Crónica del fin de semana que vivió Colombia con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales como colofón de un drámatico debut mundialista de la Selección, 16 años después de ausencia.
Por Melissa Ochoa
La jornada comenzó temprano, luego de una noche de insomnio profundo, por lo cual me dediqué a gestionar la cantidad propicia de intensos mensajes antibélicos en el “confesadero” virtual más famoso de la década, ese que comienza con “F”, en el que las sobrinas y sobrinos como los de Ana Mercedes pierden el tiempo intentando hacer el amor, la paz, la guerra moviendo el dedo de aquí para allá en la nueva guaracha tecnológica que esté de moda.
4:30 am, comienza para mí el domingo más importante del año y del futuro que nos augura por cuatro más.
A esta hora ya deben estar madrugando aquellos “suertudos” jurados, testigos y escrutiñadores de nuestras decisiones políticas, también el taxista, el señor del tinto, el conductor de bus y la gente que presto sus carros para transportar a las masas hasta el lugar en donde su cédula quedó registrada y adonde debe dirigirse en pos del deber patriota.
Naranjas, Zurriagas, Juanpa o ¡Liposucción, liposucción, liposucción para adelgazar! es lo que necesitan las mujeres de un país desarrollado para ser felices, más Eps y educación de calidad, al mejor estilo con el que se hubiera podido armonizar la inauguración del mundial: es la hora, es la hora, es la hora de votar.
El país más feliz del mundo según el barómetro global de felicidad y esperanza; le matan a los profesores, les explotan a los niños, les secuestran a los candidatos presidenciales, los candidatos ex secuestrados lo demandan, se le orinan en los pantalones, le chuzan y le chismosean hasta los chuzos desgranados, menos las granadas que aún le quedan, y Colombia tierra querida, como toda cosa política, sigue riéndose.
Como sea que nos pareciese, nos gustara o defiriéramos todos debíamos salir de nuestras casas, hacia los colegios, universidades, embajadas o adonde fuera necesario para ejercer nuestro derecho y nuestro deber, si bien ya no se pone la bandera en la ventana por lo menos la camisa blanca o la del equipo debíamos desempolvar en el alma.
Una hora en punto más tarde, suenan campanitas en RCN, caracol esta sintonizado, Patricia Janiot hace su análisis para CNN en español, Uribe se toma el canal uno y 45 minutos después del cierre de votaciones se publican los resultados, ¡nuevamente tenemos presidente reelecto!
Uno que tiene encantadas a las viejitas y a los jóvenes con su nueva faceta de estrella de redes sociales, atrás ha quedado la imagen del “Grinch” y la del pajarito de Twitter que se vistió de blanco, aparten a esos «zurriagas» del camino, que llegó y va a quedarse, el presidente se llama: Juan Manuel Santos.
Comicios, proselitismo, mermelada que empalaga y otras cosas no empeñaron el deseo de paz de un pueblo harto de lo mismo, y aunque algo incrédulo y de pronto hasta acorralado entre el cáncer y el sida, sin preservativos suficientemente eficientes para una salida totalmente limpia, los colombianos y sobre todo el pueblo costeño, han votado por la opción menos sangrienta.
Y a todas estas ha sido un trabajo conjunto, un logro nacional, dónde habría quedado la actual presidencia sin la decisión del pueblo costeño, cuya reivindicación tras la masiva abstención durante la primera jornada de elección y coronación, que digo, de las votaciones, demostró el peso y la calidad de criterio de la región norte de todo un país, y sin caer en regionalismos, recalco, es una Colombia de cachacos, de paisas, de caleños, de samarios y cartageneros, de opitas, de palanqueros, de indígenas, y de mujeres, de niños y discapacitados, de gays y lesbianas, guerrilleros y secuestrados, de pastores y de papas, de paro agrarario y de artistas, y hasta de seres místicos si así quiere verlo, todos con un mismo compromiso y con un mismo valor como lo recalco el joven senador de trajes elegantes y figura deportiva, Armando Benedetti.
La jornada ha terminado, «zurriaga» llora, «furibe» miente, Juanma y sus hijos se toman el selfie y Colombia opina en las tabletas, en los IPhones, que doña Ana Mercedes no entiende, todos andan dando cháchara, en la sala de la casa, en los patios y en las terrazas, en los campos y en las plazas, en la cárcel y en la iglesia, pero lo que ocurra de ahora en adelante sigue siendo asunto de todos, como en mi casa yo tengo voz y voto y también responsabilidad, un hermoso fin de semana para aquellos que han disfrutado celebrar un gol colombiano con todo el mundo, sentir los ojos de todos sobre las pantallas de noticias internacionales para saber qué pasa con el país de Sophy y Shakira, y que lo digan Juanma y Pekerman, este reto apenas comienza…¡LEGO!