Por: Francisco Figueroa Turcios
Eduardo Emilio Vilarete pasó buena parte de su vida encontrando la manera de vencer a los porteros.
Con la pelota en los pies o sus soberbios cabezazos y el arco entre ceja y ceja, convirtió los goles en una forma de desafiar al destino. Defendió los colores del Unión Magdalena, Atlético Bucaramanga, Atlético Nacional, Deportes Tolima y Deportivo Pereira. También llevó su olfato goleador más allá de las fronteras colombianas, donde vistió las camisetas del Deportivo Quito, Liga de Quito y Audaz Octubrino, en Ecuador, y del Deportivo Pacífico, en Perú, el equipo con el que se retiró del fútbol profesional a los 37 años.
Pero la vida, ese partido que nadie sabe cuándo termina ni cuánto dura el tiempo de reposición, le reservaba un adversario distinto. Uno contra el que no bastaban la velocidad, la intuición, la potencia del remate ni la habilidad para encontrar un resquicio entre los defensores.
El cáncer, rival letal!!!
Foto: Eduardo Emilio Vilarete y Francisco Figueroa Turcios
El cáncer se atravesó en el camino del goleador samario. Y esta vez no hubo arco que conquistar ni portero al que vencer. Eduardo Emilio Vilarete perdió el partido más difícil de su existencia.
El pasado 3 de agosto, la enfermedad lo obligó a tomar una de las decisiones más dolorosas de su vida: aceptar la amputación de su pierna izquierda para intentar salvarla de un agresivo sarcoma que le habían detectado cinco meses antes.
La primera alternativa fue extirpar el tumor y reconstruir la zona afectada mediante una cirugía plástica. Sin embargo, cuando parecía abrirse una puerta a la esperanza, el sarcoma reapareció durante la recuperación, esta vez con mayor agresividad y en el mismo lugar.
Los médicos se reunieron en junta y evaluaron las posibilidades. La conclusión fue tan contundente como dolorosa: la opción más viable para preservar su vida era amputarle la pierna cinco centímetros por encima de la rodilla.
Angélica Vilarete, una de sus hijas, contó que su padre analizó la decisión y finalmente la aceptó. No era una elección sencilla para un hombre que había construido buena parte de su historia corriendo detrás de una pelota, buscando espacios, desafiando defensores y celebrando goles. Pero, llegado ese momento, la prioridad ya no era regresar a las canchas. Era luchar por la vida.
Vilarete, hizo temblar las redes
Foto: Oswaldo Marcial Palavecino, Eduardo Emilio Vilarete y Hugo Horacio Londero
Antes de que el cáncer irrumpiera en su historia, Eduardo Emilio Vilarete había escrito páginas importantes en el fútbol profesional colombiano. Su nombre quedó ligado a Atlético Nacional, con el que conquistó los títulos de Liga de 1976 y 1981. Dos campeonatos que forman parte de la memoria del conjunto antioqueño y de la trayectoria de un delantero que supo ganarse un lugar en el exigente mundo del fútbol.
La carrera profesional de Eduardo Emilio Vilarete también tuvo capítulos con el Unión Magdalena, el equipo de su tierra, y con clubes como Atlético Bucaramanga, Deportes Tolima y Deportivo Pereira. Después llegaron las experiencias internacionales, los nuevos vestuarios y otros estadios en los que el delantero colombiano buscó prolongar su romance con el gol.
La trayectoria de Eduardo Emilio Vilarete en el fútbol profesional colombiano fue la siguiente:
| Club | Años |
|---|---|
| Atlético Bucaramanga | 1974–1975 |
| Unión Magdalena | 1976 |
| Atlético Nacional | 1976 |
| Atlético Bucaramanga | 1977–1978 |
| Atlético Nacional | 1979–1981 |
| Deportivo Pereira | 1982 |
| Deportes Tolima | 1983 |
| Unión Magdalena | 1984–1985 |
| Deportes Tolima | 1987 |
| Atlético Bucaramanga | 1989 |
En Ecuador defendió al Deportivo Quito, Liga de Quito y Audaz Octubrino. En Perú encontró en el Deportivo Pacífico el escenario para cerrar su recorrido como futbolista profesional, a los 37 años.
Cada camiseta representó una estación de un viaje que comenzó con el sueño de jugar al fútbol y que lo llevó a recorrer distintos escenarios de América. En cada equipo quedaron recuerdos de un oficio que exige sacrificio, disciplina y esa intuición especial que distingue a los delanteros capaces de convertir una oportunidad en una celebración.
La camiseta de Colombia..
Colombia 1977: Eduardo Retat, Henry Caicedo,, Alonso Lòpez, Oswaldo Calero, Luis Geronimo L`poez y Josè Zarate. Abajo. Eduardo Emilio Vilarete, Òscar Bolaño, Willington Ortiz, Jorge Ramòn Caceres y Diego Umaña.
Eduardo Emilio Vilarete también tuvo la oportunidad de representar a la Selección Colombia. Participó en el Torneo Preolímpico de Brasil de 1976, disputó la Copa América de 1979 y estuvo presente en las eliminatorias suramericanas para los mundiales de Argentina 1978 y España 1982.
Vestir la camiseta nacional significó llevar su fútbol más allá de las fronteras de los clubes. Fue representar a un país que buscaba abrirse camino en el escenario internacional y defender unos colores que convierten a cualquier jugador en parte de una historia colectiva.
En aquellos años, el delantero samario persiguió sueños, enfrentó defensas y buscó goles en partidos donde cada resultado alimentaba la ilusión de millones de colombianos.
Ninguno de aquellos desafíos, sin embargo, podía prepararlo para el que llegaría décadas después.
El partido que se juega lejos de las canchas…
El sarcoma cambió las reglas de su vida. La pierna izquierda, que durante tantos años lo acompañó en el recorrido hacia el gol, tuvo que ser amputada. El cuerpo le impuso una realidad nueva, lejos de las carreras, los entrenamientos y el ruido de las tribunas.
Pero la historia de Eduardo Emilio Vilarete no puede resumirse en la enfermedad ni en la pérdida de una pierna. Su existencia también está hecha de goles, títulos, viajes, compañeros, camisetas y recuerdos que sobreviven en la memoria del fútbol colombiano.
El cáncer fue su último rival conocido, el más despiadado y el que le planteó una batalla para la que no existía una fórmula futbolística. Frente a él no servían las estadísticas ni los antecedentes de un goleador acostumbrado a superar obstáculos dentro del campo.
Quedaba el hombre. Quedaba el padre. Quedaba la historia de un futbolista que había conocido la alegría de levantar trofeos y el privilegio de representar a su país.
Porque hay derrotas que ningún marcador alcanza a explicar. Y hay vidas que no pueden medirse solamente por el resultado de su último partido.
Eduardo Emilio Vilarete pasó años buscando el camino hacia el gol. Su historia, marcada por la gloria deportiva y por el dolor de la enfermedad, recuerda que el fútbol puede convertir a un hombre en héroe durante noventa minutos, pero es la vida la que termina contando su historia completa.
Y aunque esta vez no pudo vencer a su último rival, los goles que celebró, las camisetas que defendió y los recuerdos que dejó seguirán jugando en la memoria de quienes alguna vez lo vieron entrar al área y convertir el fútbol en una fiesta.
