El continente negro, que recibió al icono religioso de Occidente, vive entre guerras étnicas, espirituales y en el inacabado imperialismo.
Por Chachareros
Es difícil entender cómo Occidente envía ayudas humanitarias y mensajes de paz a un continente al que casi ha masacrado por completo. Todavía se recuerda el salvajismo belga, francés y británico que se repartió a África con sangre y fuego. Y por si la historia no fuera suficiente, aún hoy son permanentes los bombardeos y saqueos de recursos naturales en nombre de la paz y la democracia.
Por eso la visita del Papa Francisco se dio en medio de estrictas medidas de seguridad. Occidente sabe que cualquier visita es susceptible de ser objetivo de guerra, aunque ante la opinión mundial los medios globales digan que esas medidas son respuesta a las guerras civiles que viven los países de África.
En todo caso, el Papa Francisco se ha salido de los cánones y protocolos occidentales, y por eso su mensaje de paz se hace creíble a todas la religiones, porque cuando él habla no parece estar representando a la Iglesia Católica sino al sentir más amplio de la humanidad, que justamente se hastía de ver cada día guerras e imperios.