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El bochinche digital nos tiene “engarullaos” en la ola de información

Entre memes, peleas y sabrosura caribe, los comentarios en redes sociales se han convertido en el verdadero espectáculo digital.

Por Mario Cobo – @elpalosurftrip

Garullones, la plena es que estamos viviendo en la cresta de la ola tecnológica, o eso es lo que nos quieren vender los que viven pegados al Wi-Fi. Nunca antes habíamos tenido tanta “información” al alcance de un desocupe.

En teoría, las redes sociales son como un spot perfecto con olas de derecha a izquierda, donde fluye la ciencia, el arte y la vaina. Pero, en la práctica, son un sancocho infinito donde entras buscando cómo reparar una quilla y terminas, tres horas después, viendo a un man en China besándole el jopo a otro.

Y de una: “Hhheeeyyyy, ¿por qué me apareció esto?”, mientras descubres que el pelao que estudió contigo en la U ahora es “guía espiritual de chakras alineados”. WTF?!

¿Todo va en alta revolución o solo soy yo al que esa es la que le cae?

La diversidad de vainas que uno ve es increíble. En un scroll de nada pasas de un video de la NASA sobre un agujero negro a una receta de arroz de lisa que ya hizo todo Barranquilla menos tú.

Pero la firme, lo que nadie te dice en los cursos de marketing, es que el post es solo la espuma; el big swell, está en los comentarios.

Seamos realistas, la publicación original es solo el calentamiento en la orilla. El show de verdad, el latedrop extremo, sucede abajo. Los comentarios son el último refugio del perrateo mundial, es como si el perrateo no fuera solo de Barranquilla, en esos instantes el perrateo se vuelve patrimonio de la humanidad. Pilla:

• Los «Científicos» de Esquina: No importa si la noticia es sobre física nuclear, siempre sale un “vale” en los comentarios que sabe más que el científico de Harvard, porque vio un video de un minuto en TikTok el domingo en pleno guayabo. Su capacidad para despachar a un experto con un simple: “Eche, puro cuento, esa mondá no es así”, es, sencillamente, nivel Pro.

Los filósofos del despiste: Hay un video de un frente frío que casi tumba el muelle… y siempre habrá un personaje que pregunte: “¿Y el puesto de frías del man está bien? Porque si hay frías, papi, todo tiene solución, no hay problema”. Esa falta de prioridades es lo que nos mantiene vivos.

• La Guerra de los «primos»: Entrar a Facebook es como una reunión familiar en Puerto Colombia un domingo por la tarde: todo el mundo gritando y peleando por vainas que no existen. Ver a dos manes que no se conocen y de la nada «discutiendo» por si una tabla es funboard o longboard, es el mejor cine gratis que hay.

El sarcasmo: Nuestro mejor leash

Lo más bacano de la info en redes es esa capacidad que tenemos de volver ripio cualquier intento de seriedad con una sola frase. Un político sube una foto «trabajando» y el comentario que tiene mil likes es un: «Puro cagasten de bayer, la cara de polilla que tiene el vale… ¡es cagá! ¡es cagá!». Es la democracia más pura y salvaje.

El sarcasmo en redes es como cuando le pones cera a la tabla: evita que te resbales con tanta mentira. Detecta la hipocresía y la ridiculez, y le da lo suyo con un meme o una frase que te deja «quieto».

Al final, surfeamos por este océano de datos, no para aprender —aunque a veces nos caiga un conocimiento por accidente—, sino para encontrar ese comentario preciso que nos saque la carcajada.

Las redes sociales pueden ser un día de mar revuelto y lleno de basura, pero mientras haya algún vale comentando: «Ahí viene surfeando el man de la tierra del olvido», sabremos que el espíritu del Caribe sigue firme y que, definitivamente, tenemos demasiado tiempo libre entre ola y ola.

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