Por: Francisco Figueroa Turcios
La eliminación prematura de Junior de Barranquilla en la Copa Libertadores no representa solamente un fracaso deportivo. Para Fuad Char significa otro aplazamiento de un sueño que lleva más de dos décadas respirándole cerca al corazón: ver al club tiburón campeón de América.
Aquella noche del 1 de julio de 2004 todavía parece encendida en su memoria. Mientras Once Caldas derrotaba a Boca Juniors y levantaba la Copa Libertadores en una hazaña que estremeció al continente, en Barranquilla no hubo espacio para la resignación. Fuad Char observaba el partido con la serenidad de los hombres que convierten las derrotas ajenas en desafíos personales.
Fuad, No sintió envidia del campeón..
Si Manizales abrazada por la neblina pudo tocar el cielo de América, ¿por qué Barranquilla, con su carnaval perpetuo, su fútbol pasional y su estadio latiendo como tambor de comparsa, no podría lograr ganar una copa Libertadores también?
Desde entonces, la Libertadores dejó de ser un torneo distante y se transformó en obsesión silenciosa para Fuad Char . Una espina elegante incrustada en la historia rojiblanca. Porque las once estrellas nacionales adornan la vitrina de Junior, pero ninguna tiene el peso simbólico de esa copa que obliga al continente a detenerse y pronunciar el nombre de un club con reverencia.
Por eso cada eliminación duele distinto.
Duele más cuando el proyecto parecía armado para competir. Duele más cuando la ilusión vuelve a encenderse en las tribunas del Metropolitano y termina apagándose antes de tiempo. Y duele todavía más en un dirigente que ha invertido años, recursos y paciencia intentando construir el equipo capaz de conquistar América.
Fuad Char entendió hace mucho que el fútbol no se mide únicamente en balances económicos ni en títulos locales. La Copa Libertadores representa prestigio, memoria y eternidad. Es el territorio donde los clubes dejan de pertenecerle a una ciudad para convertirse en patrimonio emocional de un continente.
El sueño tendrá que esperar...
Otra vez la copa se verá lejana desde la capital del Atlántico. Otra vez Barranquilla deberá conformarse con la nostalgia de lo que pudo ser. Y quizás, mientras las luces del estadio se apagan y el murmullo de la eliminación recorre las calles calientes de Barranquilla y la Costa Atlántica, Fuad Char vuelva a mirar hacia esa vieja noche de 2004, cuando entendió que conquistar América sería mucho más difícil que conquistar los títulos en el fútbol colombiano.
Porque hay sueños que no envejecen. Solo aprenden a convivir con la espera. Y así, mientras la Copa Libertadores continúa su viaje lejos de Barranquilla, Fuad Char vuelve a quedarse solo frente a una ilusión que el tiempo no ha podido jubilar.
Porque los nueve títulos del fútbol profesional colombiano llenan vitrinas, pero la gloria continental habita otro territorio: ese donde los clubes se convierten en leyenda y las ciudades en eternidad. Fuad, sabe que el fútbol también está hecho de esperas dolorosas, de noches inconclusas y de sueños que se resisten a morir. Y aunque otra eliminación haya apagado la fiesta rojiblanca antes de tiempo, en algún rincón del Caribe sigue viva la terquedad de una ciudad que aún cree que un día América tendrá acento barranquillero.
