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El dolor y el miedo, compañeros de paso en cuarentena y guías para seguir evolucionando como humanidad.

La periodista Jessica Jessurum  y la Piscóloga  Katterine Vargas.  Nos comparten su visión y camino para superar y aprovechar las emociones que se pueden originar durante la actual crisis mundial por el Covid-19

Quizá la frase «Los ojos son la ventana del alma» esta adquiriendo un nuevo sentido comunicativo.

Este no es un texto que habla de la cuarentena, pero si de lo que puedes experimentar a través de ella. Así como muchos, me he sentido triste, optimista, desconcertada, desubicada, frustrada, con  mucho dolor por el riesgo que se corre en cada instante y al ver las historias de los mayores afectados, aquellos que se rebuscan el día a día en la calle. Yo también me he sentido asustada, he buscado en google los síntomas, porque creo tenerlos, cuando llego a casa después de las pocas veces que he salido, siento que me falta el aire, que me duelen los ojos  y me pica la garganta. Después de un tiempo todo pasa y me doy cuenta que es  mi mente la que envía esas señales a mi cuerpo por toda la información, el dolor y el miedo con el que le ha tocado luchar recientemente. Hay historias que no han tenido este final, ya saben los miles que están enfermos en los hospitales del mundo. 

 

 

«Quien sabe de dolor, todo lo sabe».-Dante Alighieri-

Basta una superficial mirada por la historia de las civilizaciones para entender que el dolor ha sido una constante en la humanidad. Físico y emocional, el dolor es parte de la vida, a pesar de los esfuerzos que se han hecho por erradicarlo a través de campañas cada vez más fuertes sobre la importancia y la obligación de ser felices a toda costa, negando así, algo propio de la naturaleza humana.

El dolor es una alarma, es lo que empuja hacia el coraje, justo antes del miedo y después de superar a la  victimización. No es una carrera recta, es un ciclo que se repite en varios episodios de la vida.  Es lo que nos ha permitido estar presentes, es la alerta que nos hace huir de situaciones peligrosas, que nos mantienen a salvo, como lo hizo con el hombre de la caverna al enfrentarse a sus múltiples desafíos  naturales de supervivencia.  La cuestión es que esas acciones orgánicas, naturales, primitivas, salen de la mente consciente, la que está supuesta a juzgar, percibir y decidir, muchas veces en el campo de acción de un impulso. Como un jardinero, esta clase de pensamientos y acciones, producidas por el miedo,  riegan a la mente subconsciente que es como un piloto automático.

Te has preguntado por qué si de verdad deseas hacer algo,  simplemente no puedes lograrlo.  Y  es ahí donde el miedo habitado en el subconsciente y que no se ve tiene un papel importante, él te limita, y te conduce si no logras desenmascáralo.  Lo mismo que te puede llevar dormido por la vida y sabotear las metas, puede llevarte a ser lo que en verdad quieres ser, el subconsciente,  puede conducirte a entender que estas en otro momento de la historia, donde no tienes que estar doblegado por el miedo acumulado en los armarios de tu cerebro y el bombardeo informático constante.

Tenemos una parte de nuestro cerebro que se llama el “Sistema de Activación Reticular” (SAR), el cual es una especie de antena que alerta a la mente  para que esté atenta a los estímulos del medio, logrando que estos sean percibidos más fácilmente, lo cual es sumamente interesante ya que nos sirve tanto para la supervivencia como para acelerar nuestro camino al éxito en todas las áreas de nuestra vida.  Para no aburrirlos con terminologías, puedo resumir que este sistema es como un oráculo abierto, como cuando el telón se abre y puedes ver la escena completa, es la herramienta de tu propio cuerpo que te ayudará a abrir la perspectiva y a ver lo que en verdad necesitas ver. Es el lugar de tu cerebro, donde se puede cambiar el NO PUEDO, POR EL SI ES POSIBLE y lo que te permitirá entender que  crear  tu realidad es viable, con trabajo y disciplina, no es un proceso automático, es  un cambio permanente de enfoque.  Te digo todas estas cosas para que entiendas que tu cuerpo físico y mental está dotado con gran parte de lo que necesitas para poder vivir la abundancia, la plenitud o la tranquilidad.

Entonces, el dolor ya no tiene que ser un mecanismo constante de supervivencia, lo que ha pasado con nuestras fuertes estructuras mentales, es que han sido regadas y abonadas por la cultura, y por los sistemas educativos; hemos estado enseñados atreves del miedo como mecanismo de hacer “Lo correcto”,  al parecer es la única manera como algunos educadores creen que es posible aprender;  a través del terror del castigo,  sin dejar de lado, la buena lectura que han hecho los noticieros o medios amarillistas, que saben bien que tendrán más rating si publican noticias de muerte  y destrucción que de paz y vida.

En palabras de Facundo Cabral: “Hay más gente buena que mala, pero una bomba hace más ruido que una caricia”

El Cambio propuesto y posible, es entender que la distancia cognitiva que nos hace ver el mundo como somos y no como en verdad es, puede cambiar, podemos cambiar el enfoque y liberarnos de los sistemas, que quieren que vibres y vivas respirando en miedo.

 EL DESARROLLO ESPIRITUAL

Nabusimake – “Tierra donde nace el Sol” Hogar de los Arhuacos – Sierra Nevada – Cesar Colombia.

En el 2018 visité la hermosa tierra de Nabusimake, en mi segundo intento logré  ingresar a un lugar sagrado, limpio y de paz, impactante a  la vista, con un clima perfecto y paisajes de ensueño.  Me sitúo ahí para explicar cómo el desarrollo de una honesta espiritualidad que salga del propósito de los seres y en lenguajes diferentes según así sea,  salva,  protege y vence al tan nombrado miedo de estas letras.

Buscando qué comer y explorar el lugar, llegué a casa de uno de los líderes de Nabusimake, un indígena que conservaba su cultura, pero que había tenido la oportunidad  de estudiar en la capital del país y que además de eso representa  una de las voces visibles de la comunidad para establecer sus derechos ante algunos entes gubernamentales de la nación.  Además de ello, junto a su familia, se dedica  a la comercialización de artesanías, principalmente de mochilas de lana de oveja.  Gracias a la confianza natural  que surgió, me adentró a su casa, me presentó a su esposa y sus dos bellas hijas que lucían incandescentes vestidos de princesas de Disney debajo de sus vestidos koguis y que respondían en un perfecto español a las preguntas que su padre les hacía en Ikün.  Me mostró sin pedírselo, las instalaciones de su hogar, una casa tradicional del resguardo  indígena y que a su vez funcionaba como hostal para los visitantes. Ahí habían grandes cultivos de hortalizas, hablamos un poco de  la alimentación, cocinamos juntos, conversamos. En medio de la conversación y de una pausa larga en donde mi imaginación iba tejiendo en imágenes sus palabras, le pregunté: ¿Cómo hicieron ustedes, para conservar la tradición, después de todo lo vivido con la colonización y  la invasión ideológica del catolicismo en estos territorios? Su respuesta fue casi  inmediata y sin pensarlo,  me respondió: Por el espíritu. Agregó una breve explicación, y me confesó que sus secretos ancestrales de conexión con la naturaleza y con sus creencias se debían a la fortaleza del espíritu de sus antepasados, quienes conservaron y pasaron de  modo oral las enseñanzas que los contenían.

Fue así como una vez dada la constitución de 1991 en donde la libertad religiosa en Colombia fue consagrada en el  artículo 19: “Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley” Expulsaron a la iglesia católica de su territorio y como el ave fénix resurgió su fe, sus creencias y su cultura, incluso no hay huellas fuertes de la posmodernidad que acecha vidas con su guerra del quinto poder, más bien su  cotidianidad se parecer a la cuarentena que hoy todos vivimos juntos. Allí además del silencio y el confinamiento, se respeta la tierra, los animales, el aire, el sol, el agua…

Sin duda, y aunque no lo pregunté directamente, el dolor y el miedo hicieron parte de su historia y quizá lo sigan siendo para su legitimización  y defensa, pero fue el abono o la alerta que evidenció que algo no estaba bien y que debían fortalecer y  usar su espíritu, su cuerpo y su alma, para vencer.

“Nuestros miedos más profundos son como los dragones que cuidan de nuestros más preciados tesoros” Rainer Maria Rilke

Este es un gran  ejemplo  que  muestra, como el dolor puede ser productivo y transformador.  No tiene que ser permanente, puede ser un compañero transitorio y un guía hacia un destino mejor.

He invitado a  la psicóloga Social, Katterine Vargas, candidata a doctora en psicología, residente en Holanda, quien nos dará su opinión y visión práctica para superar y entender el miedo y el dolor producido en momentos de crisis como la que pasamos con el Covid-19.

Katterine, desde su hogar en Holanda.

En estos tiempos nos encontramos ante tanta información que circula, desde teorías conspiratorias, hasta la intervención de extraterrestres; que si el virus es una verdad o una mentira, que si es una simple gripa o que es mortal, entre otras muchas. Todas estas lo único que buscan es llenar la imperiosa necesidad de los seres humanos de dar respuesta a los porqués y con ello mantener el control de la situaciones que se  presentan, como es propio de la naturaleza humana.

Sin embargo, el problema radica cuando solo nos enfocamos en esas teorías para nutrir creencias que no nos permiten percibir el mundo desde la tranquilidad, sino desde el dolor, la angustia, la ansiedad y el miedo. Es importante comprender que nuestros pensamientos obedecen a las estructuras sociales que habitamos. Es por esto que ante esta pandemia que estamos viviendo hemos visto tanta diversidad a la hora de afrontarla, tanto a nivel personal, como a nivel gubernamental; algunos con metodologías radicales, otros con métodos más laxos; dependiendo de la cultura, las realidades económicas y  las relaciones interpersonales, que se gestan en sus dinámicas sociales.

 

Con esto quiero que comprendamos  que cada ser humano experimenta las situaciones teniendo en cuenta sus realidades, y que no existen fórmulas milagrosas que puedan con un chasquido cambiar las vivencias de muchos, debido a que las emociones que una persona experimenta en estos momentos hacen parte de las percepciones que tiene según los contextos en los que vive. No todos estamos sintiendo lo mismo  en esta crisis  y a su vez,  todos tenemos diversas maneras de afrontarlo. Es así como muchos podemos estar experimentando miedo, ansiedad o dolor emocional generado por el estrés que otorga la incertidumbre de un momento como este.

De alguna manera hemos “perdido” el control de nuestras vidas ante la incertidumbre de lo que vendrá en nuestras sociedades, y cuando anticipamos una pérdida de lo que tenemos ahora, y que hemos alcanzado con esfuerzo, sentimos un inmenso temor ante las decisiones que se están tomando a nivel social, político y económico, que afectan nuestro status quo y el bienestar de todos.

Las reacciones que se tienen, surgen desde la información que esta guardada en nuestros pensamientos y la que vemos mediante las fuentes de comunicación. Es por esto que  extiendo la  invitación a que revises qué tipo y volumen  estas consumiendo en estos días. Si estas te generan paz o  ansiedad,  temor o angustia. Si la información que estás consumiendo te genera más ansiedad, es el momento de  disminuir su consumo e intentar ir cambiando hacia otra que te genere más paz, que te empodere y te haga sentir como parte de la solución, más no como parte de un problema. Esta acción podrá parecer muy pequeña, pero puede ayudarnos a disminuir estos agentes estresores.

Recordemos que el autocuidado es  parte del compromiso con nosotros mismos,  yo soy mi más grande responsabilidad, si me cuido,  puedo cuidar a los demás, no solo es el lavado de manos, es también hacer procesos de higiene mental.

Hoy más que nunca recuerdo a Victor Frank,  uno de los autores que ha hecho grandes aportes al campo de la psicología, particularmente una de sus publicaciones más conocidas es el “Hombre en busca del sentido”, que escribió mientras se encontraba en un campo de concentración Nazi. Su relato no es más sino una invitación a que en cualquier circunstancia en la que te encuentres nunca dejes de buscarle un sentido a la situación por la que pasas. Para él esta fue la clave de salir con vida de tal situación extrema que experimentó.

No los estoy invitando a escribir un libro, ni a salir como seres iluminados, los estoy invitando a tener un propósito, a replantearse los que ya tenían, si es necesario, o a continuar con más fuerza los que siguen en pie. Y este propósito puede ser simplemente descansar un poco de una vida muy agitada o quizá replantearse todo su camino después que pase esta situación tan atípica, que nos invita a mirarnos al espejo.

Cuando hablo de mirarnos al espejo no solo es para aceptarnos con todas nuestras imperfecciones físicas y amarnos, sino también es para entender que ante tanto caos externo existo y soy responsable por mi existir, en mi casa, en mi habitación, en donde quiera que me encuentre, soy responsable por mi existir, y es lo único que de alguna manera puedo controlar, tener buenos hábitos conmigo, hacer ejercicio físico, ejercicios de respiración, meditación (existe mucha oferta gratuita de instructores de yoga, fitness, y meditación, gracias a que esta crisis social ha hecho resurgir la generosidad), podemos establecer rutinas, comunicarnos con nuestros amigos, nuestros familiares, nos ayudará a sentirnos un poco más estables emocionalmente y puede ayudarnos a que estos momentos sean más llevaderos. Somos seres sociales y como tal necesitamos seguir estableciendo esos vínculos y formando parte de un grupo.

Y aquí estoy tocando otro punto importante de la naturaleza humana, la necesidad de vivir en sociedad. Los seres humanos estamos diseñados para vivir en comunidad, si no fuera por el establecimiento de la manada y la vida en una estructura social, no hubiéramos sobrevivido.

Existen teorías que afirman que fue la pertenencia a un grupo la que hizo que pudiéramos evolucionar, fue el cuidado del otro, la bondad, es lo que nos ha hecho continuar como especie.  Recordemos esto, y si en estos momentos te encuentras preparado y sientes la necesidad de ayudar o aportar de alguna manera para hacer más amena esta situación como sociedad, no dudes en hacerlo.

 Esto no solo es un acto altruista, sino un acto que genera gran sentimiento de satisfacción personal, y lo hemos visto a nivel mundial, desde violinistas en los balcones, instructores de aeróbicos, hasta personas haciendo comida en sus casas para donarla a las familias que lo necesitan, pasando por artistas haciendo conciertos gratuitos, o  que cantan todas las noches en los hospitales. Todos estos actos de bondad nos hacen creer y sentir que estamos preparados para seguir evolucionando como humanidad.

Aquí resumo un poco lo que considero puede ayudarnos a todos hacer más llevadera esta situación atípica de pandemia que estamos viviendo:

Es posible que después de esta situación atípica, no seamos los mismos,  pero ojalá  seamos mejores seres humanos y  salgamos fortalecidos como sociedad.

“Podemos dejar que las circunstancias de la vida nos endurezcan  y  albergar más resentimiento y más miedo, o podemos dejar que nos ablanden y que nos hagan más amables y que estemos más abierto a lo que nos asusta.  Siempre podemos elegir esto. La fe es estar abiertos a los que nos asusta” Pema Chodron

 

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