Los verdaderos ejércitos neocoloniales lo integran las multinacionales. Pueden instalarse en cualquier país, explotar su territorio y dejarlo en la más horrenda desolación ambiental y humana. Cuentan con los TLC.
Por Jorge Guebely
El uso de militares para colonizar fue la estrategia de la pre-modernidad y de la modernidad conservadora. El ejército de Carlos Magno lo convirtió en el primer gran emperador de Occidente. La brutal milicia española aniquiló tribus enteras de América para apropiarse de las riquezas naturales. Hoy, el saqueo no cesa aun cuando existen mecanismos diferentes.
El neocolonialismo, o colonialismo liberal, o colonialismo actual, despoja con la complicidad de los gobiernos ‘independientes’ de cada región. Posponen las fuerzas militares como último recurso. Así sucede en medio oriente y así sucedió en Chile. Para sus expoliaciones neocoloniales les basta una clase política cómplice, unos funcionarios corruptos y la bandera del progreso social y económico.
Hoy, los verdaderos ejércitos neocoloniales lo integran las multinacionales. Pueden instalarse en cualquier país, explotar su territorio y dejarlo en la más horrenda desolación ambiental y humana. Cuentan con el beneficio de los TLC. Con las armas del mercado libre, se apoderan de las pertenecías de los nativos. Así, proliferan los desplazados porque ellas, a veces con paramilitares a bordo, los despojan de sus terrenos.
No les importa violar la legislación nacional. Cargill, multinacional de granos, adquirió 52 mil hectáreas transgrediendo la ley 160 de 1994. Con asesoría de Brigard & Urrutia, oficina de abogados colombianos, inventó 36 sociedades simplificadas para comprar, a bajos precios, muchas ‘Unidad Agrícola Familiar’ (Minifundios sobre tierras baldías adjudicados a campesinos pobres para su sustento familiar, donde nadie puede adquirir más de uno). Hoy, una porción del territorio nacional pertenece a Cargill mientras bandadas de campesinos, afro-descendientes e indígenas se hacinan en tugurios urbanos.
Peor aún, un ejército de multinacionales invade el país con la misma estrategia. Mónica Semilla compró 13 mil hectáreas; Carlos Aguel Kafruni, 15 mil; Organización Sarmiento Angulo, 13 mil; Riopaila, 42 mil. Las condiciones le son favorables: el Estado los exonera de impuestos, la clase política les sirve interesadamente y muchos funcionarios públicos colaboran con su corrupción. Todo sucede así porque el alma del hombre actual es el dinero.