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El Congreso, las uvas y la Universidad del Atlántico

Preguntas sueltas sobre la verdadera motivación de Cesar Lorduy en la Universidad del Atlántico. Historia con nudo de fábula.

Por Jairo Blanco A. (Abogado, egresado de la Uniatlántico)

Ahora todo se entiende. Lo que en su momento fue vendido en los grandes medios de comunicación de Barranquilla como un liderazgo sincero y puro en búsqueda del beneficio de la Universidad del Atlántico, parece desvelarse, con los últimos anuncios del partido Cambio Radical, y da indicios de que solamente era la cuota inicial para acceder a una credencial en la Cámara de Representantes. La historia que fue contada como el valeroso cuento de un superhéroe, tiene un nuevo capítulo que le da otro sentido a lo que se creía una impoluta fábula con moraleja.

Es posible que nos equivoquemos, pero lo que ha pasado con el dirigente gremial y exrepresentante de los mismos en el Consejo Superior de la institución, Cesar Lorduy, da muchas pistas de las verdaderas motivaciones de su ferviente entusiasmo durante la elección del nuevo rector de la Universidad del Atlántico.

Explicamos: hace apenas unos meses la elección del nuevo rector en propiedad de la Uniatlántico naufragaba en aguas estancadas. Los nueve representantes con voto en el Consejo Superior de la institución estaban divididos en tres grupos, lo que hacía que ninguno de los tres candidatos lograra alcanzar los cinco votos mínimos para llegar al cargo. Las anclas legales eran lanzadas al proceso desde todos los bandos, requisiciones, tutelas, demandas, entre otras, contaminaron la elección. Y en medios de tantas trabas un día Lorduy anunció a pecho henchido y titulares rojos y verdes que en sus manos estaba la decisión, que era la piedra angular del proceso. Ante tal himno, sus contrarios contraatacaron en coro y lograron sacarlo un par de días de circulación. Pero la mano providencial de la Alcaldía de Barranquilla parece pesó sobre las instancias judiciales y en un fallo a contrarreloj, al mejor estilo froomiano, lo devolvió a la competencia. Todo estaba servido. Lorduy fue la voz cantante y el voto definitivo para que Carlos Prasca, candidato promovido por la casa política de la familia Char llegará a la silla de la rectoría y pasará a administrar los 220 mil millones del presupuesto.

A pesar de lo traumático de la elección y todas las pistas que evidenciaban los hilos que se movieron detrás, muchos se resignaron a creer que se trató de la dinámica natural de un proceso como ese.

Pero ahora que el senador Arturo Char anunció que el exrepresentante de los gremios del Atlántico ante el Consejo Superior, el mismo que le entregó a su familia el manejo de la universidad más importante de la región, será su fórmula política en búsqueda de una curul en la Cámara de Representantes, la fábula cambia, en esta el zorro no solo alcanzó las uvas, sino que se las sirvió maduras al ave, sabiendo que así accedería a hacerlo volar bien alto.

Es posible que Lorduy, un abogado reconocido, termine siendo un buen representante y eso hará olvidar que usó a la Uniatlántico como trampolín, y su mayor reto será conseguir para la gente que lo necesita, lo que ha hecho como defensor de grandes empresas y capitales privados y personajes de la ciudad.  Pero la pregunta que salta suelta y salvaje es: ¿En el momento de la elección del rector ya existía el acuerdo entre la Casa Char y Lorduy para lanzarlo como candidato a la Cámara de Representantes? Averígualo Vargas, porque Lleras ya lo sabe.

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