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Duele

Por Jorge Guebely

Duele un zarpazo repentino de la muerte, caer abruptamente en la ausencia, descender del diálogo al monólogo. Dolor que adormece los sentimientos, paraliza la razón. Convierte a la víctima en un convulso introvertido. Duele más si se lo abraza, si logra convertirse en sufrimiento, tormento moral de los espíritus débiles.

Pero también enciende la lucidez, ese otro carril de luz más allá de la luz, de nuevos territorios para la consciencia. Promueve la sublimación, privilegio de convertirse en arte, en poesía. En los bellos cuadros de Frida Kahlo. Ella que hizo del dolor poesía de color, vida poética del dolor, luz en la oscuridad.

Duele, pero ilumina su cuadro “La columna rota”, su quebrantado y lucífero autorretrato, el infame corsé humillando su cuerpo. Duele su columna visible y quebrada, pero destella su dolor transformado en arte.

Semejante sensación suscita la lectura del poemario “Otra vez el silencio”. Versos escritos por el alma de Yezid Morales, por el dolor de un auténtico amor ausente, por la presencia de una enorme soledad de colmillos invisibles.

Duele desde el título, “Otra vez el silencio”, otra vez la nada, otra vez la presencia de la ausencia.

Duele la soledad cotidiana, deambular en los recovecos de las horas sin el amor de siempre, sobre los instantes extrañando las rutinarias escenas:
“Otra vez a tomar el café solo / y la lectura de prensa en la mañana / ausente de todo comentario”.

Duele la vida con mucha muerte, tanto respiro sin vida, encadenado en un círculo disecado:
“Lo incesante es este ir y venir / sin que sepamos con certeza / cuándo terminará la fatiga de estar vivo”.

Duele, pero el dolor alimenta, construye vida sobre las ruinas:
“Quiero aplacar el caos / que desordenan las rosas / que aroman el presente”.

Dolor que aguza los sentidos, hace visible lo invisible, devela la nueva semántica del mundo:
“Seduce la luna con su forma circular y blanca / sugiere un poema sin palabras”.

Nuevamente el mundo en los ojos, la vida en las venas:
“No logro estar ausente ante el asombro / de este paisaje tropical espléndido”.

Para estallar de nuevo en el flujo vital, en el río de Heráclito y bañarse de nuevo en sus aguas sagradas. Gritar exuberante para el universo entero: “Celebro la belleza de todo lo viviente”

Otra vez el dolor sublimizado; convertido en arte, en amor, en vida. Lo dice hoy Yezid Morales en su poemario, lo había dicho Tagore en el suyo: “El único fin del ser humano está en el amor”.

jguebelyo@gmail.com

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