Elmer hace una pausa en su relato para secarse las lágrimas que lentamente le brotaban. Toma aire y hace una revelación: «confieso que con la noticia de que quedaría ciego, perdí las ganas de vivir. Uno que nació disfrutando de los colores de la vida, es más difícil asimilar la idea de quedar ciego, que la persona que nace sin visión. Pero, gracias a Dios tengo la misma fortaleza espiritual que mi madre y con el apoyo de ella pude superar esa infausta noticia».
Elmer Almanza Solano nació en Barranquilla, el 17 de noviembre de 1967. Estudió la primaria en el Liceo Antonio Ricaurte. Sus padres (Pánfilo Almanza y Amparo Solano) eran de escasos recursos económicos por lo que a él desde los 15 años de edad le tocó trabajar de mecánico en el taller de bicicleta «El Tocayo» en el barrio Hipodromo(Soledad), para poder realizar sus estudios de bachilleratos. Los primeros años los hizo en el Acolsure y terminó en el colegio Francisco José de Caldas.
El sueño de Elmer era ser abogado, por lo que para hacer realidad sus estudios profesionales le tocó incursionar en el mundo del comercio viajando periódicamente a Maicao para traer mercancia que vendía entre sus compañeros de la Universidad «Simón Bolívar» y un grupo de amigos.
La retinosis pigmentaria iba minando su visión, por lo que Elmer Almanza tuvo que ir dosificando muchas actividades que hacía con los amigos del barrio Hipódromo, como era jugar buchacara, ajedrez, o fútbol.
«Cuando recibí mi diploma de abogado, me tocó evitar el desgaste innecesario de mi visión, por lo que mi amigos pensaba que como era un profesional no quería compartir con ellos, pero lo que no sabían eran que llevaba una cruz por dentro, la enfermedad de la retinosis pigmentaria, que iba quitando el campo de la visión. Nunca les comenté de mi enfermedad para no hacer sentir lástima», relata Elmer.
Ve con los ojos del alma
Cuando culminó sus estudios profesionales se especializó en Derecho penal y criminología. Durante 10 años estuvo litigando. En el año 1998 encontró un «ángel» en el camino. Luis Montalvo, que ejercía las funciones de Contralor Distrital de Barranquilla, quien le brindó la oportunidad de trabajar en el cargo de investigador fiscal.
«Fue una experiencia importante para mi el haber tenido la oportunidad de trabajar dos años como investigador fiscal en la Contraloría Distrital, me brindó las bases para ser el profesional que hoy soy y gracias a Luis Montanvo Alvarado, quien creyó en mí como profesional. Recuerdo que la sede quedaba en el edificio Tequendama en el Paseo Bolívar», reseña Elmer sobre su primer trabajo.
Luego de la Contraloría Distrital, Elmer pasó en el año 2000 a laborar en el Concejo de Barranquilla, como asesor de la Unidad de Control y Resultados. El 4 de junio del 2001 ingresó a trabajar hasta el día de hoy en la Personería Distrital como personero delegado en la Unidad de Vida. Marlón Pacheco Pérez, personero de ese momento, conocedor de su profesionalismo, le brindó la oportunidad de llegar a esta entidad del Ministerio Público. La retinosis pigmentaria era más agresiva y cada día le disminuía la visión. En diciembre el 2002, comienza una nueva etapa en su vida: comienza a ver con los «ojos del alma».
«Reconozco que no fue fácil: tener que pedir ayuda a una persona para que me avisara cuando llegara el bus que me servía para ir trabajar o, a la inversa, para mi casa. Tomar un bastón como lo tengo hasta el día hoy como mi compañero inseparable», reconoce Elmer.
Tuvo que adaptarse a su nuevo estilo de vida para afrontar el reto de cumplir con su labor en la Personería. Como personero delegado en la Unidad de Vida estuvo hasta el año 2006, cuando la Procuraduría asumió esas funciones. Con la entrada en vigencia del sistema penal oral acusatorio a través de la ley 906 de 2012, Elmer Almanza es el delegado de la Personería en las audiencias que realizan los jueces en el Centro de Servicios Judiciales en el antiguo edificio de Telecom en el centro de Barranquilla. Elmer lleva tres años ejerciendo esa función en la Personería Distrital de Barranquilla y por lo tanto conoce como la palma de sus manos dónde quedan exactamente las salas de audiencias de los juzgados en el edificio donde funciona el Centro de Servicios Judiciales, porque ahora ve con los «ojos del alma».