Desde el borde del Pacífico, el poeta y periodista cultural huilense Marcos Herrera Muñoz comparte para los chachareros esta crónica vívida sobre una de las zonas más golpeadas del país.
Por Marcos Fabián Herrera Muñoz*
Tan pronto asomo mi cabeza por la puerta, en manos de la azafata se desplegó un paraguas que una vez abierto me fue entregado para que fuera compartido con una mujer de raza negra que me saludaba con un alentador guiño. El artefacto, que amortiguaba en su techumbre sintética el embate de una gotas arrojadas con beligerancia desde el cielo del Pacífico, me permitió una fugaz y cálida comunión con la afrodescendiente, a quien mis ojos alcanzaban en sus hombros.
El ajedrez de la guerra configuraba con este reciente hecho un inédito tablero en la mesa de diálogos. El mismo Carl Von Clausewitz hubiera encontrado aristas indescifrables en este nuevo episodio del prolongado conflicto colombiano. La mujer que me había acompañado hasta la entrega del equipaje se despidió con acritud, ahogando por entero mis expectativas de gozar de una baquiana joven y guapa en los siguientes días.
Selva madre
Desde el malecón del rio Atrato, ubicado en pleno centro de Quibdó, se contempla una de las selvas más ricas y aun inexploradas del continente. En este territorio cohabitan el 54,6 % de las aves del país, equivalente al 10,6% de todo el planeta. También se da albergue al 48 y 45% de los mamíferos y reptiles existentes en el mundo, y a más de 850 especies de mariposas; configurando así la segunda reserva natural más prodigiosa de la tierra. Como si la mano creadora de Dios se hubiera detenido en esta zona, la riqueza mineral y la diversidad forestal reunidas en este departamento lo convierten en un vigoroso cinturón verde al que la irreflexión del hombre con su pertinaz motosierra lo afecta por todos sus flancos.
La historia, que transcurre en 24 horas, lo que hizo merecedor al autor de la denominación de Joyce del Trópico, es el más logrado retrato de la marginación inveterada que cargan los hombres a quienes les fue arrebatado desde su cuna la acepción gloriosa de la palabra porvenir.
Releída 65 años después de su publicación, la obra de Palacios conserva una rabiosa vigencia determinada por las indignantes condiciones que el novelista nacido en Cértegui, relató en su obra, y que luego del paso de siete décadas no han cambiado. Es una historia que se repite todos los días.
Luego de caminar por el sendero paralelo al río, recuerdo la letra de una de las canciones de Chocquibtown, el grupo musical originario de Quibdó que ha fusionado géneros del folclor del Pacífico con las bases rítmicas y los sonidos citadinos del Hip Hop. Una lograda mixtura que ha puesto en boca de europeos estribillos como este : «No plata pa’ comer hey… pero si pa’ chupar, característica general, alegría total, invisibilidad nacional e internacional, auto-discriminación sin razón, racismo inminente, mucha corrupción, Monte culebra, máquina de guerra, desplazamientos por intereses en la tierra…» Frases que condensan con lúcida crudeza la situación del Chocó.
Yuliana
Habitantes de Cabí, la invasión más extensa de Quibdó, Yuliana y su familia viven en una improvisada construcción de pisos de tierra, techo de zinc reciclado y paredes de bahareque. Con una clase política corroída hasta los tuétanos por la corrupción y el clientelismo, en el chocó las enfermedades sociales parecen ser tan endémicas y enquistadas como la riqueza natural que ostenta. Una paradoja injustificable que echa raíces en el desdén del gobierno central y crea una larvada desazón en el ánimo de quienes se resignaron a la miseria.
Pero al igual que Yuliana, que gracias a la creatividad de la ficción escapa a lo que se creyera una inexorable realidad, miles de hombres y adolescentes encuentran en el divertimiento, los juegos de mesa y el alcohol, la conjura a la severidad de unas condiciones en las que cada amanecer supone el anuncio de una nueva batalla por la ración de comida.
Es en estas condiciones de asfixia existencial y precariedad material, en las que resulta difícil reclamar un desarrollo cognitivo notable. Mientras el chocó era mentado por la prensa del mundo entero, los semanarios regionales Chocó 7 días y Siglo XXI, destacaban en sus primera planas el consabido último lugar del departamento en las pruebas Saber Pro 11. Estos exámenes, que evalúan el desempeño de estudiantes de último grado de bachillerato, se realizaron el 3 de agosto, y la divulgación de sus resultados obligaba de nuevo a los diagnósticos y lugares comunes con los que los colombianos solemos ajusticiar los malestares compartidos.
En las páginas de uno de los semanarios mencionados, Yesid Perea Mosquera, precandidato liberal a la gobernación, le proponía en su columna de opinión a los dirigentes conservadores, «negociar alcaldías y curules a la cámara de representantes», a cambio de un respaldo electoral. Después de leer esto, además de comprobar la desvergüenza de quienes con acento mesiánico se creen predestinados a gobernar, evidenciaba la distancia abismal entre los pobladores de a pie que fatigan los días en busca de lo elemental, y la de quienes con pensamiento feudal se reparten el botín en una tierra confinada a la insularidad.
Creyendo ver al joven Irra conversar con un canoero mientras vadean el Atrato, y, contrario a su destino en la novela de Palacios, le es permitido huir a Cartagena y escapar a la fatalidad; también imagino para Yuliana, la niña lectora y cantora de tardes enteras, unos días de gracia en los que el vaho de la tarde se lleve consigo la amargura, y su talento y capacidad le permitan afincarse en el mañana.
Sobre el autor
Marcos Fabián Herrera Muñoz
Colombia, 1984. Poeta y periodista cultural. Integra el comité editorial de la revista Puesto de Combate y del periódico virtual Con – Fabulación. Sus diálogos con escritores y artistas para la prensa cultural hispanoamericana le han reportado unánimes elogios y lo han ubicado como uno de los cultores más versátiles, documentados y agudos de la conversación literaria. Autor del libro El Coloquio Insolente – Conversaciones con Escritores y artistas Colombianos (dos ediciones) y del poemario Silabario de Magia. Incluido en antologías de cuento, poesía y periodismo literario.