Por: Francisco Figueroa Turcios
El fútbol tiene una paradoja que desafía cualquier explicación.
Es un deporte que se juega durante noventa minutos, pero muchas veces su verdadera historia se escribe cuando el reloj ya parece haber agotado todas sus páginas. Allí, en ese territorio llamado tiempo adicional, donde las piernas pesan, el aire escasea y la concentración comienza a desvanecerse, nace un partido completamente distinto.
La jornada sabatina del 1 de agosto 2026 de la Liga BetPlay fue una demostración contundente de esa realidad. Tres encuentros, tres desenlaces idénticos y un mismo protagonista: el último minuto adicional…
Durante buena parte de sus compromisos, Independiente Medellín, Deportes Tolima y Millonarios tuvieron que luchar contra rivales que parecían haber encontrado la fórmula para resistir. Todo indicaba que los empates o los marcadores parciales sobrevivirían hasta el pitazo final. Pero el fútbol nunca firma sus historias antes de tiempo.
En Valledupar, en el estadio Armando Maestre Pavajeau, Alianza acariciaba un resultado importante frente al Deportes Tolima. Sin embargo, cuando el reloj ya transitaba por el tiempo de reposición apareció el gol de Jorge Cabezas Hurtado al minuto 90+3 que cambió el destino del partido. Lo que durante más de noventa minutos parecía un empate terminó convertido en una victoria tolimense por 2-1. Felipe Pardo a los 9 minutos abrió el marcador a favor de Alianza y Luis Chino Sandoval de tiro penal a los 33 minutos decretó la paridad del partido.
A partir de las 6 de la tarde, el Deportivo Cali hacía un enorme esfuerzo para llevarse un punto de Medellín. Resistía cada ataque del conjunto antioqueño y el empate parecía inamovible. Pero nuevamente el tiempo adicional rompió todos los pronósticos. En la última acción apareció el gol de Diego Moreno al minuto 90 +3 del Deportivo Independiente Medellín para decretar el 1-0 y desatar la celebración de su afición.
La historia se repitió en Barranquilla en el estadio Romelio Martínez, Junior y Millonarios protagonizaron un partido intenso, de mucha lucha y pocas concesiones.
El empate parecía el resultado inevitable. Sin embargo, cuando los aficionados en el estadio Romelio Martínez ya esperaba el silbatazo final, Millonarios a través de Rodrigo Contreras en el minuto 90+2 encontró el espacio, aprovechó una desconcentración defensiva y marcó el gol que silenció a miles de aficionados rojiblancos. Lo que parecía un punto terminó siendo una dolorosa derrota por 1-0.
Tres partidos distintos. Tres ciudades diferentes. Tres protagonistas. Pero un mismo libreto escrito por el reloj.
Ahí aparece la gran paradoja del fútbol. Durante noventa minutos se habla de estrategias, esquemas tácticos, posesión del balón, cambios, estadísticas y figuras. Sin embargo, todo ese trabajo puede quedar reducido a una sola jugada. El esfuerzo de toda una noche puede derrumbarse por un instante de desconcentración o transformarse en una celebración inolvidable gracias a un destello de inspiración.
La resaca del campeón…
Los títulos suelen dejar una huella imborrable en la memoria de los hinchas, pero también pueden esconder un enemigo silencioso: la resaca del campeón. Esa sensación de relajación, de pérdida de intensidad o de desconexión competitiva que, muchas veces, aparece cuando aún resuenan los ecos de la celebración. Y eso es precisamente lo que parece estar viviendo Junior en el comienzo del segundo semestre del fútbol colombiano.
El vigente campeón no encuentra el camino. En los dos partidos oficiales de la Liga Betplay todavía no conoce la victoria. Más preocupante aún, no solo han llegado los malos resultados, sino que también se ha instalado una preocupante sensación de fragilidad futbolística. El equipo que hace pocas semanas levantaba el trofeo hoy transmite dudas en todas sus líneas.
El primer golpe fue la inesperada eliminación de la Copa BetPlay frente al Barranquilla Fútbol Club, un equipo de la segunda división. Junior no pudo imponerse en ninguno de los dos encuentros de la serie: empató 2-2 el primero y 3-3 el segundo. La clasificación terminó definiéndose desde el punto penal, donde el conjunto rojiblanco volvió a fallar y quedó eliminado prematuramente por un rival de menor categoría.
Lejos de reaccionar, el inicio de la Liga BetPlay profundizó la crisis. En la primera jornada cayó 2-1 frente al Deportes Tolima en Ibagué, un partido en el que volvió a mostrar problemas defensivos y falta de contundencia. En la segunda fecha, la derrota por 1-0 ante Millonarios, en el estadio Romelio Martínez, dejó una imagen aún más inquietante: un equipo sin claridad, sin rebeldía y sin la autoridad propia de un campeón defensor.
Las estadísticas son tan frías como contundentes. Junior suma dos derrotas en dos partidos de Liga, no tiene puntos y ya quedó eliminado de uno de los torneos del semestre. El balance es impropio de un equipo llamado a defender el título y a competir en los primeros lugares…el técnico de Junior Alfredo Arias se esta quedando sin argumentos…En la tercera fecha Junior visitará al Atlético Nacional, una gran oportunidad para resarcirse con la afición juniorista.
Sin embargo, el fútbol también enseña que las crisis pueden convertirse en puntos de partida. El mismo plantel que hace poco celebró una estrella conserva buena parte de la nómina que alcanzó la gloria. La diferencia no parece estar en el talento, sino en la intensidad, la concentración y la capacidad para recuperar el hambre competitiva que distingue a los grandes campeones.
