Por: Francisco Figueroa Turcios
Hay momentos en el fútbol en los que las calculadoras parecen tener la última palabra. Hay otros en los que el corazón se rebela contra las matemáticas. Junior está precisamente en ese territorio.
Las posibilidades de clasificar entre los ocho mejores parecen reducidas a ese diminuto 1 % que dejan las cuentas. Pero en el corazón de los jugadores y de una afición que se resiste a bajar los brazos, queda un gigantesco 99 % de fe. Porque mientras exista una posibilidad matemática, por pequeña que sea, en el fútbol siempre habrá alguien dispuesto a creer.
Junior tiene 9 puntos y todavía le quedan 9 partidos. Son 27 puntos en disputa. Pero para alcanzar la famosa barrera de los 30 puntos, ese número mágico que tradicionalmente aparece como referencia para entrar en la fiesta de los ocho, el equipo barranquillero necesita una cosecha casi perfecta: 21 de los 27 puntos que quedan.
No hay espacio para demasiados tropiezos. No hay margen para regalar partidos. No hay tiempo para seguir esperando. La remontada, si quiere convertirse en realidad, tiene dos caminos. El primero es tan exigente como contundente: 7 victorias y 2 derrotas. Siete triunfos entregarían los 21 puntos que Junior necesita para llegar a los 30.
El segundo tiene una variante diferente, pero igual de exigente: 6 victorias y 3 empates. Otra vez, 21 puntos. Otra vez, los 30. Las cuentas están sobre la mesa. La calculadora no perdona. Pero el fútbol tampoco siempre obedece a las calculadoras.
Bucaramanga, la primera estación
La historia de la remontada comienza este domingo frente al Atlético Bucaramanga.
No será solamente un partido más en el calendario. Para Junior será el primer peldaño de una escalera que parece interminable. Ganar será mucho más que sumar tres puntos. Será comenzar a transformar la incredulidad en esperanza. Será decirle a la tabla que Junior todavía está vivo.
Después vendrán Inter Bogotá como local, Pereira como local, Deportivo Cali como visitante, Águilas Doradas en casa, Boyacá Chicó como visitante, Llaneros como visitante, Cúcuta Deportivo como local y Deportivo Pasto como visitante.
Nueve partidos. Nueve finales. Veintisiete puntos disponibles. Veintiuno necesarios.La ecuación parece sencilla escrita sobre el papel, pero gigantesca cuando se traslada al césped.
El calendario de la fe…
Bucaramanga será la primera prueba. Después llegará Inter Bogotá, en casa, donde Junior tendrá que convertir el Romelio Martínez en una caldera y hacer pesar esa camiseta que tantas veces ha sido capaz de levantarse cuando parecía derrotada.
Pereira también llegará a Barranquilla. Luego aparecerá Cali, lejos de casa. Águilas Doradas será otra oportunidad como local. Chicó y Llaneros obligarán a Junior a ganar fuera de Barranquilla.
Cúcuta llegará después al escenario barranquillero. Y el viaje terminará, al menos en esta primera etapa de la cruzada, frente a Pasto. Cada partido tendrá el peso de una final. Cada empate será observado con lupa. Cada derrota puede hacer que ese 1 % se haga todavía más pequeño.
Pero cada victoria alimentará ese 99 % de fe que permanece intacto en el corazón de quienes todavía creen.
Una remontada que necesita memoria
Junior ya sabe de remontadas. Sabe que en el fútbol las temporadas no siempre se escriben de acuerdo con el primer capítulo.
Sabe que una mala racha puede convertirse en una buena racha y que un equipo que parece condenado puede comenzar a ganar, recuperar confianza y terminar cambiando completamente el paisaje. La tarea ahora es monumental. Pero no imposible.
El equipo necesita convertirse en una máquina de sumar. Necesita recuperar la confianza. Necesita que sus jugadores importantes aparezcan.Necesita que los partidos cerrados terminen cayendo de su lado.
Necesita que la afición vuelva a empujar. Y necesita, sobre todo, que cada uno de esos nueve partidos sea jugado como si no existiera un mañana. Porque para Junior el mañana comienza este domingo.
El 1 % margen de error frente al 99 % de fe…
En una hoja de cálculo, la esperanza puede parecer diminuta. Un 1 % margen de error . Pero el fútbol colombiano ha demostrado muchas veces que las estadísticas son fotografías de un momento y no necesariamente el destino final.
Los nueve puntos que Junior tiene hoy pertenecen al pasado. Los 27 puntos que todavía están en juego pertenecen al futuro. Y entre esos dos números existe una posibilidad. Pequeña, sí. Difícil, también. Pero posibilidad al fin.
Por eso los jugadores creen. Por eso los aficionados siguen haciendo cuentas. Por eso en las tribunas todavía se escucha el grito de guerra. porque mientras la calculadora diga que existen 21 puntos por disputar para alcanzar los 30, habrá alguien dispuesto a soñar con esos 21.
Siete victorias y dos derrotas. O seis victorias y tres empates. Dos caminos. Un mismo destino. Los ocho. Junior está al borde del abismo de la eliminación, pero todavía no ha caído. Y mientras no caiga, la fe seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer: desafiar a las matemáticas.
Quizás por eso, en Barranquilla, donde el fútbol también se juega con el corazón, las cuentas comienzan con un 1 %, pero la esperanza insiste en escribir un 99 %.El domingo comienza la remontada.
Y en el fútbol, hasta que se juega el último partido, los milagros también tienen calendario.
