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El Salado espera mejores días

Quince años después de la masacre de más de 100  campesinos, los habitantes de este corregimiento del Carmen de Bolívar, esperan la mano generosa del Estado. 

Por Francisco Figueroa Turcios

El 18 de febrero de 2000 cerca de 450 paramilitares, a órdenes de Rodrigo Mercado Pelufo, alias ‘Cadena’, jefe del Bloque Héroes de los Montes de María, que a su vez estaba bajo el mando de Carlos Castaño, máximo comandante de las AUC, y respaldado por Salvatore Mancuso, jefe del Bloque Catatumbo, incursionaron en el corregimiento de El Salado, en jurisdicción del Carmen de Bolívar, ubicado hacia el sureste a una distancia de 18 kilómetros del casco urbano, con el objetivo de asesinar a todas las personas que consideraban aliadas de la guerrilla.

Era un ardid para atemorizar a toda la subregión de los Montes de María, asesinando, previa inhumana tortura, a seres inocentes, a quienes acusaban de ser informantes de las Farc.

Francisco Vega, Francisco Vega, alcalde del Carmen de Bolívar.

En ese desbarajuste sodomita y sádico, los comandados por el demente homicida alias ‘Cadena’ violaban niñas de 9 años, y luego las mataban a puñal, o a golpes. Todos los muertos los iban lanzando en una fosa común y luego los quemaban.

En su incursión, los paramilitares desmembraban y torturaban a los pobladores con motosierras, destornilladores, piedras y maderos, mientras bebían licor saqueando  las tiendas. Violaban mujeres, jugaban fútbol con las cabezas de los decapitados, ahorcaban jóvenes, apaleaban ancianos y mujeres embarazadas mientras escuchaban música vallenata de Diomedes Díaz a alto volumen. Cualquier parecido con las películas de la época de las cruzadas es mera coincidencia. Aquí la realidad superó inmensamente la ficción.

«Yo me salvé de morir en esa masacre, porque era Voluntario de la Cruz Roja, y el día antes me tocó salir a prestar unos primeros auxilios a la vereda  ‘La Sierra’ y de allí fui a El Carmen de Bolívar a visitar a mi suegro que estaba enfermo en el hospital y de paso llevarle unos recursos económicos a mi esposa, que estaba con él. A los dos días regresé al pueblo, el panorama que encontré fue horrible, familiares de mi mujer los encontré mutilados», recuerda Orlando Arrieta.
El Salado era una despensa agrícola, por lo que se producía para sostener a las familias. Desde la masacre, las cosas cambiaron. «El pueblo está triste, además, no hay fuente de empleo, si las cosas no cambian, yo también lo estoy pensando en marcharme, mi familia, en especial mis hermanos, no están de acuerdo en que permanezca aquí «, acota.

Enriquecidos con el dolor ajeno

El periodista Imer Alvis Díaz, director de Telemontes de María, la reflexión que esgrime al cumplirse 15 años de la masacre de El Salado, su pueblo natal, es que «no creo que el pueblo conozca más que el mismo gobierno de turno todo lo que está sucediendo con El Salado. Esta masacre solo ha servido para dos cosas: la primera fue acabar con mi pueblo y su gente. La segunda, para enriquecer a aquellos que son unos magos para sacarle plata al Estado con todo tipo de acontecimiento».

Imer Alvis Díaz, locutor de la emisora del pueblo.

Y referente al apoyo del Estado para El Salado, Imer Alvis, responde: «la mano del Estado está, pero, hasta qué punto de vista ha sido amigo de gran ayuda, de allí, mi teoría que el vivo vive del bobo…».

Dumenk Turbay, un líder  referente de los Montes María, oriundo de El Carmen de Bolívar, considera que «la desatención de un Estado omisivo que no hizo nada por impedir esta masacre, cuando habían alarmas y señales…fue una masacre anunciada. Es una historia de dolor y tristeza que ningún pueblo debe volver a vivir. 15 años después lo que está sin reconstruir es el alma y la confianza de esa comunidad. No podemos olvidar a las familias esperando un mejor futuro».
Francisco Vega, alcalde de El Carmen de Bolívar, reconoce que la tarea es larga, pero poco a poco se van avanzando en satisfacer algunas necesidades prioritarias.

Dumek Turbay, líder del pueblo.

«A pesar de que El Salado aún tiene un mundo de necesidades  por satisfacer, se ha avanzado. El acueducto funciona tres veces a la semana; se construyó la estación de Policía, un polideportivo en Barrio Abajo, la casa del Adulto Mayor. Se están construyendo 100 casas dentro del proyecto de la Presidencia de la República de viviendas gratis. No se han pavimentado las calles, porque se está resolviendo el tema del alcantarillado que tiene redes, pero falta la licencia ambiental», resalta Francisco Vega.

Las pocas familias que habitan El Salado esperan mejores días, de lo contrario no les quedará otra alternativa, como el caso de Orlando Arrieta, que emigrar del pueblo buscando un mejor horizonte.

El viejo cementerio ha sido reconstruido, porque lo quemaron las AUC.

 

 

Orlando Arrieta y su inseparable compañero, el burro.

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