El diario madrileño El País, en su editorial de este jueves aconseja que “el Gobierno debe impulsar políticas de patrimonio y no reclamar su propiedad”.
Por Chachareros
El descubrimiento y posible rescate del San José, uno de los muchos galeones españoles hundidos en aguas del Caribe, plantea cuestiones que van más allá de un simple pleito jurídico. Haría mal el Gobierno español, que este sábado inicia los primeros contactos sobre el asunto en Cartagena de Indias a través del ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, en reducir el problema a un forcejeo sobre la aplicación de la convención de la Unesco de 2001 y la consideración del galeón como un buque militar, propiedad por tanto del país de origen.
Pero el Gobierno haría mal, sobre todo, porque lo que se está dirimiendo es mucho más que la propiedad de unas cuantas toneladas de oro y joyas. El problema de fondo tiene que ver con la historia y la memoria de la monarquía católica, un Estado imperio del que el Estado nación español contemporáneo ha tendido a asumirse como heredero pero del que, en un sentido cultural amplio, no lo es más que cualquiera de los demás nacidos de la disgregación imperial.
Cartagena de Indias, como otras muchas decenas de ciudades coloniales a lo largo y ancho del continente, no es una ciudad española sino hispánica. Una de las mejores expresiones de lo que posiblemente fue tanto una forma de civilización como una organización política. Pocos lugares más apropiados para albergar un museo sobre uno de sus barcos: parte de esa historia y memoria compartidas.