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El milagro de Barranquilla es con goce y sabor

La unión sin condiciones ni desconfianzas de sectores públicos y privados es lo que ha impulsado todo este desarrollo de la ciudad. 

 Por Rafael Sarmiento Coley

Era difícil en otros tiempos que un Alcalde de Barranquilla lograra sentarse a negociar de manera sincera, sin desconfianza ni condiciones, con los grupos económicos, ni mucho menos con los diferentes sectores políticos.

Marc Anthony y la alcaldesa de Barranquilla Elsa Noguera en un fuerte abrazo.

La desconfianza entre sí era tal, que el mandatario local no confiaba ni en su propio sector político. Tampoco los dirigentes de su partido confiaban en el Alcalde de turno. Ese era el sombrío panorama que ofrecía la Barranquilla de los años 70, 80, y hasta el 90 del siglo pasado. Ya con la elección popular de alcaldes la cosa comenzó a cambiar, especialmente en Barranquilla, que tuvo la suerte de elegir un primer Alcalde de pantalones, de carácter y muy emprendedor, Jaime Pumarejo Certaín. Se enfrentó al Concejo. Reconcilió con el Concejo. Construyó de nueva la Calle Murillo,  que quedó tan bien hecha que resiste el Transmetro sin que le hayan puesto una gota de cemento más.

Lástima que gobernó poco tiempo debido a una querella política que lo sacó del puesto para poner a su primo Gustavo Certain Duncan, del sector namista.

Un suceso que marcó un hito

Monseñor Víctor Tamayo y el Arzobispo de Barranquilla Jairo Jaramillo.

Pumarejo no solo significó la acción emprendedora, dinámica y con decisión, sino que, viniendo él del sector privado (era constructor, poderoso empresario del sector del algodón y la palma de aceite y socio del Country Club), motivó de inmediato a otros empresarios como él a que saltaran a la arena política en reemplazo de una clase política envejecida, llena de vicios y corruptelas, incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos y sin la visión que se requería para enfrentar el futuro.

Los políticos que estaban en el ruedo se encontraban enredados hasta los tuétanos con el robo de combustible a Ecopetrol, con el robo de tierras para canteras ilegales, con la modificación del POT para llenar la ciudad en forma desordenada de estaciones de gasolina, con la compra de multimillonarias toneladas de leche en polvo subsidiada por países ricos, y revendido aquí como si fue ordeñada en vacas de corral.

Ricardo Restrepo, director del Área Metropolitana de Barranquilla, y la Mintransporte Natalia Abello.

Habia políticos que tenían ‘alambiques’, que eran verdaderas ‘fábricas clandestinas’ de licor en el patio de la casa para repartir antes, en y después de las elecciones. Todo el mundo desconfiaba de todo el mundo. En esas condiciones, hasta la sal se corrompe. Un grupo de muchachos sanos y pulcros que se estaban formando de manera transparente en la Cámara de Comercio resultaron involucrados en un vergonzante episodio de unas grabaciones entre ellos en las cuales uno de ellos le decía al otro “eso allá en la Cámara de Comercio es hacerse la paja. Donde está el polvo es acá en la administración pública”.

Menos mal que se acabó tanta desvergüenza

Margarita de Cure y Carlos Cure.

Con los años, poco a poco, fueron surgiendo grupos distintos de barranquilleros jóvenes a quienes les dolía la ciudad. Por un lado, surgieron los hermanos Loewy, Joseph Dacaret, los Mancini jóvenes liderados por Filiberto, Sammy Azout, los Segebre Berardinely especialmente Jorge ‘El Chirry’ Segebre y, finalmente los hermanos Christian y José Manuel ‘Yuyo’ Dacaret.

¿Cuál fue el milagro que ellos hicieron? Muy sencillo. Ellos, viajeros por el mundo, se habían dado cuenta de cómo funcionaban de manera tan perfecta la Alianza Pública Privada (APP), se copiaron algunos procesos y aplicaron los métodos propios “a lo barranquillero: con mucho goce y sabor”, según afirma José Manuel Daes.

No fue fácil convencer a ciertos sectores políticos de la nueva estrategia. Porque ya estaban acostumbrados al juego de siempre: creamos una alianza, ganamos la alcaldía o la gobernación y nos repartimos la marrana (los contratos, la burocracia de las secretarias).

En el nuevo esquema ese lenguaje desapareció. Se impuso el lenguaje de “hagamos obras. Pongamos a crecer la ciudad. Diseñemos proyectos en grande. Aprovechemos la tormenta perfecta que se ha creado en la ciudad con estos cambios”, asegura Christian Daes.

 Él lo ve claro. “Barranquilla hoy es otra. Barranquilla ya tomó su rumbo y difícilmente la paren, porque ya la politiquería está derrotada. Hay una clase joven, fresca, con ideas nuevas, con deseos de servir sin corrupción, y eso es lo que hará que Barranquilla avance con su nuevo Puente Pumarejo, su modernizado aeropuerto Cortissoz, su nuevo Puerto de Aguas Profundas La Estrella de Barranquilla, su Centro de Eventos y Espectáculos del Caribe Puerto de Oro, su Avenida del Río, la nueva sede de la Alcaldía en La Loma con todo el desarrollo urbanístico que ello implica”.

La responsabilidad social

Marc Anthony, la Primera Dama de la Nación doña María Clemencia Rodríguez de Santos y la alcaldeesa Elsa Noguera.

Lo admirable de este nueve generación barranquillera es que, bien amalgamada con la administración pública y el Gobierno Nacional, se han convertido en jalonadores de otros importantes proyectos, atrayendo organizaciones internacionales sin ánimo de lucro y estrellas mundiales de primer orden como Marc Anthony, que con su fundación Maestro Cares fueron los principales responsables del moderno Internado ‘Monseñor Víctor Tamayo’.

Henry Cárdenas, co-fundador de Maestro Cares Foundation, junto con el cantante y actor Mac Anthony, se sentían muy felices viendo la sonrisa alegre de los 100 niños que primeramente ocuparán el Hogar Monseñor Víctor Tamayo.

Los 100 primeros niños del Internado fueron afortunados. Se gozaron los actos inaugurales.

Marc Anthony asegura que “esta nueva institución dispondrá de todas las comodidades y servicios requeridos por niños y niñas en situación de protección, al igual que todos los beneficios propios de su edad.  Los espacios están diseñados para recibir un promedio de 100 menores, repartidos en dos bloques (hombres y mujeres), quienes tendrán, además, acceso a un edificio administrativo , donde recibirán servicios de atención en salud a nivel de enfermería, psicología y nutrición; así como también educativos a través de bibliotecas, salas de informática, salas vocaciones, huertas, canchas de fútbol, softbol, baloncesto y otros deportes”.

Muchos invitados para entrevistar

La Primera Dama de la Nación María Clemencia Rodríguez de Santos, quien asistió a la inauguración en representación de su esposo, Juan Manuel Santos,  quien a esa hora intervenía en la Cumbre de las Américas, se mostró “gratamente sorprendida de ver cómo Barranquilla ha logrado poner en un solo escenario a todos los sectores que vibran por la ciudad. Eso es muy positivo y así es como se logran grandes cosas”.

La alcaldesa Elsa Noguera y el periodista Rafael Sarmiento Coley disfrutaron juntos el espectáculos de los juegos pirototécnicos.

Christian Daes insistió en su “tormenta perfecta por la que está pasando Barranquilla”.

El ex alcalde Alejandro Char Chaljub anunció que en las próximas semanas estará lanzando su candidatura a la Alcaldía, para “terminar algunas cosas que dejé en el tintero y para continuar algunas de las buenas obras de Elsa”.

José Manuel Daes no salía de su asombro de todo lo que le contaban acerca de cómo los grupos políticos habían sido domados un poco y ahora trabajaban en forma conjunta con la administración y el sector público.

La ministra del Transporte Natalia Abello anunciaba antes de partir que acelerarán el asunto de la adjudicación de la interventoría para el Aeropuerto Ernesto Cortissoz. Todo parece indicar que hay una piedra en el zapato con una arcaica empresa constructora barranquillera que quiere ese interventoría, que sería una más de tantas que le han dado. Y de paso se refirió al caso de su hermano Camilo, quien se recupera en Houston, Texas, en donde están las mejores clínicas y médicos para enfrentar su enfermedad con éxito posible.

Porque ese es el cierre del hermoso capítulo de la nueva Barranquilla. Hay viejos grupos de contratistas, que a la vez fungen como políticos, que pretenden quedarse con el oro con el moro. No admiten,  o no se han dado cuenta “que los tiempos han cambiado, y para siempre y por siempre”, dice Christian Daes.

 

 

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