Por: Francisco Figueroa Turcios
La historia de Efraín Tejada Flórez comenzó a forjarse mucho antes de su vida profesional.
Efraìn, nació el 11 de abril de 1938 en Sincé, Sucre y, a los doce años, llegó con sus padres, Adolfo Tejada y María Dolores Flórez, desde su pueblo natal a Barranquilla. Desde aquel momento demostró un rasgo que marcaría toda su existencia: nunca esperó que otros decidieran por él.
Recién llegado a la Capital del Atlántico salió a buscar colegio. Nadie lo acompañó a visitar las instituciones, nadie hizo las diligencias por él y tampoco llevaba una recomendación. Caminando por el sector del barrio La Delicia encontró un enorme campus que le llamó inmediatamente la atención: la Escuela Normal de Varones de Barranquilla. Entró solo, comenzó a recorrer sus instalaciones y se encontró con la profesora Claudina Domínguez.
La maestra se acercó, le puso cariñosamente la mano sobre el hombro y le preguntó:
—Joven, ¿qué haces por aquí?
Efraín le respondió que acababa de llegar de Sincé y que quería conocer el colegio porque deseaba estudiar.
Claudina Domínguez, lo tomó de la mano, lo llevó hasta la Secretaría y le explicó que dos días después se realizarían los exámenes de admisión. Obtuvo el primer mejor resultado y fue premiado con una beca de alimentación durante cinco años, el primer reconocimiento a un talento que comenzaba a abrirse camino sin influencias ni recomendaciones.
Aunque se destacó como estudiante, comprendió que su vocación no era la docencia. Decidió entonces continuar el bachillerato en otra institución, y aterrizó en el Colegio Biffi. Allí vivió una experiencia que moldeó definitivamente su carácter. Fue acusado injustamente de haber desaparecido unos boletines escolares. Con serenidad defendió su inocencia. El rector le preguntó qué tenía que decir.
Con absoluta serenidad, Efraín respondió: —Usted ya me condenó. Déjeme responder cuando corresponda. No lloró ni suplicó. Estaba convencido de su inocencia y tenía un principio que mantendría durante toda su vida: no aceptar una culpa que no le perteneciera y no recurrir a la mentira para defenderse. y decidió retirarse del plantel.
Días después, el rector descubrió que el responsable del malentendido había sido él mismo, le pidió perdón y le ofreció regresar con matrícula y pensión gratuitas. Efraín aceptó las disculpas, pero nunca olvidó la lección: la dignidad vale más que cualquier privilegio. Más tarde, junto con un grupo de compañeros, ingresó al Colegio Colón, donde ayudó a fortalecer la institución organizando actividades, la banda de guerra y la vida estudiantil. Allí comenzó a manifestarse el liderazgo que lo acompañaría durante toda su trayectoria.
Su juventud dejó una enseñanza que definiría toda su existencia: las oportunidades no siempre llegan por sí solas. Con decisión, esfuerzo y firmeza de carácter, Efraín Tejada aprendió desde muy temprano a salir a buscarlas y a abrir, por sus propios méritos, cada una de las puertas que el destino le fue presentando.
La aviación: el rumbo que cambió su destino
La muerte de su padre Adolfo Tejada cambió el rumbo que Efraín había imaginado para su vida. Mientras pensaba estudiar Derecho, la necesidad de asumir responsabilidades económicas lo llevó a aceptar un empleo en Taxader, Taxi Aéreo de Santander. Los extensos horarios de trabajo hicieron imposible continuar la universidad, pero sin saberlo estaba encontrando la profesión que definiría su futuro.
En Taxader comenzó al frente de las comunicaciones y del registro operacional de los vuelos que conectaban a Barranquilla con varias ciudades del Caribe colombiano. La disciplina y el interés por aprender le permitieron conocer cada detalle de la operación aérea, hasta convertirse en un empleado capaz de resolver problemas que iban mucho más allá de sus funciones.
La oportunidad que transformó su carrera llegó cuando un avión quedó inmovilizado por el daño de una hélice. Ante la ausencia de los directivos, Efraín tomó la iniciativa de buscar una solución y negoció personalmente la consecución de una pieza compatible. Su capacidad para actuar con decisión impresionó a empresarios del sector, quienes poco después le ofrecieron asumir importantes responsabilidades en otra compañía.
Aceptó el desafío. Tras reorganizar varias gerencias, fue nombrado asistente de la Presidencia y, con el tiempo, se convirtió en el segundo hombre de la organización durante cerca de quince años.Desde esa posición lideró proyectos de gran impacto, entre ellos la apertura de la ruta aérea entre Colombia y República Dominicana. En una reunión con el presidente Joaquín Balaguer propuso un acuerdo que permitió superar las diferencias entre ambos países y hacer posible la conexión con Santo Domingo, abriendo además nuevas posibilidades de enlace hacia Miami y Puerto Rico.
Aquella etapa confirmó una constante en la vida de Efraín Tejada: cada obstáculo terminó convirtiéndose en una oportunidad para demostrar que la iniciativa, la capacidad de negociación y la confianza en sus decisiones eran sus mayores fortalezas.
De la aviación a la radio
Foto: Rafael Pàez y Efraìn Tejada
Las relaciones que Efraín Tejada había construido en el sector empresarial lo acercaron a Fuad Char y, posteriormente, a la Organización Olímpica. Lo que inicialmente fue un vínculo comercial terminó convirtiéndose en un nuevo desafío profesional.
Al llegar a Olímpica encontró una emisora con gran potencial, pero administrada de manera informal. Su experiencia como ejecutivo le permitió organizar la empresa, establecer controles administrativos y fortalecer el área comercial. Recorrió el país promoviendo la cadena radial ante los anunciantes y participó en la producción de espectáculos con artistas nacionales e internacionales, etapa en la que la organización consolidó un importante crecimiento.
Cuando le propusieron asumir la presidencia de la cadena, comprendió que el cargo no tendría la autonomía necesaria para tomar decisiones. Fiel a su carácter, prefirió renunciar antes que aceptar un título sin autoridad.Su capacidad ejecutiva no pasó inadvertida. Poco después fue llamado por Diego Fernando Londoño para asumir la Gerencia Regional de Caracol en Barranquilla, donde integró los principales comités directivos de la cadena.
Uno de sus primeros aciertos fue incorporar a Juan Gossaín, a quien ya había impulsado en Olímpica y convenció para dirigir el servicio informativo de Caracol. Juntos contribuyeron a fortalecer la programación periodística y deportiva de la emisora, iniciando una nueva etapa de crecimiento que confirmó la visión empresarial y el liderazgo de Efraín Tejada.
El viaje a Argentina y el sueño de un gran Junior
Foto: Alberto Mario Pumarejo, Efraìn Tejada, Francisco Figueroa Turcios y Othon Valentin
Durante su etapa como gerente regional de Caracol, Efraín Tejada recibió una llamada inesperada de Fuad Char. El dirigente barranquillero le propuso acompañarlo a Argentina durante dos semanas para participar en la búsqueda y contratación de jugadores que fortalecieran al Junior.
Aunque Olímpica y Caracol eran empresas competidoras, Efraín entendió que el proyecto trascendía cualquier rivalidad comercial: se trataba de contribuir al crecimiento de uno de los símbolos deportivos de Barranquilla. Solicitó autorización a sus superiores y emprendió el viaje.
En Argentina participó en reuniones, entrevistas y negociaciones con futbolistas y empresarios, viviendo de cerca el proceso de conformación de un equipo que alimentaba las ilusiones de la afición rojiblanca.
Aquella experiencia no solo estrechó su amistad con Fuad Char, sino que también lo vinculó, desde un discreto segundo plano, a una de las etapas de construcción y fortalecimiento del Junior de Barranquilla. Efraìn Tejada esta en la historia de Junior por ser uno de los mejores gerentes.
Como en otros momentos de su vida, Efraín apareció allí donde se estaban tomando decisiones importantes, aportando su capacidad organizativa, su criterio empresarial y su visión de futuro.
De ejecutivo a empresario radial
Foto: Efraìn Tejada recibe de Ramòn Peralta, presidente de la Fundación Carnaval el Congo de oro por el apoyo al carnaval de Barranquilla
Tras su paso por Caracol, Efraín Tejada dio un nuevo salto profesional al convertirse en socio de una empresa radial con participación accionaria cercana al treinta por ciento. Así comenzó su etapa como empresario de la radiodifusión, liderando proyectos como Mar Caribe.
Su fortaleza no estaba frente al micrófono, sino en la dirección de las empresas. Organizó la programación, conformó equipos de periodistas y locutores, fortaleció el área comercial y convirtió las emisoras en negocios rentables. Su interés por aprender lo llevó incluso a dominar aspectos técnicos de la radiodifusión, resolviendo problemas de interferencia que afectaban la calidad de la señal.
Más adelante asumió la administración comercial de otra cadena radial. Bajo un esquema basado en resultados, logró incrementar significativamente la facturación de las emisoras. Sin embargo, cuando percibió que el éxito de su gestión comenzaba a generar inconformidad por las comisiones pactadas, prefirió retirarse. Una vez más, Efraín Tejada eligió marcharse con la tranquilidad de haber cumplido su trabajo antes que permanecer en una relación profesional donde no se respetaban los acuerdos. Para él, la credibilidad y la dignidad siempre tuvieron más valor que cualquier contrato.
El reto de Cartagena
Foto: Efraìn Tejada con sus hijas Mónica y Silvana
A finales de la década de 1990, Efraín Tejada llegó a Cartagena para asumir uno de los mayores desafíos de su carrera. Encontró una empresa prácticamente paralizada, con una administración desorganizada, equipos abandonados y serias dificultades comerciales. Aceptó vincularse como socio, convencido de que una buena gestión podía rescatarla.
Aplicó la fórmula que había guiado toda su trayectoria: organizar la administración, definir responsabilidades, fortalecer las ventas y crear controles que garantizaran un funcionamiento eficiente. Durante cerca de doce años lideró un profundo proceso de transformación empresarial.
Reestructuró la organización comercial, dividió el país en zonas de ventas, asignó gerentes regionales y mejoró el sistema de recaudo de cartera. Al mismo tiempo, revolucionó la logística al implementar un modelo de transporte compartido que aprovechaba la capacidad disponible de los camiones que recorrían el país, reduciendo costos y aumentando la eficiencia.
Los resultados fueron contundentes. La empresa pasó de una situación crítica a convertirse en una organización con ventas de decenas de miles de millones de pesos, confirmando, una vez más, la capacidad de Efraín Tejada para convertir las crisis en oportunidades de crecimiento.
La constante de toda una vida
Foto: Roberto Carlos y Efraìn Tejada
La vida de Efraín Tejada Flórez puede resumirse en una sola virtud: la iniciativa. Desde aquel niño de doce años que salió solo a buscar un colegio en Barranquilla hasta el ejecutivo que dirigió empresas, abrió rutas aéreas, fortaleció cadenas radiales y rescató organizaciones en crisis, nunca esperó que otros le resolvieran los problemas.
Cada etapa de su existencia confirmó el mismo principio. Defendió su dignidad cuando fue acusado injustamente, asumió responsabilidades que iban más allá de su cargo, encontró soluciones donde otros solo veían obstáculos y convirtió cada desafío en una oportunidad de crecimiento.
Más que la sucesión de los cargos que ocupó, su trayectoria es el testimonio de un hombre que entendió que el liderazgo se construye con decisiones, trabajo y coherencia. Esa capacidad para actuar con independencia, afrontar las dificultades y generar confianza fue el sello que distinguió toda su vida y el legado que dejó a quienes compartieron su camino.
