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El Arlequín

Pocos recuerdan a un jugador que en la década de 1960 se burlaba del fútbol con tanta genialidad, que la vida terminó por burlarse de él con el olvido.

Escrito por: Andrés Giraldo – Periodista deportivo

El anti héroe es definido como aquel que busca trascender sin importar la moral o el camino ético que deba recorrer en su vida. Quizá el fútbol, diría Galeano, está plagado de esos personajes casi legendarios que traspasaron la frontera del tiempo y del olvido y aún retumban en los oídos de los amantes de la pelota.

Mientras se arma el picadito, el líder grita a los cuatro vientos que es Messi. El siguiente se da cuenta de la victoria del que se adelantó y se pide al héroe de la Pleiesteichion, grita Ronaldinho. El tercero grita Falcao, el cuarto Teo y así pasan Maradona, Zidane, hasta que alguno se acuerda de Pelé y otro, más atravesado, acude a Garrincha.

Muchos héroes son masacrados en este olvido, nadie se acuerda de Sekularak, o de Heleno, o de Sapuca, mucho menos de Tim o de Ademir. Quizá todos creen que antes de Messi y Ronaldinho los jugadores no hacían malabares o no eran efectivos, pero cómo van a saberlo si su enciclopedia virtual no los nombra, o los rotula como la vieja escuela, como el pasado.

Algunos son olvidados por todos, solo a algunos periodistas románticos, bonachones y curiosos, producto de la cerveza o la Cannabis, se acuerdan de aquellos a quienes ni la prensa nombra, ni siquiera los homenajean y su nombre se encuentra en pequeños segmentos de video.

Lo poco que encontré de Corbatta en internet se remite a un jugador de Racing e Independiente Medellín que volaba como extremo derecho y que al igual que Messi marcaba goles por montones y sus rivales no sabían cómo frenar al que empezaban a llamar en los sesenta, el Arlequín.

Todos temían al Arlequín

El Arlequín es un personaje intrigante, misterioso y poderoso, pero patético, y es su patetismo lo que lo hace intimidante.

Así lo bautizo Juan José Pezzuti el técnico de Racing campeón de todo, precisamente fue allí en el Equipo de José, aquel Racing de los años 60, que arrasó con tres campeonatos. Nunca se vio en el fútbol argentino un puntero derecho tan mortal como Corbatta, los fanáticos lo apodaban el Garrincha argentino, sin entender que los dos guardaban un destino similar.

Corbatta ganó cuatro campeonatos con Racing, luego su pase fue vendido a Boca por un dinero fuerte que le permitió a la academia ampliar el estadio y construir un club deportivo.

En el mundial del 58 en Suecia, Argentina fue una sombra, tan solo el Loco anotó tres goles, uno en cada partido donde perdió la selección gaucha incluyendo un 6 a 1 triste y lamentable ante Checoslovaquia y uno más en el triunfo argentino frente a Irlanda.

A pesar de sus triunfos, su vida era triste. Analfabeta hasta el día de su muerte, siempre sufrió complejos de inferioridad y no soportaba la prensa. Fingía en los camerinos leer los periódicos para que sus compañeros no se burlaran de los artículos que publicaban sobre sus famosas borracheras.

Su paso por Colombia

En 1965 aterrizó en Medellín, el lugar donde Gardel escogió para morir. Solo un periodista argentino lo había entrevistado antes de partir, tenía 30 años y en su ignorancia creía que en el fútbol argentino era un viejo y que por eso no lo contrataban. No entendía que su indisciplina no era deseada por nadie.

Acá triunfó en cuatro años, pero también el demonio lo alcanzó y se ensañó con él. Su esposa lo dejó y su alcoholismo arreció en los burdeles del barrio Guayaquil y Manrique. Acá perdió su poca fortuna y regreso a Argentina a jugar en San Telmo.

Infalible en los penales, de 68 cobrados perdió 4, orgulloso lo decía. Nunca pudo superar al alcohol y la ignorancia, no entendía porqué el público le decía loco, pensaba que de verdad creían que sufría alguna enfermedad mental. Pero su locura era en la cancha, resaltaba con la improvisación y la picardía de quien no es consciente.

El Arlequín pasó al olvido

El olvido lo mandó a la tribuna de Racing, donde la dirigencia le abrió un camerino viejo y sin uso para que viviera en él. Murió miserable, de un cáncer en la laringe producto de su alcoholismo.

Años después, a un muchachito rubio de larga cabellera a quien apodaban «el pájaro», un periodista le dijo:

-Che Claudio, hoy hiciste varias de Corbatta….

-Lo siento – contestó Caniggia -, a ese señor no lo conozco-.

«Con la primera me fue muy mal; con la segunda me fue mal; con la tercera mal y con la cuarta, mal. Las cuatro me sonaron, pero las quiero lo mismo». Eran famosas sus farras, que lo hacían llegar borracho a los partidos.

En el 91 unos hinchas de Racing le cambiaron el nombre a la calle Cuyo por el de Oreste Omar Corbatta.

Ningún técnico lo quería porque no entrenaba y llegaba ebrio a los partidos, pero todos en silencio añoraban que saliera del alcohol para peleárselo. Borracho y sin dormir jugó partidos de antología y realizó jugadas como contra Chacarita, cuando eludió a todos desde el área rival hasta la suya propia y cuando los hinchas de la Academia apretaban sus rodillas, regresó por el mismo sendero y le entregó el balón a Maschio.

Al final de su vida se burlaba de todos, pedía dinero y se iba a beber, luego regresaba y les contaba historias y anécdotas a los que le regalaban las monedas para el vino barato.

El antihéroe de esta historia no siguió nunca las reglas y su nombre es olvidado pero sus locuras aún lo mantienen vivo en medio del olvido de los dueños de la opinión argentina, que poco muestran al mundo la genialidad del jugador de dibujos animados, del loco, del Arlequín.

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