Por Javier Franco Altamar
El panameño Basilio, intérprete original de la canción, dijo en el 2006 que ´Cisne cuello negro´ no tiene la complejidad de las reivindicaciones raciales ni es un grito sublime de nada: su mensaje de fondo es bello y simple al mismo tiempo: todos los seres humanos somos iguales.
“Supongo que Manuel Alejandro quiso decir, también, gordo o flaco, o lo que sea. El asunto es que mientras pueda existir un lenguaje de amor y de entendimiento, todos podemos funcionar”, aseguró Basilio, entrevistado en su apartamento durante una pausa de sus labores diplomáticas en Cartagena (Colombia), donde oficiaba de Cónsul por aquellos años.
El Manuel Alejandro a quien Basilio mencionó es el gran compositor español de cuya mente salieron una tonelada de canciones para los más grandes baladistas de habla hispana de los años 60 del siglo pasado en adelante.
Es una lista de temas de mucho respeto que tiene como intérpretes a Nino Bravo, Raphael, Julio Iglesias, Pedro Vargas, Libertad Lamarque, Rocío Jurado, José Luis Rodríguez (El Puma), Enmanuel, Jeanette, José José, y, por supuesto, Basilio.
“Manuel Alejandro es un supercompositor y como, obviamente, compuso ese tema para que yo la cantara, le pareció conveniente que la letra llevara alguna connotación de blanco y negro, pero de una forma muy poética y romántica”, agregó el cantante panameño. La salvedad se entiende cuando recordamos que Basilio era afrodescendiente.
Y eso de adecuarse al cantante es uno de los rasgos que caracteriza la obra de Manuel Alejandro, quien nació en 1932 en Jerez de la Frontera en España y fue bautizado como “Manuel Álvarez-Beigbeder Pérez”. Esa es apenas, por supuesto, una identificación de documento nacional y pasaporte, porque el mundo lo reconoce más con su doble nombre de galán de telenovela, muy apropiado -si se mira bien- con su vasta producción en el campo del amor.
El filtro para varias de sus canciones, es decir, la encargada de darles el visto bueno luego de examinarlas y hacer sugerencias correctivas, fue Purificación Casas, segunda esposa de Manuel Alejandro, quien aparece como autora con el seudónimo de «Ana Magdalena» para esos casos. Una de esos temas fue justamente el del cisne.
Y en el caso de Basilio, su nombre completo era Basilio Antonio Fergus Alexander. Nació en Ciudad de Panamá en 1947, y murió en Miami (Estados Unidos) tres años después de aquella entrevista en Cartagena. Al momento de su muerte, estaba a tan solo tres días de cumplir 62 años.
Pero antes de continuar con estos detalles biográficos de autor y cantante (Manuel Alejandro goza de muy buena salud a sus 94 años), empecemos a examinar la canción. Apareció en un sencillo de 1977 como contracara de ‘Esto es amor’, esa sí, autoría del panameño:
No hay un lago negro y un lago blanco, y un lago blanco:
Hay un lago inmenso lleno de fango, lleno de fango.
No hay silencio negro, ni llanto blanco, ni llanto blanco:
Hay solamente silencio y llanto, silencio y llanto.
Una primera mirada deja de evidencia la gran simplificación que heredamos del maniqueísmo, esa religión en que militó Agustín de Hipona antes de convertirse en uno de los padres de la iglesia católica.
Recordemos, así sea a título de curiosidad, que esa religión fue fundada en el siglo III d. C. por el sabio persa Mani (o Manes). Se caracterizó por un dualismo radical, según el cual, la realidad consiste en una lucha cósmica e incesante entre dos principios eternos, coaxiales e independientes: el Bien (la Luz, el Espíritu) y el Mal (las Tinieblas, la Materia).
Lástima que no haya tiempo para relatar la manera en que la doctrina cristiana logró superar este dualismo de extremos. Baste con decir, con Agustín como testigo, que si el mal existe en el mundo, no lo hace en el mismo nivel ni como adversario del bien (es decir, de la obra de Dios), sino como “ausencia” de ese bien dadas las libres decisiones -en tal caso, inadecuadas- del ser humano.
La historia cuenta que entre los siglos III y V, el maniqueísmo se expandió con enorme rapidez desde el imperio sasánida y el imperio romano hasta Asia Central y China. Y aunque fue perseguido ferozmente por el Estado romano y por la iglesia católica hasta su práctica desaparición en Occidente, el término maniqueo perdura en el vocabulario actual para describir posturas ideológicas o éticas reduccionistas que dividen el mundo entre «buenos» y «malos» de manera tajante, sin matices intermedios.
Bueno, en esa línea parece estarse desarrollando la canción de Manuel Alejandro, planteando, una y otra vez, extremos respecto de los cuales no hay términos grises. Pero podríamos, mejor, ir un poco más allá, y concluir que el mensaje es mucho más tajante: los tales extremos ni siquiera existen. Quizás nos los hemos ido inventando sin ninguna justificación.
Y si por extensión la letra supera la perspectiva maniqueísta, con la incorporación del «fango» la obliga a un aterrizaje forzoso: El lago no solo está desprovisto de color, sino que es inmenso y está lleno de fango. No es tan perfecto ni siquiera cuando luce cristalino y azul en su función de espejo del cielo. Es, más bien, sucio y traicionero en el fondo.
Eso, dicho en términos filosóficos, quiere decir que el lago no representa al mundo de las formas perfectas de Platón, sino al sensible y cambiante que el gran filósofo griego heredó de Heráclito. Este último, en cambio, diría que nosotros hacemos parte de una realidad cambiante, nunca perfecta, sino contingente, frágil y vulnerable en la que tenemos que irnos construyendo día a día.
No hay un campo negro y un campo blanco, y un campo blanco:
Hay un campo inmenso para sembrarlo, para sembrarlo.
No hay quejido negro, ni canto blanco, ni canto blanco.
Hay solamente quejido y canto, quejido y canto.
… Laralá.
Podemos ir apreciando, en esta segunda estrofa, el refuerzo del mensaje que ya hemos subrayado. Sin embargo, hay un ingrediente para resaltar: la invocación al denominado “Sorge”, conceptualizado por Martín Heidegger -uno de los más grandes filósofos del siglo XX- como una de las maneras fundamentales del ser humano.
En su obra magna de 1927 “Ser y tiempo”, el gran pensador alemán asegura que el Dasein(es su palabra para referirse a nuestra especie) es un ser arrojado al mundo que debe construir su propia existencia ocupándose de lo que lo rodea. Cuando la letra de la canción señala, en efecto, que «hay un mundo inmenso que hay que cuidarlo» y «un campo inmenso para sembrarlo», nos está recordando que el sentido del ser humano se construye no solo desde la mera contemplación pasiva de la naturaleza, del mundo o del cosmos (eso se verá más adelante en la letra), sino en la intervención de sus entornos (sembrar, cuidar, caminar…).
Por otro lado, y desde el punto de vista antropológico, la letra sitúa las emociones (el llanto, el canto, la queja) como universales humanos que trascienden el color de la piel, la etnia o la clase social. La existencia debe lidiar, sin embargo, con todo esto. Nada es plano ni armónico.
Ahora bien: que el mensaje de esta canción sea tan existencialista (Heidegger es el estructurador inicial de esta corriente filosófica, que tiene al danés Søren Kierkegaard como precursor oficial, y al francés Jean-Paul Sartre como su representante más excelso) responde, justamente, a que la obra de Manuel Alejandro es testimonio y expresión de su propia existencia en cuanto construcción propia.
Y ni siquiera de trata de que los relatos de sus canciones sean autobiográficos en sentido literal, sino que hasta en lo más cotidiano encuentra el pretexto para construir una historia conectada con los grandes temas humanos. Para entenderlo mejor, veamos un par de ejemplos.
El primero es el de una insistencia en su contra desde una oficina de impuestos. En una antigua entrevista, Manuel Alejandro aseguró que los cobros y llamados de la entidad le llegaban a su casa en sobres de carta. De esa experiencia, surgió la canción ‘A veces llegan cartas’ grabada, entre otros, por Raphael en 1973:
A veces llegan cartas con sabor amargo, con sabor a lágrimas.
A veces llegan cartas con olor a espinas, que no son románticas.
Son cartas que te dicen que al estar tan lejos, todo es diferente.
Son cartas que te hablan de que, en la distancia, el amor se muere.
Y como para seguir espantando un poco la intención trascendental de las preguntas, está el ejemplo de la canción ‘Así nacemos’, de 1973, interpretada por Julio Iglesias. Recordémosla un poco…
Con los ojos cerrados,
Con los ojos cerrados,
Como presintiendo
Qué horrible es el mundo que vamos a ver.
Con el llanto en los labios,
Con el llanto en los labios:
Como lamentando
llegar a una tierra que buena no es.
Así nacemos (bis)
Yo, tú, ese y aquél.
Así nacemos (bis)
Yo, tú, ese y aquél.
Esta canción se presta para un análisis muy profundo desde lo filosófico. Ya antes habíamos dicho que el ser humano “es arrojado” a un mundo en el que tiene que abrirse paso, con el que tiene que interactuar de mil maneras para construirse. Es la existencia misma por definición. El mundo es hostil, y eso nos lo estaría recordando Manuel Alejandro.
Y como se trata es de continuar en la línea existencialista, podríamos decir el gran compositor no necesita ni siquiera de leer a Heidegger, ni a Kierkegaard ni a Sartre para disparar sus letras: le basta solo con existir y ya. Mejor dicho: Manuel Alejandro, en tanto inserto en circunstancias existenciales, es manifestación de los rasgos teorizados por el filósofo alemán, y desde esa condición, él los traduce al canto. Sería una especie de reacción automática, como lo haría otro con la pintura, el fútbol o la política.
Pero todo esto de pronto no es tan elevado. Recordemos que el disparador de Manuel Alejandro suele ser algo muy cotidiano y sencillo. En este caso, él se inspiró en la actividad obstétrica del padre de Julio Iglesias (Julio Iglesias Puga), afamado ginecólogo de principios del siglo XX. Por eso, luego de terminada la canción, se le encomendó al hijo de este. Fue la primera que Julio Iglesias le grabó.
Esta manera de proceder es una constante en el caso de nuestro compositor, y debe de ser así para muchas de sus canciones, pero no hay ninguna referencia conocida en la que él se haya referido al tema del cisne por ese lado. Tan solo tenemos lo que dijo Basilio en aquella entrevista del 2006.
Cisne cuello negro,
Cisne cuello blanco,
Que se van hiriendo,
Que se van besando:
Alegría y llanto.
Hemos llegado al estribillo que Basilio canta casi en falsete, y apreciamos, de inmediato, la encarnación de una paradoja existencial. Estamos ahora en presencia de dos cisnes, y uno de ellos no es completamente blanco, sino que es la síntesis viviente de lo opuesto: su cuello es de un color y el resto del cuerpo, de otro. Eso plantea una tensión vincular y afectiva, que, si le paramos bolas a Jean-Paul Sartre, está en la esencia del encuentro con el otro.
Y no se trata, por supuesto, de un encuentro equilibrado, idílico, sino en medio de la fricción trágica: el amor y el conflicto. La herida y el beso corresponden a dos dimensiones simultáneas de una misma realidad afectiva. Y en cuanto a la alegría y el llanto, no son manifestaciones mutuamente excluyentes, sino que pueden estar presentes al mismo tiempo.
En la segunda parte de la canción, encontramos un poco más de lo mismo, con los extremos en comparación, aunque lo traído a ejemplo seduce por lo evocador. Es una verdadera tentación para el análisis:
No hay un cielo negro y un cielo blanco, y un cielo blanco:
Hay un cielo inmenso para mirarlo, para mirarlo.
No hay sendero negro, ni llano blanco, ni llano blanco:
Hay solamente sendero y llano, sendero y llano.
La tentación consiste en que podría estarse dando aquí la perspectiva de contemplación del cielo que hemos mencionado antes, y por extensión, al todo ordenado según las reglas del logos. Es una evocación primera, si se quiere, a la manera en que los griegos clásicos asumían su oficio filosófico. El cosmos está ordenado y tratar de entender su perfección -es decir, tratar de conocerlo- era el camino de la felicidad, según Platón.
Pero la siguiente estrofa, concentra la mirada en el mundo propio, o sea, en el experiencial. Es como si estuviéramos siendo testigos de una transición filosófica expresada en cada verso, pues de la visión del universo como una totalidad armónica y regida por leyes universales (el cosmos), se pasa a la experiencia concreta, terrenal y habitable del ser humano (mundo). En términos históricos, eso fue lo que significó el paso del periodo antiguo de Grecia, con sus dioses sobrehumanos, al medieval cristiano con nuestro Dios transcendental. Miren:
No hay un mundo negro, ni un mundo blanco, ni un mundo blanco.
Hay un mundo inmenso que hay que cuidarlo, que hay que cuidarlo.
No hay camino negro, ni paso blanco, ni paso blanco.
Hay solamente camino y paso, camino y paso.
Laralá…
Pero, como he dicho ya, llegar a esos extremos reflexivos es haber cedido, quizás, a una tentación filosófica forzada. Una connotación profunda muy ajena al mensaje central, como lo advirtió el mismo Basilio. El asunto es que la canción vuelve a jugar con los contrastes en su cierre, y los dos cisnes modifican su accionar en el charco apenas real del mundo de la letra. Es necesario tener en cuenta que mientras el cisne blanco puro habita en territorios compartidos de Europa y Asia, el de cuello negro es nativo de América del sur. De manera que la convivencia planteada en la letra, tan solo podría darse en un zoológico o en algo parecido.
Cisne cuello negro,
Cisne cuello blanco,
Que se van queriendo,
Que se van negando.
Alegría y llanto.
Cisne cuello negro,
Cisne cuello blanco…
Se van queriendo y negando nuestros dos cisnes metafóricos. Así se retoma la tensión vincular y afectiva de la cual hablamos en la primera aparición de los dos ejemplares. Y frente a esta incorporación, vale la pena preguntarse cómo dialoga esta metáfora del cisne cuello negro/blanco con la vivencia del mestizaje o la ambivalencia afectiva en la cultura popular hispanoamericana.
Manuel Alejandro quizás nunca lo diga de esta manera, pero con el hecho de haber compuesto esta canción para Basilio -es decir, con el ánimo de que la interpretara un afrodescendiente-, ya nos dijo mucho más de lo que hemos pretendido decir aquí.
Escuche aquí el podcast de la versión dialogada generada por IA:
