Fue rescatado por los barranquilleros hermanos Campanella de un tugurio al cual lo envió el gobierno de Maduro como indigente.
Por Rafael Sarmiento Coley
Duele en el alma que un artista que le dio tanta gloria a la música colombiana muera casi en la miseria en una tierra que no es la suya. Y lo que más entristece el alma es que casi todas esas legendarias figuras tienen el mismo patético final. Un ocaso oscuro y fatal.
Recordemos no más el caso del también barranquillero Luis Carlos Meyer, quien murió en un ancianato público de Nueva York, y hubo que hacer una colecta liderada por la periodista barranuillera Jacquelin Donado para poder enviar el cadáver a Barranquilla, en donde recibió todos los honores (ya después de muerto) y recibió cristiana sepultura en medio del fervor del pueblo. Crescencio Salcedo, autor de ‘Mi cafetal’ y tantos grandes éxitos, murió pidiendo limosnas por las calles de Barranquilla.
“Yo me enteré por Saúl Campanella, quien en los últimos años se dedicó a reunir a las voces sobrevivientes de la Billos Caracas Boy´s. Saúl se entera que Nelson y su familia son desalojado del apartamento que ocupaban en una zona céntrica de Caracas y son enviados a un sector de poca monta, casi un tugurio, llamado ‘El Junquito’. Lógico. Mala comida, malos servicios públicos, pésima aireación, excesiva contaminación por quema de arbustos para leña. El olor de fritangas con carnes en mal estado envenena el aire. Todo ello, mas una mala alimentación, contribuye a agravar el cuadro clínico de Nelson. Estaba deshidratado. Es cuando sufre el accidente cerebro-vascular”, relata Saúl Campanella.
Saúl llama a su hermano Ricardo, dueño de una moderna clínica cercana y de inmediato trasladan a Nelson, sus dos hijos y su esposa. Es cuando empieza Nelson a recibir una adecuada atención. Pero ya el mal estaba muy avanzado.
Los amigos fuera de escena
Álvaro Barboza Calado, amigo personal del artista, asegura que no se explica “el porqué Nelson llegó a un final tan deprimente, cuando él fue una estrella internacional, que conquistó con su talento el ambiente musical de Cuba, Nueva York, México, Puerto Rico, Caracas, que era donde se movía la cosa. Y él trabajaba para uno de los sellos discográficos más poderos del momento, Disco Seeco. Por lo tanto debió contar con un buen seguro médico y seguro de vida. Además, las entidades colombianas Sayco y Acimpro, que tanta plata reciben de las regalías por las composiciones y las interpretaciones en público de tantos éxitos de Nelson Pinedo, no han dicho esta boca es mía. Las cuantiosas fortunas que recaudan se la gastan en francachelas y en sueldos de Ministros para todos los altos ejecutivos de dichas entidades, mientras los artistas que les generan esas comodidades y fortunas, mueren de hambre o mal atendidos en salud”.
Álvaro Barboza Calado y Efraín Peñate Rodriguez fueron dos de los mejores amigos de Nelson. Pero, además, Nelson contaba con otros cuatro entrañables amigos: Carlos Castillo Monterroza, Álvaro Ruíz Hernández y el maestro Marcoté Barros, todos lamentablemente fallecidos. Le queda un amigo del alma y de aventuras todavía en circulación en este mundo, el empresario y gomoso musical Farid Char Abdala.
Más, por esas extrañas cosas de la vida, su amigo del alma, con quien grabó varios trabajos discográficos a dos voces, no está en estos momentos en condiciones de hacer nada por Nelson, porque el mal de Parkinson y trastornos renales lo tienen con dos médicos y tres enfermeras de cabecera. Vainas de la vida. En medio de todo eso, Farid afronta graves depresiones, que lo han reducido físicamente, está flaco y de mal semblante.
Enterado de toda esta situación, el alcalde de Barranquilla Alejandro Cjar Chaljub, sobrino de Farid, le ordenó al Secretario Distrital de Cultura, Juancho Jaramillo, casado con una Char, que hiciera todo lo posible por repatriar cuanto antes el cadáver de Nelson para hacerle un homenaje póstumo en la Plaza de la Paz, llevar a cabo su cremación como lo desean sus familiares y colocar sus cenizas en un nicho en la Catedral, mientras que una de las nuevas estaciones del Transmetro llevará el nombre de Nelson Pinedo.
Con el gran Maela (Ismael Rivera) y Roy Rosario alternaron voces en el grupo de Rafael Cortijo y Su Combo.
A pesar de su juventud, Alejandro se encariñó mucho con Nelson. Recuerda que, siendo niño, su madre, la difunta Adela Chaljub de Char fue agasajada con motivo de su cumpleaños, y, entre Fuad y demás, aprovecharon que Nelson Pinedo estaba por estos lares y lo contrataron para la serenata a la adorable cumplimentada: Nelson llegó con un pequeño grupo orquestal, y la primera canción que le dedicó fue ‘Señora bonita’, tema que, a petición de la homenajeada, tuvo que repetir cuatro veces.
Y eso Alejandro jamás lo ha olvidado. Por eso todo su empeño en que las cosas con los restos de Nelson Pinedo y la amplia colaboración con su esposa y sus dos hijos que permanecen al pie de su cadáver, fueran trasladados cuanto antes a la capital atlanticense.
Hasta ahora se sabe que su hijo Carlos Julio Pinedo ha pedido un poco de espera mientras se lleva a cabo el acto de cremación, que podría ser este viernes. Después sí viajarían a Barranquilla, con las cenizas de Nelson, su esposa Alba Marina y su otra hija, Rosalba.
Su paso por Cuba
Primero fue Luis Carlos Meyer, quien con su fino timbre de voz y enorme oído musical, llegó a México con una música que parecía venida dde otro mundo. Con letras poéticas unas, y picantes otras. Con melodías suaves unas, y jacarandosas otras.
Carátula de uno de los tantos LP que grabó con la orquesta del genial Tito Rodriguez, cantante, compositor, pianista y músico exigente que no grababa con todo el mundo.
Meyer fue el primer cantante internacional colombiano que grabó el primer disco de Rafael Escalona en el exterior, ‘La Historia’ con la famosa orquesta mexicana del maestro Rafael De Paz. Fue todo un éxito. Del mismo modo fue el artista que internacionalizó la música del magnífico compositor momposino José Benito Barros Palomino. Le grabó temas como ‘El gallo tuerto’, ‘Él Chupaflor’ y hasta inmortalizó al maestro Pacho Rada, oriundo de Plato, al grabarle el tema ‘El rabo ‘e la puerca’.
Luego del deslumbrante paso de Luis Carlos Meyer por México, viaja a Nueva York a unas presentaciones y es tanto su exitosa presentación, que se quedó hasta cuando ya viejo y enfermo, debió ser repatriado a Barranquilla, su tierra natal.
Luego llegó Nelson Pinedo a La Habana, y de entrada, impone su música de porros y vallenatos. Los arreglistas de la Sonora Matancera, según le contaría a su compadre Farid Char y a Álvaro Barboza Calado, le decían, ‘oye chico, pero esta qué vaina es..si porro es el macho de la porra, qué quiere decir esto”. Nelson les explicó: “Es un ritmo, al igual que el vallenato y la cumbia, oriundos de la Costa Caribe colombiana. Recuerden que ustedes también son caribes. Todos somos caribes”. Entonces el genial pianista y arreglista de la Sonora, Lino Frías, le dijo, “tranquilo Nelson, tú canta tu música a tu estilo, y nosotros la guarachamos”. Y así nació uno de los momentos musicales más sonoros de la Sonora.
Temas como ‘El ermitaño’ , de Rafael Escalona; ‘El Mochilón’, del soledeño Efraín Orozco, ‘Momposina’, ‘La llorona loca’, ‘El vaquero’ y tantas otras del talentoso y polifacético banqueño José Barros Palomino.
¡Vaya sorpresas de la vida! Ocurre que el tema que catapulta a Nelson con la Sonora a nivel internacional es de un compositor conocido por un tema no apto para menores de edad ‘La ópera del mondongo’, que se reivindicó ante la sociedad costeña con el inmortal ‘Se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla’. Se trata del barranquillero José María Peñaranda, un acordeonista que recorría la seca y la meca y en Venezuela era un ídolo por su ‘Ópera del mondongo’, que todavía se escucha a escondidas en ciertos círculos y en reuniones clandestinas.
El tema de Peñaranda que Nelson adaptó a su estilo, su autor lo tituló originalmente ‘Me voy pa´Cataca’ y decía que “yo me voy pa’ Cataca y no vuelvo más/el amor de Carmela me va a matar”. (Cataca es el diminutivo de Aracataca, y Carmela, en realidad, era una amante de Peñaranda).
Nelson toma la melodía y le pone la letra a su acomodo, pero con la misma ‘Carmela’ de por medio, porque de manera coincidencial, en la vida de Pinedo también existió una Carmela que se quedó viendo un chispero en Barranquilla cuando él se fue a Bogotá y de Bogotá a Cuba. La letra de Nelson es ‘Yo no soy de por aquí/yo soy muy barranquillero/nadie se meta conmigo/ que yo con nadie me meto/¡Ay! me voy pa La Habana y no vuelvo más/ el amor de Carmela me va a matar».
Una mujer que lo enloqueció
Como es ampliamente conocido, Nelson Pinedo no llegó a Cuba directo a los estudios de la Sonora. Tuvo que pasar las verdes y las maduras en grupitos de mala muerte, hasta cuando le sonó la flauta gracias a la indisciplina, la afición al trago y a las mujeres y su poco agradable mal genio del entonces ídolo de las multitudes Daniel Santos.
Como Rogelio Martínez era una especie de dictador en la Sonora, dijo: “si ese engreído de Daniel se fue, pues que le vaya bien…la Sonora no se acaba porque se le vaya un cantante, por famoso que sea”. Conocía a Nelson de pasada. Lo había escuchado. Le llamó la atención su bien manejada voz de tenor, su impecable dicción y presentación. Y dijo: “Este es el tipo, vamos a ponerlo en reemplazo de Daniel Santos”.
Semejante chicharrón para Nelson. Tuvo angustia. Los nervios se le pusieron de punta. A pesar de todo, pensaba, por otro lado, que esa era la oportunidad que tanto había anhelado. Ese era su enorme reto. Y lo aceptó, con tan buen ánimo y decisión, que de entrada gustó al público. Ya superados los nervios de las tres primeras presentaciones, una noche llegó al radioteatro de la emisora en donde actuaba la Sonora una cubana alta, esbelta, hermosa, de una sonrisa blanca. Nelson se timbró con aquella belleza. Le preguntó qué deseaba, a quién buscaba, ella le dijo “busco a mi novio, Daniel Santos”. Él le respondió: “Daniel abandonó la Sonora. Se fue sin avisarle a nadie. Yo lo reemplacé en la Sonora y puedo servirte en lo que se te ofrezca. Soy muy bueno para todo reemplazo”. Aquello le causó hilaridad a la agraciada cubana, que terminó en brazos del barranquillero. Tuvieron un hijo. Nelson luego viajó a México, Nueva York, Puerto Rico, Caracas. Y su viejo amor de La Habana se casó con un norteamericano que le dio su apellido al hijo de Nelson, que se sigue llamando Nelson Pinedo Maxwell.
Los recuerdos del difunto Marcoté
Uno de los periodistas más autorizados para escribir o contar en la radio o en tertulia con amigos la vida y obra de los músicos barranquilleros y caribeños en general, era Marco T. Barros.
No vivió la época del iPhone ni del computador. Todo lo tenía anotado a mano o de recortes de prensa o revistas locales, nacionales e internacionales.
Cuando Nelson Pinedo retornó a Barranquilla por primera vez después de muchos años de ausencia, Marco T. lo esperó en el aeropuerto para entregarle fotocopia de un material sobre el periplo vital del artista barranquillero:
“Napoleón Nelson Pinedo Fedullo nació en Barranquilla, en el barrio Rebolo, el 10 de febrero de 1928.
“Hijo de padre zapatero de oficio y madre ama de casa que gustaba de cantar, lo crían con cierta rigidez, educación, para futura defensa en la vida. Luego el padre zapatero abandona a su progenitora, y esta se une a un comerciante de origen italiano apellido Fedullo, quien le da su apellido a Nelson. Se inició como técnico en la industria textil, después empleado bancario, hasta llegar a locutor de radio en «La Voz de la Patria», cumpliendo ya una meta. Pero el gusanillo farandulero que pernoctaba en su ser de joven ambicioso lo llamaba al espectáculo.
La locución lo entrenó en modular, diccionar al hablar, preparándolo para comenzar como aficionado a competir en programas radiales de su ciudad con nuevo nombre dado por Miguel Ruiz, un bogotano que se vino a Barranquilla en busca de mejor suerte. Y fue este cachaco el que tuvo el acierto de haber descubierto su verdadera vocación al resultar ganador en tales aventuras, en un programa de concurso.
Por esas paradojas de la vida, también fue el cachaco Miguel Ruíz quien le inventa el nombre artístico. En adelante no se llamaría Napoleón Nelson Pinedo Fedullo, sino Nelson Pinedo a secas. Continúa en Barranquilla, cuando la agrupación de Julio Lastra, preocupada por ausencia de su cantante principal, le brindan oportunidad de emergente, que con éxito aprovecha interpretando como primer tema el bolero «Mi cariño», iniciando así su carrera profesional de ´crooner´. Se une posteriormente al memorable Pacho Galán y su grupo, hasta llegar a cantar en inglés aprendido por correspondencia.
Viaja a Maracaibo, Venezuela, con el conjunto de Los Hermanos Rodríguez Morena. Graba allí su primer 78 RPM, otro bolero, «Mucho, mucho, mucho», para después graduarse con la orquesta de Don Antonio María Peñaloza, siguiendo el estilo de cantar en inglés, con nuevos arreglos en francés, italiano, portugués, idiomas bien pronunciados, causando sensación por su natal terruño. Se presenta el mejor chance cuando la muy gustada agrupación argentina de Don Américo y sus Caribes hace presencia en la emisora Nuevo Mundo de Bogotá con su voz, números idiomáticos, consiguiendo destacar. Es escuchado por miembros de La Casino de Sevilla, orquesta española que cumplía contratos y pronto viajarían a Cuba para competir con Los Chavales y Churumbeles de España, verdaderas sensaciones en la tierra del gran beisbolista Martín Dihigo.
El Casino en Cuba cambia de nombre, se llaman Serenata Española, envían por él, pues su voz, estilo, gracia, les había convenido. Viaja a La Habana para hacer de él un andaluz, vestido como tal, cantando en sevillano puro con las zetas y todos, compitiendo con Juan Legido en españolerías, pasos dobles, boleros morunos, por espacio de 6 meses. Aprovecha, graba cuatro surcos pegando con «Monísima» un hit abridor de rally.
Al partir el grupo español, Tito Garrote, su representante, lo acerca a la Sonora Matancera que busca suplencia por la partida indisciplinada de Daniel Santos a México, dejando contratos por cumplir. Así comienza Nelson con sus porros, cumbias y maplés cubanizados, más los boleros de rigor, imponiendo clásicos: «Momposina» de José Barros y «El Ermitaño» del sinigual Rafael Escalona.
Aquel suceso inmortal para Nelson ocurrió el 18 de mayo de 1954, cuando entró a los estudios de la radio CMQ y grabó sus primeros éxitos con la Sonoro Matancera, iniciando así una fructífera asociación que duró cinco años y medio, con viajes, espectáculos, televisión, cabarets, 49 números grabados más una película cubana bajo la dirección de René Cardona: «Una gallega en la Habana» hecha en 1955 donde compartió cinta con Niní Marshall, Ramón Rivero, Antonio Aguilar, Ana Bertha Lepe. Nelson llegó para ser de los grandes con su curiosa, extrovertida manera de vestir acompañada de lazo o pajarita en vez de corbata y su lineal bigotito.
En los Carnavales de Caracas de 1958, se reencuentra con Pacho Galán y su orquesta a quienes el empresario que los contrató los había estafado. Sin dinero para regresar a Colombia, reciben la ayuda de los cantantes venezolanos Víctor Pérez y Víctor Piñero para realizar la grabación de un LP con el objetivo de reunir algunos fondos para el boleto de retorno. Así se grabó el disco “A Bailar Merecumbé Con Pacho Galán”, en el sello Discomoda, en cual Víctor Pérez cantó “Atlántico” de Víctor Vargas, Víctor Piñero interpretó los temas “El mochilón” de Efraín Orozco y “Mi barquito marinero” de Juan Bautista Galán; en la grabación también participaron los cantantes de planta de la agrupación Tomasito Rodríguez y Orlando “Cartagena” Contreras y en sus voces se grabaron los temas “Pajarillo caraqueño”, “Otra vez, Pacho”, “Voy a sufrir” y “Noches de Caracas”.
Después Nelson Pinedo grabó en Caracas seis números con el maestro Pacho Galán: “El hijo de Pedro Arrieta”, “Si volvieras” de César Costa, “A mi tierra” del propio Nelson, “¡Ay! Muñeca” de Orlando Contreras, “Dame tu cariño” y “Ven mi vidita” ambos temas de la autoría de Pacho Galán. Estos aparecieron en el trabajo discográfico titulado “El Chipichipi”, el cual se completó con otros seis temas que Nelson Pinedo grabó con La Sonora Caracas, que incluía “El chipichipi” de Gabriel Rodríguez.
En México, además de actuar en el radioteatro de la emisora XEW, propiedad de Emilio Azcárraga padre, en el Teatro Esperanza Iris y en varios centros nocturnos, grabó algunos trabajos discográficos con el respaldo de los músicos de las reconocidas orquestas de Memo Salamanca y Chucho Rodríguez, para el sello Ansonia. Entre los 24 temas que grabó se incluyen el tango “Percal” del argentino Enrique Cadicamo; “Con una sola miradita” de Agustín Martínez y el famoso bolero “Señora bonita” de Adolfo Salas. Para la RCA Víctor de México, Nelson grabó un álbum con el acompañamiento de la orquesta del pianista y arreglista Luis González, el cual se tituló “El Mariscal Del Ritmo”, el que incluyó el bolero “Duda”.